Valiant-Holly Black
PRÓLOGO
Pues aprenderé de la flor y la hoja Ese color en cada gota que sostienen,Cambiar el inerte vino de culpa En oro viviente.
Sara Teasdale, "Alquimia
"
La mujer árbol se atragantó con el veneno, la savia lenta de su sangre ardía. Lamayor parte de sus hojas ya habían caído, pero las que quedaban se mostrabanrenegridas y marchitas a lo largo de su espalda. Arrancó sus raíces de la tierra profunda,largas hebras que se acobardaron en el frío tardío del aire otoñal.Una verja de hierro había rodeado el tronco durante años, el hedor del metal leera tan familiar como cualquier pequeña dolencia. El hierro la abrasó cuando arrastrósus raíces sobre él. Se tambaleó sobre la acera de cemento, sus lentos pensamientosárbol se llenaron de dolor.Un humano que paseaba dos perros pequeños tropezó contra la pared de ladrillode un edificio. Un taxi chirrió hasta detenerse e hizo sonar su bocina.Las largas ramas resbalaron sobre una botella cuando la mujer árbol gateaba paraapartarse del metal. Miró hacia el cristal oscuro mientras este rodaba por la calle,observando los restos del veneno amargo que salían por el cuello de la botella, viendo elgarabato familiar en la pequeña tira de papel asegurada con cera. El contenido de esa botella debía haber sido un tónico, no el instrumento de su muerte. Intentó levantarseotra vez.Uno de los perros empezó a ladrar.La mujer árbol sentía el veneno trabajando en su interior, ahogando surespiración y aturdiendo su mente. Había estado gateando hacia alguna parte, pero ya no podía recordar adonde. Oscuros parches verdes, como magulladuras, florecieron a lolargo de su tronco. —Ravus, —susurró la mujer árbol, la corteza de sus labios se agrietaba—.Ravus.3
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