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Por qué decidí ser docente

Por qué decidí ser docente

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¿Por qué decidí ser docente?
Diana Vanessa González Serrano. Quinto semestre de la Licenciatura en Educación Primaria.
Porque lo decidí desde hace mucho tiempo atrás, me convencí a misma y alos demás, cuando llego el momento de tomar la decisión, no
pude dudar…
 Todo comenzó cuando nací en una familia donde la máxima aspiración de unamujer podría ser casarse a temprana edad, atender debidamente al marido, tener hijos, educarlos y velar por ellos; y al mismo tiempo cuando mi mamá dejo muchossueños y aspiraciones por traerme al mundo, por lo tanto tenía la obligación deromper esa cadena que arrastran las mujeres de mi familia, ser una mujer profesionista, mejorar mi calidad de vida y las de futuras generaciones de ladescendencia.Después, fui la mayor de tres hermanas, responsable de cuidarlas, jugar con
ellas, y por si fuera poco también de bastantes primos; escuchaba muy seguido: “
-para mí que vas a ser maestra-. En esa época nunca dije que sí, pero tampocoque no. Realmente nunca fui de las niñas que siempre jugaban a la escuelita,creo que pude jugar a todo, que implicara no ensuciarse o gritar, porque vivíamoscon los abuelitos, pero desde pequeña siempre me incliné por la posibilidad de
hacer muchas cosas, aunque “se me insinuara” relacionarme
con estereotiposmás del sexo femenino.La etapa de educación primaria hizo que se empezara a engendrar un poco en
mí la idea de ser docente: siempre fui una alumna “destacada”, no solo por sacar 
el mejor promedio, pero como siempre he logrado hacer mucho con poco; noteníamos mucho dinero pero aun así siempre cumplía con todo de manera muyingeniosa, pero tenía la satisfacción de que mis compañeros cuando no entendíannada, tuvieran la confianza de acercarse a mí y pedirme les explicara. Al mismotiempo también comencé a admirar a mis maestras y a desear algún día ser comoellas.No sé realmente que fue lo que vi en ellas que me hacía desear ser así,desempeñar ese rol, su forma de ser, de vestir, de hablar, de platicarme el mundoy lo que me esperaba cuando fuera más grande.En la secundaria continúo esa racha de ser buena alumna, pero yacomenzaba a preguntarme más en serio ¿qué es lo que quiero hacer? Tal vez eramuy pronto comenzar a pensar, pero yo sentía que tenía habilidades para todo; lo
 
social,
las ciencias, las matemáticas…creía que podría ser cualquier cosa que yo
quisiera.Entonces, de nuevo profesoras de la secundaria, me platicaron que para ser maestro se necesitaba estudiar en una escuela especial para maestros, donde teenseñaban a serlo, pero lo que más llamó mi atención fue que existía una muycerca de donde vivía, donde inclusive ellas habían estudiado: la Escuela Normalde Ecatepec. Me llamo la atención porque a esa edad aún era muy temerosa desalir sola, de tomar combis, de no estar acompañada por la familia, porque eramuy sobreprotegida.Como refuerzo, en tercer grado, cuando se aplican los tan usados testprofesionales, en todos me daba como resultado el área social; tan en lo aptitudescomo en habilidades. Poco apoco me di cuenta de que si tenía algunascaracterísticas: un líder, organizada, habilidad para expresarse, habilidad paraextraer, interpretar y comunicar información; pero creo que lo importante es queya tenía esa idea en mente y esa era mi objetivo.Por lo tanto decidí, en el examen para ingresar al nivel medio superior, jugármela por poner en mi primera opción a la Preparatoria Anexa a la Normal deEcatepec; aun sabiendo que si yo ponía una escuela del Politécnico o de laUNAM, lograría establecerme en cualquiera de esas dos opciones.Puse toda mi determinación, mis fuerzas en ser maestra sin saber a cienciacierta cuál era el motor preciso de la decisión. Aunque en la preparatoria noaproveche al máximo todo lo que pude haber aprovechado, además que encontrécompañeros mucho más capaces que yo, que sabían más que yo; si yo en miescuela primaria y en la secundaria fui el mejor promedio, en esa etapa no meserviría de nada.Ya en tercer grado de prepa, sentí desperdiciados tres años, porque aún teníamuchas dudas. De alguna forma revisé temas que me hicieron ver que existíanmuchas carreras profesionales, pero descarté de inmediato las que tuvieran quever con el área físico matemático porque reprobé cálculo diferencial y seguíainclinándome más por lo social.El siguiente punto determinante fueron mis posibilidades económicas: solopodría hacer un examen, sino me quedaba en ninguna escuela del nivel superior tendría que meterme a trabajar, pero además la oferta laboral era máspreocupante. Al elegir una carrera, tendría que estar casi segura de queencontraría trabajo y no me sumaría a la larga lista de profesionistas

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