mayo-junio 2009
diálogo
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Juntillas
Silvia Álvarez CurbeloPresidenta Junta Editorial Diálogo
Las playas, ¿públicas o privadas?
A
l igual que a Mercedes LópezBaralt, quien ue la respondientedel discurso de incorporación deMagali García Ramis a la AcademiaPuertorriqueña de la Lengua, eso de lamaga como or nacional no me entu-siasma mucho. Seguimos siendo gentede amapola, con la que envolvíamosnuestras casas y liábamos cigarrillos deembuste. Eso sí, las dos agasajamos lamemoria de la Maga de Julio Cortázar,el personaje inolvidable de Rayuela,texto que interceptó tantas angustiasy deseos rayados por el exilio y por lasconvocatorias, a veces cónsonas, otrasdisonantes, del arte y la política. Noshermana también, como a tantos otrosde la ínsula, de las tierras allende delcharco y del mundo sin límites de suslectores, una pasión por la Maga GarcíaRamis con todo y sus nombres de cola:Fredeswinda y Antonia.Allí estuvimos, en ese Ballajá tanvasto y tan solo, donde me pareceque todavía resuenan las órdenesmarciales o los pasos sigilosos de las“norsas” militares cuando se llamóHospital Rodríguez, para ver a Magalitransormada en académica. No hubometamorosis kakiana que le tornaraadusto el gesto o pomposa el habla.La Maga ue la de siempre: popularsin ser populachera, generosa sincondescender y crítica sin caer en elesnobismo o el nihilismo. Con caden-cia justa y nostalgia calibrada, elaborósimultáneamente un diario memoriosoy un alabeto signifcante para cumplircon el ritual que exige la Lengua ins-titucional pero también para satisacerla otra lengua, la del habla compartida,la del buen y cascabelero decir.En su discurso de corte cinema-tográfco, se sucedieron los close-upsde piel y de alma de su amilia: lasamosas tías proesionales avant lalettre en el Puerto Rico de los treinta;la madre políticamente incorrecta; loshermanos, el de arriba y el de abajo, ysu padre militar y guardabosque, quearrastraba las r y a quien le dedicó sualocución. Se paseó la cámara de laspalabras por las escenograías de suamado Santurce, sede de su novela decrecimiento Felices días tío Sergio; porRío Piedras, donde aún inculca a susalumnos y compañeros los secretosde la narración periodística a la vezque se aja en poco glamorosos peronecesarios comités universitarios; porNueva York, donde revalidó en vivoy directo su admiración por el inglés
Maga
urbano y cool de novelas que saben a thewee small hours o the morning y a dinerspintados por Edward Hooper.Son lugares de la memoria quepueden desatar lágrimas urtivas oestrujamientos de corazón. Pero enaquella noche de su incorporación, losashbacks de Magali no ueron melco-chas de nostalgia sino revisitaciones,serenas unas, jocosas las más, sobre unavida que se acompasa con muchas delas nuestras, la de los hijos del ELA y dela modernización de Puerto Rico.Fue un discurso inminentementepolítico, no en el sentido de embudo denuestros sesgos y utopías sino en el de laarticulación de una identidad individual,amiliar y social en medio de proundastransormaciones en el país natal y enel mundo. ¿Cómo coloreó Magali elmapamundi que convocaron nuestrosmaestros en disciplinados salones declase? ¿A qué viajes de 20,000 leguassubmarinas, a corazones en la oscu-ridad, a islas desiertas o Kilimanjarosnevados le llevaron sus lecturas ebrilesy antasías de medianoche? ¿Quéhistorias ejemplares, vidas de santosy personajes ilustres compró todos losmiércoles en la armacia cercana paraarmar sus altares y panteones de hé-roes? ¿A quién le creyó, a sus parientesrepublicanos para quienes la historiacomenzó en 1898, a los que celebraron
el nacimiento de Puerto Rico en 1952 o
al tío perseguido por el doble carimbode nacionalista y homosexual? De todoeso nos enteramos con las letras comoseñales y con los recuerdos propiosdetonados al menor giro del calendariode Maga.En algún momento supo que sólopodría vivir aquí; que sólo podríaescribir, hablar y querer en español; quesus relatos saciaban un aán genealógicoirreprimible. Conocer siempre del quevino antes, de los que desembarcaronun día, de los que nunca salieron, de lasque se armaron de valor y ueron a es-tudiar al Norte, de las que se guardaronen alcanor en los baúles inamoviblesde una casa, siempre alquilada, nuncaadquirida.Fue una noche espléndida que agra-dezco hondamente por el desinterés,que es siempre la cira más íntima delarte, que nos hizo, en lengua españolade ultramar, Maga.
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Las costas de Puerto Rico albergan uno de los recursos más valiosos ymaravillosos con que cuenta el País: las playas. Pero, al parecer, en muchoscasos, el uso y disrute de estos paraísos se ha convertido en un privilegio depocos más que un derecho de todos, aun cuando la ley exige el libre acceso.
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presenta un video-reportaje investigativo.
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