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Un día en la vida de Francisco

Un día en la vida de Francisco

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Published by: Alfredo Juillet Frascara on Jul 02, 2013
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Un día en la vida de Francisco..Escrito por Alfredo Juillet Frascara.2012. Marzo 8.Caminando por la calle y viendo la gente pasar... era la canción mental que iba repitiendo franciscomientras se dirigía a su trabajo, ubicado en lacomuna de Renca; había salido con tiempo de su casa para las esperas ineludibles de paso debuses con dirección a su destino, y miraba a los demásviadantes con una sonrisa interior- muchos iban con sus corbatas torcidas, otros con marcas depasta de dientes cerca de los labios, y aun otros queno se habían peinado.Era una mañana de lunes, y el sol aun no salía desde detrás de la cordillera de los Andes, murallanatural que obliga a los santiaguinos a quedarsesin sol por al menos una hora. Recordaba los amaneceres de Buenos Aires, con un aire cargado deolores naturales, y un sol mañanero, despeinado y juvenil, tan diferente a este constipado por las nieves de las altas montañas, con olor a encierro ygases renuentes a irse.Ya en el bus, vio a una joven compañera de trabajo, quien le dirigió una mirada de soslayo y esofue todo- no habían deseos en ella deconfraternizar en un bus del Transantiago, y el no podía, físicamente hablando, acercarse, debidoa las cuatro señoronas que ocupaban casi todo elancho del pasillo con sus cuerpos abultados.Toses, estornudos y ronquidos- los ruidos de los pasajeros eran variados, y en este día tampoco seperdió la conversación a volumen alto de alguien
 
contando sus cuitas laborales y sus criticas al sistema, como incitando a los demás a compartir susideas sobre lo mal que funcionaba todo-Francisco se bajo del bus con muchos otros, para entrar al panal que era la fabrica, productora deenvases plasticos. Sus altas chimeneas arrojabanel vapor de sus calderas, y a veces llovían trozos pequeños de plástico, cual redondas esferascristalinas, residuos que no se llevaba el viento."Eh, vas al Casino?"- Le pregunto el gordo Laurencio, quien vivía comiendo sandwiches de todotipo."No, porque quedan solo cinco minutos!"- Dijo Francisco, apurando el paso- al gordo no leimportaban los retos por sus demoras en el Casino, ya queal parecer su objetivo en la vida era alimentar a su gran estómago hambriento.Entró a la bodega, en que muchos ya empezaban su labor- se sentó al escritorio, pensando encuántos reclamos recibiría hoy día de parte de clientesapurados en recibir sus pedidos- gente que compraba a última hora para reponer sus estantes, yquerían que se les enviara la mercadería de un día aotro.El primer telefonazo! Respondió, tomando el aparato con cuidadoso ademán, como quien toma unáspid...Alo?"- Dijo, aspirando aire."Señor! Me dicen que el pedido no me ha llegado! Cuándo piensan enviármelo?"- Preguntóalguien con voz gangosa."Si me dice su razón social o el nombre de cliente, le podré averiguar."- Dijo Francisco, sonrienteante esa pregunta mal hecha."Soy Juan Izquerdo! Les compro desde que su patrón abrió en Renca!"- Espetó el cliente, con vozronca.Francisco miró en la pantalla del computador... Juan Izquierdo, un pedido por trescientos milpesos... hecho hacía dos días. Probablemente unretraso en la bodega central...
 
"Se le enviaremos hoy mismo, Señor! Quizás en la tarde!"- Dijo Francisco a través del teléfono."En la tarde! No puedo esperar tanto! Haga que se despache ahora mismo, para que llegue amediodía! Espero que me esté diciendo la verdad, porquehace días que hice la compra, y sigo esperando la mercadería!". Dijo el cliente, y colgó sindespedirse.Francisco tomó nota de la compra, y partió al fondo de la sala, dobló a la derecha y entró a labodega en que se seleccionaba la mercadería- el jefe, el cariacontecido López, le miró, mientras engullía un grueso sandwich de mortadela barata."Buenos días, Francisco! Algún reclamo? Porque hoy no atiendo reclamos!"- Dijo López, medio enserio y medio en broma."Juan Izquierdo, un pedido de hace dos días! Reclama porque no ha llegado su pedido!"- DijoFrancisco, pasándole el papel en que había anotado elnombre y el número de guía de compra."Ah, Izquierdo! Pide varias cosas que no hay! Por eso no se las han mandado! Estos vendedores,sobre todo el Arancibia, vende lo que no hay y ofrecelo que no tenemos! Y uno "paga el pato" después, ante el Jefe!"- Dijo López, dejando el sándwich amedio comer sobre una arrugada servilleta."Ah."- Dijo Francisco, volviéndose a su escritorio, haciendo nota mental de rehuir cualquier otrallamada del Sr. Izquierdo- al menos, durante esedía.Había llegado la encargada de poner precios y descuentos en las guías pre facturadas, y sonrió ensu dirección- era una rubia madura, muy elegante,que parecía siempre de paso por esa bodega, a pesar de que llevaba más de un año en el lugar-como que no encajaba con una fábrica: más bien, habríaencajado en alguna tienda de lujo, en que se vendieran joyas o algo así...

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