europeos. Muchísimos chicos y chicas disconformes con la escuela a esas edades sonuna fuente de conflicto, obligatoria; esa es la novedad.(Por lo demás, la demanda social, no estrictamente la educativa, quisiera aún unaescuela más extensa: de 0 a 3 años y, desde luego, de 3 a 6. Al menos, comoguardería; ojo, el concepto guardería no es exclusivamente infantil. Vuestro
Programa para garantizar el derecho a la educación
de 2003, asegura que en elPaís vasco “está generalizada la escolarización desde los 3 años” p. 25).Ahora bien,
de no ser muy buena
, esta “encerrona” legal y fáctica de 6 a 16 años – que con sus anexos puede durar hasta 13 o más años de la vida inicial – estaríamosante la más agresiva y prolongada institución obligatoria de nuestra sociedad. Más quela
mili
obligatoria, que ya no existe, o que el
servicio social
obligatorio que hacían enaquel régimen las mujeres y que tampoco existe. No tan larga – es verdad – como la vida laboral, necesaria obligatoriamente para poder alcanzar una jubilación digna. Ni tampoco más larga que la jornadalaboral diaria, de 8 horas obligatorias (aunque también pesen las 5 escolares); nitampoco más larga que el calendario laboral anual, ya que el de la escuela noalcanza ni 183 días al año; esto es, su mitad. Aunque esto – sin duda para mí – sevuelve esta mañana en contra nuestra. Hay muchos niños que necesitan másescuela; la igualdad no siempre se decreta y tratándose de la construcción de la persona, el
igual para todos
no garantiza la justicia. Al contrario, “la mayor injusticia es tratar con igualdad a quienes son desiguales”. Y no hay que olvidar que nuestra escuela actual ha nacido, una y otra vez, como una extensiónsucesiva – para todos – de la escuela que sólo tenían los más afortunados. Con 9meses de escuela ya tenían bastante.Pero, en fin estas comparaciones me servían sólo para ponderar los aparentesexcesos de una institución
infantil
obligatoria...Porque, en cuanto a su bondad intrínseca – “la escuela es buena” –, apartedefectos eventuales de ésta o aquélla, y fijándonos en sus contenidos o – como dicen loschicos abreviando en “para qué sirve” –, yo no quiero responder con los autores que propusieron en los años 70 desescolarizar la sociedad: como Iván Illich,
La sociedad desescolarizada
y Everett Reimer,
La escuela ha muerto
(Barral, Barcelona 1974 y1973). Sólo quiero apuntar que podría no ser tan buena; y citar una acusación – discutible, pero que yo podría firmar amoldándola a la aldea globalizada en que vivimosen este siglo XXI – de dos autores del siglo anterior, a quienes yo tengo como guías, precisamente en mi pasión favorable a la escuela. Pero esto dicen ellos:
“Son escandalosas las escuelas clericales de lujo de Florencia, pero nunca tanto como laescuela estatal, que – no sólo desde que la Democracia Cristiana está en el poder, sinodesde el lejano 1860, cuando a los curas se los miraba mal –
ha sido siempre unacloaca de propaganda empresarial
, bajo ningún aspecto mejor que las equivalentescloacas eclesiásticas. Así que hoy no movería un dedo en favor de la escuela estatal,donde no reina la menor “libertad de ideas”, sino sólo conformismo y corrupción”(L.Milani a L.Mencaroni 9.3.1961, enG.Pecorini,
I care ancora
(EMI, Bolonia 2001) 98.
Y esto dice Paulo Freire, más lírico, haciendo suyo un poema de Tom Paxton(Chicago 1931) cantado por Pete Seeger (Nueva York 1919). Pero vosotros no os preocupéis; han pasado muchos años desde esta conferencia de Freire en Ginebra en1970. Puede que hoy las cosas estén mucho mejor ¿O no?2
Leave a Comment