HOMILÉTICA: Una Predicación Cristocéntrica
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NOTAS
Introducción
Estoy constantemente abrumado por la responsabilidad y la obligación que posee elpredicador de la Palabra de Dios. Todos miramos con indignación al abogado o al juezque, a raíz de la búsqueda de riquezas particulares, distorsionan la verdad al atacar lareputación y las posesiones personales de la gente, a medida que las reducen a lapobreza Respondemos con una indignación parecida ante el médico farsante que, porincompetente, pone en peligro la salud y la vida de alguien en busca de gananciasfinancieras. Esas personas merecen ser consideradas como criminales; el dolor y lapérdida de sus víctimas justamente debería atribuirse a ellos.Ofrecerse uno mismo como consejero o sanador para ocuparse de alguien durante untiempo de crisis, y luego, por negligencia, incapacidad o codicia egoísta destruir sus vidas,es algo que revela falta de razón. Las asociaciones médicas y legales han establecidomedidas para intentar prevenir tal negligencia.Pero ¿y qué de mí como suministrador de la verdad de Dios, el médico del alma? ¿Acasono soy responsable ante Dios por cualquier perversión de la verdad, independientementede cuan Ponta sea, y también por mi negligencia e incapacidad? ¿Qué asociación terrenalme regula? ¿Acaso no es cierto que yo, que predico la Palabra de Dios confronto una cortemayor que el foro legal o cualquier tribunal médico? Santiago dijo «No os hagáis maestrosmuchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación» (Stg. 3.1)Ninguna profesión tiene un potencial tan alto de responsabilidad como la del predicador dela Palabra de Dios. Este juzgará a cualquier predicador en base a la precisión y a lacerteza de su predicación. Cualquier falla como vocero de Dios no sólo ocasionavergüenza (2 Tí 2.15) sino juicio El Espíritu Santo ha escrito que todo pastor del rebano deDios debe «dar cuenta» (Heb 13.17). Vendrá el día en el cual el predicador tenga querendir cuentas. Entonces sólo una cierta clase de hombre tiene derecho a ser consideradocomo abogado, juez o médico. El patrón es significativa-mente mayor para el predicador.¿Qué es lo que equipa a un hombre a fin de calificar para la responsabilidad de lapredicación? Podría argumentar con los siguientes elementos: reverencia ante Dios,respeto por la dignidad del deber pastoral, buen sentido, sano juicio, una manera depensar clara y profunda, amor por la lectura, dedicación diligente al estudio y la meditación.Una buena memoria, un buen dominio de las palabras, saber cómo piensa la sociedad,todas estas características son esenciales. Es necesario un talento poco común y muchoesfuerzo para explicar los pasajes oscuros de la Escritura, así como para resolver lascomplicadas aplicaciones de la Palabra a las vidas y para defender la verdad en contra desus opositores, todos estos son deberes que están en el corazón de la vida y el ministeriodel predicador.Una cantidad mínima de conocimiento y habilidad jamás capacitarán al predicador paraenseñar doctrina, exponer las cosas profundas de Dios, convencer la mente terca, capturarlos afectos y la voluntad o iluminar las realidades oscuras para eliminar las sombras deconfusión, ignorancia, las objeciones, el prejuicio, la tentación y el engaño.Pero por encima de todo, y a través de todo, el predicador debe ser hábil en el uso de laPalabra para detectar los errores de aquellos que le escuchan, para liberar hombres de susfortalezas de ignorancia, convencer sus conciencias, tapar sus bocas y cumplir suresponsabilidad de proclamar todo el consejo de Dios. La Palabra es la única arma delpredicador, la poderosa espada de doble filo que es la única que corta hasta lo másprofundo del alma y el espíritu.
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