• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • CommentGo Back
Download
 
Danblon, Emmanuelle, “La fonction persuasive” 
Capítulo 2
Nacimiento de la retórica
El siglo V, en Grecia, representa un momento de transmutación delpensamiento y de las instituciones, que dio lugar al nacimiento de la retóricacomo disciplina conciente de su acción en la construcción de la vida social. Enese marco de transformación del pensamiento y las instituciones, los sofistasse revelaron como los primeros pensadores de la retórica naciente.
Los sofistas
A pesar de las diferencias entre ellos en cuanto a sus posiciones o sus centrosde interés, los sofistas tuvieron temas de reflexión en común, que de ahí enmás se constituyeron en bases esenciales del pensamiento retórico. En esesentido, mostraron un interés marcado por el lenguaje, en tanto objeto decuriosidad, y también se preocuparon por la problemática de las relacionesentre la naturaleza y la ley. Como telón de fondo de esta reflexión, seplanteaba una transformación profunda de las instituciones políticas. Elnacimiento de la democracia requería que las decisiones se tomaran comoresultado de debates argumentados y no fueran decisiones impuestas por unpuñado de privilegiados. De modo que los sofistas tenían la ambición deeducar a los ciudadanos tanto en el saber en general como en las técnicas dela retórica, con el anhelo de brindarles herramientas eficaces para laconstrucción de la democracia. Pero los sofistas adquirieron una malareputación que ha llegado aún hasta nuestros días. Se la deben sobre todo aPlatón, que como veremos fue quien les asestó el primer golpe. Dos de los máscélebres sofistas, Protágoras y Gorgias, desarrollaron reflexiones sobre lanaturaleza del ser y del lenguaje que no son ajenas a esa mala reputación.
Protágoras
Protágoras fue el iniciador de la Primera Sofística. Muchos interpretan que sudoctrina plantea un relativismo escéptico, que se traduciría en la idea de quesobre todas las cosas se puede sostener un discurso y el discurso contrario.
 
Pero como recuerda Romeyer
1
, el marco del pensamiento de Protágoras esprecisamente el de la democracia naciente. Los sofistas se interesabanprincipalmente en las cuestiones humanas, en la realidad social, y desde esaperspectiva, en las decisiones políticas. Así, está claro que una decisióntomada en una asamblea política siempre ha sido objeto de un debate previo.De modo que la decisión misma es una convención que representa unconsenso idealizado, pero nunca total en la realidad. Se conserva el rastro delos debates que tuvieron lugar antes de la decisión y, por consiguiente, laconciencia relativa del hecho de que hubo argumentos válidos a favor de otropunto de vista, diferente del que finalmente fue adoptado. El relieve que llevaasociada necesariamente la decisión es simplemente un reflejo del hecho deque es extremadamente infrecuente que una asamblea sea unánime. Elprincipio de la asamblea democrática conlleva en sí la idea de oposición. Peroesta última no debe leerse de una manera fáctica, como una contradiccióninterna que conduce a un relativismo generalizado, sino como un principioregulador de la democracia misma. Tal vez esto se perciba aún másnítidamente en el marco judicial, donde se oponen dos discursoscontradictorios, el de la acusación y el de la defensa, en una verdadera pugnaverbal.Sin dudas, es a la luz de esta consideración como conviene interpretar la frasemás célebre de Protágoras:
“El hombre es la medida de todas las cosas, de las cosas que son, en tanto son,y de las cosas que no son, en tanto no son.”
Sin embargo, la interpretación más difundida en la actualidad de este aforismova en el sentido del relativismo escéptico, una interpretación coherente con lamala reputación que persigue a los sofistas desde hace siglos. Consideradoscomo arribistas amorales y corruptos, se los juzgaba capaces de cambiar debando y apoyar cualquier causa con tal de obtener algún beneficio.Pero tal vez haya algo más. El pensamiento de fines del siglo XX se hacaracterizado, entre otras cosas, por un movimiento de rehabilitación de lasofística. En este contexto, se ha recordado que los sofistas eran intelectualesde profesión, tal vez los primeros en su tipo, y en tanto tales, pedían un pago acambio de sus enseñanzas, simplemente porque tenían que vivir de eso. Eneste marco, el carácter mercantil de la actividad de los sofistas tal vez no seatan condenable como se ha querido creer, en la medida en que es innegableque todo trabajo, sea intelectual o manual, merece un salario. Pero esconveniente señalar que esta reciente rehabilitación de la sofística muchasveces se inscribe en una corriente de pensamiento calificada de posmoderna,que se adapta muy bien a una interpretación relativista radical del discursosofístico. En esa lectura, el aforismo de Protágoras significa que la realidad en
1
Gilbert Romeyer Dherbey,
Les Sophistes
, París, PUF, Collection « Que sais-je ? », 1985.
 
su conjunto depende, para existir, de una decisión o de una intervenciónhumana que puede manifestarse en forma de una mirada, de un discurso o deun pensamiento. Dicho de otro modo, no habría realidad por fuera de todapresencia humana. Esa lectura relativista radical tiende a reducir el conjunto dela naturaleza a convenciones. Con esa visión de las cosas, todo esconvencional: tanto los principios y las decisiones como la luz del día y el cursode las estaciones. La reducción de los hechos a convenciones reproduce comoun espejo la reducción que operaba el discurso mágico al recubrir deconvenciones los hechos. Mientras los unos no veían convenciones en ningunaparte, los otros no ven en ningún lado hechos naturales. Así, paradójicamente,las dos interpretaciones del mundo, la mágica o la relativista, terminantransmitiendo una concepción bastante parecida del lenguaje. En efecto, en lasdos concepciones, el lenguaje gobierna la creación del conjunto de la realidad,enteramente natural para los unos, enteramente social para los otros. Noobstante, de todos modos, ya sea que la reducción se produzca de la ley a lanaturaleza o de la naturaleza a la ley, impide mantener la distinción nítidaentre los hechos y las convenciones que sin embargo parece ser uno de losavances fundamentales que le debemos al pensamiento de los sofistas.Por esta razón, existe una interpretación del aforismo de Protágoras que tieneel mérito de matizar la lectura relativista, aunque por un lado condena a lossofistas como lo hizo Platón y por otro los rehabilita para la causa de unaconcepción posmoderna del lenguaje.Esta interpretación más matizada es la que propone Eugéne Dupréel
2
. Segúneste autor, en el aforismo de Protágoras sobre el
Hombre-Medida
hay que veruna reflexión sociológica sobre el hecho de que el hombre decide la realidadsocial, aun cuando la naturaleza siga siendo asunto de los dioses. La lectura deDupréel presenta un interés adicional, ya que toma en cuenta el texto griegoliteralmente. En efecto, Protágoras designa a las “cosas” a las que se refieremediante un término que apunta no a la naturaleza misma, sino a las cosasque acontecen, es decir las convenciones, las decisiones, los principios y losvalores; en síntesis, todo aquello que compone la realidad social, es decir, latrama de aquello que se construye entre los hombres reunidos en asamblea.Desde esta perspectiva, hay que ver en Protágoras a uno de los primerosteóricos de la realidad social, realidad que se construye y se mejora a partir delmarco retórico cuyos primeros maestros fueron los sofistas.
Gorgias
Gorgias fue otro de los célebres pensadores de esa realidad social entre lossofistas. Discutió la cuestión de la realidad en su famoso
Tratado sobre el no-ser 
, mediante una tesis enunciada en tres tiempos:
2
 
Eugène Dupréel,
Les Sophistes
, Neuchâtel, Éditions du Griffon, 1948.
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...
You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...