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Kerouac, Jack - Los subterráneos.pdf

Kerouac, Jack - Los subterráneos.pdf

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01/27/2015

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original

 
Jack Kerouac
 
Los subterráneos
 
Traducción de J. Rodolfo Wilcock
 
EDITORIAL ANAGRAMA
 
BARCELONA
 
 
 Título de la edición original:
The Subterraneans Grove Press Nueva York
 
Traducción del texto de Fernanda Pivano: Ignacio Martínez de Pisón
 
 Diseño de la colección:
 
Julio Vivas
 
Portada de Ángel Jové
 
Primera edición en «Contraseñas»: 1986 Primera edición en «Compactos»: enero 1993 Segundaedición en «Compactos»: noviembre 1994 Tercera edición en «Compactos»: mayo 1996 Cuartaedición en «Compactos»: septiembre 1997 Quinta edición en «Compactos»: julio 1998 Sexta ediciónen «Compactos»: noviembre 1999
 
© Herederos de Jack Kerouac, 1958
 
© del Prólogo: Henry Miller, 1959
 
© de la Introducción: Fernanda Pivano
 
© EDITORIAL ANAGRAMA, S.A., 1993 Pedro de la Creu, 58 08034 Barcelona
 
ISBN: 84-339-2062-6 Depósito Legal: B. 46069-1999
 
Printed in Spain
 
Liberduplex, S.L., Constitució, 19, 08014 Barcelona
 
 
PRÓLOGOEs posible que nuestra prosa no se recobre jamás de lo
 
que le ha hecho JackKerouac. Amante apasionado del lenguaje, sabe cómo utilizarlo. Siendo unvirtuoso nato disfruta desafiando las leyes y los convencionalismos de la expresiónliteraria que estorban la auténtica comunicas, sin trabas entre el lector y el escritor.Tal como él mismo ha dicho en su artículo «Los principios fundamentales de laprosa espontánea»,
1
* «procura primero satisfacerte a ti mismo, que luego ellector no podrá dejar de recibir la comunicación telepática y la excitación mental,pues en su cerebro actúan las mismas leyes que en el tuyo». Y es tan íntegro que, aveces, parece estar actuando en contra de sus
 
propios principios. Susconocimientos, en modo alguno superficiales, aparecen en sus escritos como si talcosa ¿Importa? Nada importa. Desde un punto de vista auténticamente creativo,todo da lo mismo, todo importa y nada importa.Pero nadie puede decir de él que sea frío. Es cálido, esta siempre al rojovivo. Y si está alejado, también está cerca muy próximo, como si se tratara de unhermano, de un
alter ego.
Está ahí, está en todas partes, es el señor Todo-el-mundo. Observador y observado a la vez. «Es un amable, inteligente y dolientesanto de la prosa», como dice de él Ginsberg.Suele decirse que el poeta, o el genio, se adelanta a su propia época. Es cierto,pero solamente debido a que también es un ser profundamente de su época. «¡Noos detengáis!», nos va diciendo. «Todo esto ya ha ocurrido antes millones deveces.» («Siempre adelante», decía Rimbaud.) Pero los que se resisten a cambiarno entienden esta clase de palabras. (Todavía andan rezagados en relación conIsidore Ducasse.) ¿Qué hacen, pues? Le derriban de su alta percha, le matan dehambre, de una patada le hunden los dientes en la garganta. A veces son menosmisericordiosos incluso: hacen como si el genio no existiera.Todos los temas acerca de los cuales escribe Kerouac —esos personajesfantasmagóricos, obsesivamente ubicuos, cuyos nombres se pueden leer del revés;todas esas encantadoras visiones nostálgicas, íntimas y grandiosamenteestereoscópicas de los Estados Unidos; todos esos paseos de pesadilla en góndolay en coche— así como el lenguaje que utiliza (algo así como el estilo Gautier peroen negativo) para describir sus visiones «terrenocelestiales», todas esasextravagancias desmesuradas, tienen una estrecha relación con maravillas talescomo
 El asno dorado,
el
Satiricen
y
Pantagruel, y
esto es algo que no puedendejar de percibir ni siquiera los lectores de
Time
y
 Life,
de las
Selecciones del Reader's Digest, y
los tebeos.El buen poeta, o en este caso «el prosista
bop
espontáneo», siempre está atentoal son de su época: el
swing,
el
beat,
el ritmo metafórico disyuntivo que brota tanveloz, tan alocada, tan peleonamente, y de forma tan increíble y tandeliciosamente salvaje, que nadie llega a reconocerlo una vez transcrito en el libro.Mejor dicho, sólo lo reconocen los poetas. Kerouac «lo ha inventado», dirá lagente. Con lo cual estarán insinuando que no es real. Lo que la gente tendría que
1
 
The Evergreen Review,
Nueva York, Vol. 2 n." 5.

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