En la década de 1890 a 1900 surge el movimiento que preconiza un urbanismo a escala humana pionero en la lucha contra el urbanismo especulativo. El primer movimiento de carácter popular contra el urbanismo ilimitado se produce en 1897 como oposición a la agregación de pueblos a Barcelona. Más tarde, la expansión industrial provocada por la primera guerra mundial da lugar a las “casas baratas” y al barroquismo. Los empresarios se llevan sus empresas y a sus obreros a las zonas mas insalubres. Frente a esta realidad surge la idea de las ciudades jardín que mas tarde se desvirtuará. La solución capitalista ante la falta de espacio es la vivienda bloque, paradigma del actual modelo urbanístico. Pero el urbanismo especulativo actual de crecimiento ilimitado y vandálico no es el único urbanismo posible. El urbanismo a escala humana que hizo suyo el movimiento libertario en los años 30, singularmente en Barcelona, es un planteamiento que cobra actualidad y que es preciso traer al presente. Ya en 1932 el ingeniero Alfonso Martínez Rizo preveía que el automóvil privado iba a ser el vehículo de la especulación urbanística. El urbanismo capitalista que somete el crecimiento a las leyes del mercado tiene efectos destructivos para la vida social y degrada la calidad de vida hasta hacer las ciudades prácticamente inhabitables. No tiene en cuenta que la ciudad es un organismo vivo que chupa y excreta y que cada vez supeditamos mas territorio a las ciudades. En el modelo urbanístico actual el territorio solo se ve desde la lógica del beneficio, como territorio urbanizable. Es preciso sacar el urbanismo del mercado para poder adaptarlo la medida de los seres humanos.
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