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Spedding, Alison - Ecología y agricultura sostenible en los andes. Algunos estudios recientes.

Spedding, Alison - Ecología y agricultura sostenible en los andes. Algunos estudios recientes.

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06/29/2013

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El presente artículo ha sido extractado de las memorias del
Seminario internacional sobredesarrollo sostenible, ecología y multiculturalida
, UMSA, La Paz, agosto 2003.http://www.comunidadandina.org/bda/docs/BO-BIO-0001.pdf (26/11/2012 13:46:10)
ECOLOGÍA Y AGRICULTURA SOSTENIBLE EN LOS ANDES: ALGUNOS ESTUDIOSRECIENTES
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 Alison Spedding PalletEl concepto de ‘desarrollo sostenible’ es más una especulación que una realidad, y, comootros conceptos de moda (como por ejemplo ‘interculturalidad’) tiende a reunir diversasperspectivas, no siempre bien definidas o compatibles entre si. Hasta puede parecer unoximoron, en tanto que no es claro que ‘desarrollo’, que en el fondo se considera sinónimode crecimiento económico y en consecuencia, mayor consumo de recursos de todo tipo,sería realmente ‘sostenible’ a largo plazo, y hay cínicos que consideran el reciente énfasis en‘sostenibilidad’, que suele acompañarse con exigencias de mayores cuidados del medioambiente, como una especie de estafa promulgada por los países industrializados: elloshacían lo que querían durante su periodo de industrialización, sin preocuparse en absolutopor la contaminación, pero ahora que se han dado cuenta de las consecuencias, quierenfrenar las posibilidades de avance técnico de los demás argumentando que hay que proteger la ecología.Un dirigente yanomämö opinó que “medio ambiente es lo que los occidentales llaman lo quequeda cuando ellos han destrozado todo lo demás.” En todo caso, se supone que ‘desarrollosostenible’ quiere decir un proceso (¿progreso?) económico que puede mantenerse en elcurso del tiempo y salvaguardalos recursos en cuestión para el uso de ‘futurasgeneraciones’. Esto hace evidente que, en realidad, es una proyección y no algo que sepuede demostrar de manera definitiva, excepto que se disponga de una bola de cristal o unosea fiel creyente en los adivinos (incluyendo los adivinos que se expresan en palabreríacientífica en vez de mística)Cuando se trata de ‘desarrollo sostenible y ecologíaen Sudarica, sobre todo encontextos rurales, se mezcla con otra estructura ideológica mucho más antigua y irreflexiva.Desde 1492, las imágenes del indígena del Nuevo Mundo siempre han oscilado entre dostipos ideales, que cambian de nombre o referente pero siguen vigentes hasta hoy. Una es el“bruto bárbaro”, encarnado durante mucho tiempo en los cazadores de cabezas y caníbalesde la selva, pero actualmente (en Bolivia) representado por los laymis y qaqachakas con suseternas peleas (ver infra) o los revoltosos achacacheños. El otro es el “salvaje noble”,orgulloso, inocente y libre de las trabas de la civilización. Actualmente, los indígenas delOriente boliviano han pasado a ser Salvajes Nobles, y no faltan los escritores, incluyendo avarios cientistas sociales (o personas que así se hacen llamar, al menos) que tienden arepresentar a los andinos de la misma manera. El Salvaje Noble es ecológico por naturaleza(por supuesto, porque al fin representa la ‘naturaleza’ como opuesto a la ‘civilización’),respeta la tierra, ‘dialoga’ con ella, jamás la ultraja o explota sin misericordia. Aunque cuandoandaban desnudos en la selva, los sirionó no eran Salvajes Nobles de veras, porque cuandoel antropólogo Holmberg les regaló una hacha de fierro en 1940, su respuesta era ir con ellaa trozar directamente cualquier árbol frutal que conocían, encantados de no tener que gastar más esfuerzos en treparlo para recoger los frutos. Casos como estos apuntan al argumento
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El presente artículo fue preparado para el Seminario sobre “Desarrollo Sostenible, Ecología y Multiculturalidad”;sin embargo, por razones de fuerza mayor no fue expuesto en el evento. La autora ha efectuado algunascomplementaciones para la presente edición.
 
de otros cínicos, que dicen que si las culturas tradicionales no destruyeron el medioambiente, no era porque lo respetaron sino porque no tenían con qué. De todos modos, laperspectiva noble/ecológico es más frecuente cuando se trata de grupos de las tierras bajas,como se ve en las ponencias aquí analizadas. La finalidad de este artículo es presentar unbalance de algunos estudios recientes realizados en Bolivia que investigan la agriculturacampesina en los Andes con referencia al desarrollo sostenible y la ecología.Todos estos estudios presentan sus datos en el marco de una ‘agricultura tradicional’,aunque como veremos, se puede cuestionar hasta qué punto ‘tradicional’ es el términocorrecto, ya que también demuestra varios cambios más o menos notables en las últimasdécadas. No obstante, se suele asumir que si un sistema productivo puede ser caracterizadopor ‘tradicional’, también es ‘sostenible’; el argumento implícito parece ser el siguiente:1.Este sistema productivo ha persistido hasta el presente2.El sistema incluye elementos andinos y por tanto, se supone que se ha mantenido sinsolución de continuidad desde la época prehispánica3.Esto quiere decir que es sostenible y seguirá siéndolo en el futuroSin embargo, todos estos puntos son debatibles. En primer lugar, el sistema productivoactual no es necesariamente el mismo que hace cincuenta años, mucho menos el de hacevarios siglos, y de hecho hay datos evidentes (introducción de nuevos cultivos, abandono deotros, uso de agroquímicos, etc.) que lo demuestran. Segundo, no suele existir informaciónsobre la continuidad o no, de diversos cultivos y otras prácticas productivas como parademostrar hasta qué punto el sistema en su conjunto, o elementos del mismo, se hanmantenido desde la época prehispánica. Hasta los arqueólogos suelen incurrir en laespeculación con respecto a este punto; por ejemplo, cuando encuentran algunas terrazasagrícolas en regiones yungueñas, suponen automáticamente que éstas fueron utilizadaspara el cultivo de coca, solamente porque hoy en día se conoce terrazas similares utilizadaspara coca, sin tener prueba alguna sobre los cultivos actualmente implantados en esasterrazas.Tercero, en la práctica se puede observar bastantes lugares erosionados o de suelosgastados, pastos agotados por el sobrepastoreo y similares, y no son pocos los campesinosque suelen afirmar que tal o cual producto daba más en el pasado y ahora los rendimientoshan bajado –aunque tampoco se suele disponer de datos fidedignos que lo demuestren. Estose combina con los efectos del cambio climático. La frontera agrícola en los Andes ha subidodurante las últimas décadas, permitiendo que se abra nuevos espacios para la agricultura enlugares donde antes no se podía cultivar nada, o que se cultive especies que antes no dabanen esa altura; aún no se sabe qué consecuencias ecológicas pueden sobrevenir comoresultado de estos cambios. En otros casos, sequías más fuertes o lluvias irregulares (aveces exageradas y otras veces deficientes) afectan la agricultura (Zoomers 2002:95-6).Estos factores se entrecruzan con elementos sociales, en particular los que afectan ladisponibilidad de la mano de obra (como la migración y la educación formal), que puedeninducir, por ejemplo, al abandono de un cultivo dado principalmente por requerir demasiadamano de obra, o requerirla en épocas cuando no está disponible, y las demandas demercado. Ciertas ONGs interesadas en la ‘seguridad alimentaria’ suelen promover el cultivode verduras en huertas familiares, por ejemplo entre los cocaleros de los Yungas, pero sinéxito; varios observadores externos se quejan de que los yungueños ‘sólo ponen coca’ y nose interesan en cultivar tomates o pepinos, sino prefieren comprarlos en las ferias. Sinembargo, es más racional dedicar el tiempo disponible a cultivar un producto que se puede
 
vender en un precio razonable y luego comprar no sólo tomates y pepinos, sino ropa, carne,útiles escolares y demás cosas, en vez de gastar ese mismo tiempo en cultivar unasverduras que sólo sirven para comer y no representan un componente central de la dieta.Hay un estereotipo del campesinado andino como operando dentro de una economía de‘reciprocidad’ que se opone al ‘intercambio’, o sea la racionalidad de mercado. Se habla de‘los alpaqueros, quienes se rehúsan a someter su ganado a criterios de rentabilidad’ (Schulte1999:287). Sin embargo, Schulte no intenta explicar qué significa ‘rehusar’ la rentabilidad, siquiere decir que los alpaqueros buscan intencionalmente vender sus ganados en preciosdebajo del costo de producción o qué (y además, en todo su texto no intenta evaluar loscostos de producción ni compararlos con la ‘ganancia’ obtenida al vender o trocar esosproductos). Resulta que para él, ‘reciprocidad’ es un sinónimo de ‘no-mercantil’; dado que latierra mayormente es obtenida a través de la herencia o algún tipo de préstamo y rarasveces por compraventa, la mano de obra es principalmente familiar-doméstica y se ocupa apocos jornaleros, los campesinos suelen producir sus propias semillas y no las compran,etc., todos estos componentes forman una ‘economía de la reciprocidad’. Pero el hecho deque el dinero en efectivo no intervenga en una transacción dada, no quiere decir que estatransacción, por tanto, forma parte de un universo económico totalmente ajeno a los valoresy los cálculos del universo económico más amplio donde circula el dinero.Sin embargo, las cuestiones de la rentabilidad y la racionalidad económica de la agriculturacampesina no son el punto central de este comentario; lo desarrollaremos en un estudiodetallado de la producción de coca en los Yungas de La Paz y el Chapare cochabambino(Spedding et al., en prensa), y de hecho la última cosa que suele preocupar a los estudiososdel desarrollo ecológico es si los productores venden sus productos debajo de costo deproducción o no. Es decir, el concepto de ‘sostenibilidad’ que se maneja refiere a lasostenibilidad técnica y ecológica y no a la sostenibilidad económica (aunque, de hecho, elcolapso del precio de un producto dará lugar a su abandono y/o reemplazo con otro, noobstante lo maravilloso que hubiera sido el primero en su adaptación al medio ambiente). Ala vez, este concepto de sostenibilidad necesariamente tiene que incluir una perspectivadiacrónica, caso contrario no es razonable intentar proyectarlo hacia el futuro.Una dificultad metodogica es que pocos lugares han sido estudiados por variosinvestigadores en diferentes fechas, permitiendo un seguimiento cuantitativo de lasvariaciones de la producción en el tiempo, como ha sido el caso de la comunidad Japo y susvecinas (Cochabamba), estudiadas por Tapia Ponce (2002) y varios otros agrónomos en ladécada anterior a él. Es algo más fácil obtener datos cuantitativos sobre el pasado, por ejemplo, cuáles productos se cultivaban antes y ya no, o qué ha sido introducido en lamemoria viviente, o sobre los lugares que han sido incorporados recientemente a laagricultura o abandonados, o han cambiado de uso.Mientras las terrazas de Quivi Quivi Alta (Potosí), estudiadas por Aguilar y Vilches (2002),tienen una existencia literalmente inmemorial (nadie recuerda una época cuando noexistieron tal cual como son ahora), es de suponer que su uso actual, donde una parteimportante de las terrazas son ocupadas por cultivos comerciales de zanahoria y cebollapara los mercados de Potosí y Sucre, debe ser relativamente reciente, y de todos modosposterior a 1953. Como consta en el caso de Guardaña en Oruro, otro lugar que ha adoptadola producción comercial de hortalizas en cadas recientes (Quispe et al. 2002), enGuardaña parece que la producción agrícola se ha trasladado desde las aynuqas en lasladeras altas hacia terrenos más bajos y cercanos al río, por tanto aptos para el riego(necesario para producir hortalizas durante todo el año) mientras las aynuqas eran tierras de

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