Pero como recuerda Romeyer
, el marco del pensamiento de Protágoras esprecisamente el de la democracia naciente. Los sofistas se interesabanprincipalmente en las cuestiones humanas, en la realidad social, y desde esaperspectiva, en las decisiones políticas. Así, está claro que una decisióntomada en una asamblea política siempre ha sido objeto de un debate previo.De modo que la decisión misma es una convención que representa unconsenso idealizado, pero nunca total en la realidad. Se conserva el rastro delos debates que tuvieron lugar antes de la decisión y, por consiguiente, laconciencia relativa del hecho de que hubo argumentos válidos a favor de otropunto de vista, diferente del que finalmente fue adoptado. El relieve que llevaasociada necesariamente la decisión es simplemente un reflejo del hecho deque es extremadamente infrecuente que una asamblea sea unánime. Elprincipio de la asamblea democrática conlleva en sí la idea de oposición. Peroesta última no debe leerse de una manera fáctica, como una contradiccióninterna que conduce a un relativismo generalizado, sino como un principioregulador de la democracia misma. Tal vez esto se perciba aún másnítidamente en el marco judicial, donde se oponen dos discursoscontradictorios, el de la acusación y el de la defensa, en una verdadera pugnaverbal.Sin dudas, es a la luz de esta consideración como conviene interpretar la frasemás célebre de Protágoras:
“El hombre es la medida de todas las cosas, de las cosas que son, en tanto son,y de las cosas que no son, en tanto no son.”
Sin embargo, la interpretación más difundida en la actualidad de este aforismova en el sentido del relativismo escéptico, una interpretación coherente con lamala reputación que persigue a los sofistas desde hace siglos. Consideradoscomo arribistas amorales y corruptos, se los juzgaba capaces de cambiar debando y apoyar cualquier causa con tal de obtener algún beneficio.Pero tal vez haya algo más. El pensamiento de fines del siglo XX se hacaracterizado, entre otras cosas, por un movimiento de rehabilitación de lasofística. En este contexto, se ha recordado que los sofistas eran intelectualesde profesión, tal vez los primeros en su tipo, y en tanto tales, pedían un pago acambio de sus enseñanzas, simplemente porque tenían que vivir de eso. Eneste marco, el carácter mercantil de la actividad de los sofistas tal vez no seatan condenable como se ha querido creer, en la medida en que es innegableque todo trabajo, sea intelectual o manual, merece un salario. Pero esconveniente señalar que esta reciente rehabilitación de la sofística muchasveces se inscribe en una corriente de pensamiento calificada de posmoderna,que se adapta muy bien a una interpretación relativista radical del discursosofístico. En esa lectura, el aforismo de Protágoras significa que la realidad en
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Gilbert Romeyer Dherbey,
Les Sophistes
, París, PUF, Collection « Que sais-je ? », 1985.
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