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La Razón No. 10

La Razón No. 10

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Periódico de la vida regional.
Periódico de la vida regional.

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07/08/2013

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Del 7 al 13 de julio de 2013
Nuevo León, México.
Número
10808
Año
35
Las Historias de Aquí
Periódicode la Vida
Regional
Nueva Época
»
Continúa en
página 2
 Así se adueña del aguaFEMSA
DANIELA GARCIA
6
 _
Monterrey
/LARAZONMTY @LARAZONMTYGRUPOLARAZON.COM
La vida en Cubadurante el bloqueo
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
10
 _
Internacional14
 _
Entrevista
NON
 FICTION!
EMERGENCY
EXIT
La banca voraz
DIEGO LEGRAND
UN VAQUEROCRUZA LA FRONTERA EN SILENCIO
POR DIEGO ENRIQUE OSORNOFOTOGRAFÍA POR RODRIGO VÁZQUEZ
(PARTE I)
¿Por qué la frontera noreste que comparte Nuevo Leóncon Tamaulipas y Coahuila, no puede hablar?
 
M
adre
arroja la panza de lavaca y salta el agua hirvien-te de la olla de peltre azul.Lanza una pequeña cosadeforme que debe ser la pata de la res. Vienenluego los tomates, el romero, la yerbabuena,el ajo y el orégano.
Casa
tiene una fragancia
de especias los nes de semana. Cuando perci
-bo el aroma de ciertos condimentos naturalessuelo recordar la crisis económica de diciem-bre de 1994 en México.
Padre
se levanta tem-prano y vacía el cocido de la olla en platos dehielo seco. Los mete con mucho cuidado en elcarro, como si fueran un tesoro recién desen-terrado: que no se derrame ni una gota, queno se caiga ninguna piedra preciosa, que elmenudo, la sopa de estómago, llegue a salvoa su destino.
 
_Regional
»
Viene de
portada
Del 7 al 13 de julio de 2013
Nuevo León
, México.
Cero
En Monterrey suele comerse bar-bacoa los domingos, pero los amigos de
Padre
son amigos de a de veras. Las ma-ñanas de los domingos de 1995 en lugarde comer barbacoa, prueban el menudoque le compran a
Padre
.Entre semana,
Madre
mete otrascosas a la olla que siempre parece teneragua hirviendo. Mete pollos, mete arro-ces, mete verduras. Después
Padre
losacomoda entre los delgados recipientesy el destino de los platillos ahora quedamás cerca que las alejadas casas de susamigos. Va uno para la vecina de jun-to, otro para la de enfrente, para los dela vuelta, para el que se acaba de cam-biar a la cuadra, para la señora enojonaque poncha pelotas de futbol y para lasamigas de
Madre
, que también son susamigas de a de veras.La cocina de
Casa
es la cocina delbarrio. En el noreste de México no hayfondas. No se usa la palabra fonda. Pero
Casa
es una fonda. Una fonda que ofre-ce servicio de comidas a domicilio. Dehaber tenido un nombre, la fonda se
hubiera llamado “Comidas Martha”.
El tema de todos los días en la fondaes
Casa
. Sí,
Casa
es al mismo tiempo lafonda, pero
Casa
es también otra cosaque nada tiene que ver con las paredesy los techos entre los que transcurrió miinfancia y adolescencia.Entonces, la palabra
Casa
remite aproblema.
Casa
signica incertidumbre,
banco, riesgo, mal, desempleo, pelea y,sobre todo, una extraña y muy agresivapalabra:
Hipoteca
.
Hipoteca
es la pala-bra que nadie quiere oír, decir, en
Casa
.Alguna avanzada civilización delfuturo habrá de conseguir borrar esa pa-labra de los diccionarios.Pero en aquel año, la palabra
Hi- poteca
está ahí, en el habla de todos losdías, aunque se pronuncie poco.La olla hirviendo de
Madre
desafíaa la palabra
Hipoteca
, los platos de hie-lo seco de
Padre
desafían a la palabra
Hipoteca
, sin embargo, en estos tiemposde crisis (se dice que todo por un “error
de Diciembre” que devaluó el peso y
mandó al cielo las tasas de interés) lapalabra
Hipoteca
es muy poderosa. Nose le gana con el aroma del orégano nicon amistades de a de veras.Para que la palabra
Hipoteca
nosdeje tranquilos hace falta algo más.Un día
Tío
envía 15 mil dólares des-de algún lugar de Estados Unidos. Esedía la palabra
Hipoteca
pierde una ba-talla y deja en paz a
Casa
.
Tío
es un vaquero que cruza la fron-tera en silencio. Se llama GerónimoGonzález Garza.Prometí que alguna vez relataría suhistoria.
Uno
Desmontaron. Amarraron los caba-llos alazanes bajo la sombra del mismo
árbol. Caminaron. Cada uno con su esco
-peta. Hablaban en voz baja con frases par-cas. Ojos negros alertas de Magdaleno yojos café claro alertas de Gerónimo. Mediahora, unos kilómetros después, no encon-traban a qué animal disparar, no se veíaningún alma. Ni siquiera una tarántula.El viento caluroso resecaba la vida enel monte.Se despegaron para tener más posibi-lidades de que apareciera la buena suertemientras exploraban. Pasó un rato y seoyó al fin el primer disparo de la cacería. Elúnico disparo. Magdaleno corrió a mirarentre el matorral, pero en vez del animalvio tirado el sombrero de Gerónimo. Sequedó de piedra. La faz se le ensombreció:Gerónimo estaba hincado y tenía un orifi-cio de bala en el cuello. Sangraba y estira-ba el cuello como un gallo mudo. Muriópronto.Magdaleno volvió a buscar el caballo.Lo desató y después fue a entregarlo, juntocon el sombrero y el cadáver aun tibio de
su mejor amigo. Contó con detalle lo que
había pasado y dijo que podían hacer conél lo que quisieran. No se trataba de unode esos hombres de mala entraña. La fami-lia González desterró a Magdaleno de Sa-binas Hidalgo, Nuevo León. No se le vol-vió a ver nunca más. Algunos dijeron quecruzó a Estados Unidos por el río Bravo yluego, luego se colgó en un mezquite delrancho ganadero de Texas donde empeza-ba a trabajar como peón.Pasaron los años.El 24 de mayo de 1953, en su casa enlos alrededores de la terminal camione-ra de Monterrey, María de Jesús Garzaalumbró a un bebé de poco más de doskilos, con mucho pelo cuando se apare-ció por el mundo, rojo de sangre, y conese fulgor con el que llega cualquier serhumano recién parido. Al bebé le corta-ron el ombligo y se lo enterraron cercade donde nació. El padre, GuadalupeGonzález, estaba contento de que fueravarón. Quería uno para ponerle el nom-bre de Gerónimo, como se llamó su her-mano muerto de forma trágica por una
bala salida del rie de su mejor amigo.
Dos
Gerónimo gatea unos segundos yluego se desploma. Es un bebé vivazque, sin embargo, en ocasiones parecedistraído. Pasa algo raro y sus padrescreen saber qué es, pero deciden lle-varlo al hospital para enterarse bien.Madrugan y los atiende un médico delSeguro Social. Examina al bebé, le tocala nariz, los sobacos, las piernas, el pene,las manos y los pies hasta detenerse enlas orejas. Habla frente a él con distintostonos, graves y agudos. Después se poneserio y pide a los papás que vayan a unlaboratorio para que le practiquen estu-dios del oído a Gerónimo.Diez días después regresan.El médico los recibe con la mismavoz seria de la otra vez. Pero ahora lausa para darles la noticia de que segúnlos estudios de audiometría Gerónimono escucha ni va a escuchar nunca, quecuando mira las cosas no tiene concien-cia del sonido: es sordo profundo. Todoserá para él una película muda. Van atener que hablarle con las manos para
que no se vuelva loco. Como mímica.
Le van a mostrar que no hay que co-mer con la boca abierta, o que cuandoquiera beber leche tiene que indicarlocon su manita. Ellos lo harán, el peque-ño Gerónimo los verá y esperarán a quelos imite. Hay que tener paciencia. Noes cualquier cosa: deberán crear un len-guaje propio para comunicarse. Así letendrán que ir mostrando la vida.Los padres escuchan los consejosdel médico. Más o menos saben lo quetienen que hacer. Graciela, otra de sushijas, también vino sorda al mundo.
Cuando Graciela nació investigaron un
poco y se enteraron de que en la familiaGonzález hay más sordos de nacimien-to, por lo menos desde dos generacionesatrás.Debido a la sordera profunda, el pe-queño Gerónimo también será mudo,no podrá usar las cuerdas vocales de sularinge para producir sonidos, aunqueestas no se encuentran dañadas. Todaslas personas que nacen sordas no pue-den hablar, porque no conocen ni cono-cerán nunca el sonido: es algo que paraellos no existe.Si el pequeño Gerónimo pudiera oír,antes de los dos años de edad le ocurriríael maravilloso proceso de creación desu voz. Un día cualquiera empezaríana brotar de su boca sonidos escuchadosa su alrededor. La voz surge de la imi-tación y de un proceso natural que co-mienza con la respiración, recorre luegolos bronquios y la tráquea hasta llegara la laringe, donde las cuerdas vocales(que en realidad no tienen forma deunas cuerdas, sino de unos labios) pro-
ducen un sonido que se amplica de
acuerdo con la forma particular de cadanariz, boca y lengua.Pero la voz del pequeño Gerónimo,aunque está dentro de él, permaneceráprisionera.
 Tres
El papá de los pequeños Gerónimoy Graciela se llama Guadalupe Gonzá-lez. Trabaja de lunes a viernes en Trái-
lers de Monterrey, S.A. de C.V. La peque
-ña empresa tiene un galpón en el queatracan todos los días camiones ruido-sos provenientes de Estados Unidos. Enla carga llevan aceitosas transmisionesde coches, equipo médico obsoleto, ca-bles multicolores descarapelados, tu-bería hidráulica rota, muebles hechospedazos... El trabajo de Guadalupe espesar la chatarra y regatear lo más quese pueda el pago con los chatarreros.
 
3
_Regional
Del 7 al 13 de julio de 2013
Nuevo León
, México.
La mamá de Gerónimo y Gracie-la se llama María de Jesús Garza. Ellatrabaja preparando chorizo rojo quevende en el barrio de Monterrey don-de viven. Antes habían pasado largotiempo en Rancho Nuevo, un ejido deLos Ramones, Nuevo León, a unos 150kilómetros al norte de la ciudad, dondeconstruyeron una casa principal conadobe, levantaron unos establos demadera para el puñado de reses y cabri-tos que tenían, y consiguieron láminaspara hacer corrales angostos en los quecriaban cerdos.La agricultura no era buena idea.Aunque se trataba de una buena por-ción de tierra que María de Jesús here-dó, esta tenía el suelo fracturado, de esosque no se dejan sembrar con facilidad.Tras el nacimiento de más hijos y
las dicultades de la modesta vida ga
-nadera, sin fastidio ni iras cultivadas,Guadalupe y María de Jesús decidieronemigrar a la ciudad, con la esperanzade regresar algún día a Rancho Nuevoy hacerlo funcionar como un auténticorancho.
Cuatro
 Una vez instalado junto con toda su
familia en Monterrey, los nes de sema
-na, para completar los gastos de la casa,Guadalupe recorre en una camionetapick-up
Ford 
guinda las dos horas de ca-mino a Rancho Nuevo, acompañado porun paisaje solitario, un mezquite aquí,otro por allá. Ahí mata cerdos que luegocomercia en la ciudad.La hoja del cuchillo se mueve condelicadeza sobre la piel rosa recién mo- jada con agua hirviente. Los cerdos tie-nen una carne blanda y jugosa; la de lashembras suele ser dura al momento demorir debido a que sobreviven un pocomás de tiempo porque paren puercos ymás puercos. A Guadalupe, su pequeñohijo Gerónimo lo ayuda acomodandoen una vasija los intestinos que sustrae
del animal. La rara ternura del sacri
-cio: el papá de Gerónimo está tranquiloy concentrado, no debe
dañar de más
elestómago del puerco.Los cerdos machos de crianza em-piezan la cuenta regresiva de sus fugacesy monótonas vidas en Rancho Nuevocuando llegan a los 90 kilos. A partir de esemomento, que suele equivaler a los seismeses de vida, la muerte está muy cerca,ronda. Que un cerdo viva más de un añoes tan raro como un eclipse de luna. El ri-tual de su muerte comienza cuando lossacan del corral y se les deja de dar sorgoo cualquier otro alimento durante 14 ho-ras. Una vez pasado ese lapso, Guadalupelo deja inconsciente con el golpe de unmazo en el cráneo (todavía no existen laspistola aturdidoras o pinzas eléctricas delas granjas industriales). Tras el golpe, elcuerpo del animal se desploma al instan-te. Un edificio hecho estallar se derrumbaen cámara lenta y un cerdo sacrificado caecomo rayo, compara el pintor John Berger.A uno lo sostienen varillas y cemento, alotro, energía. Después de que el animalcae de manera súbita, Guadalupe lo des-angra cortándole las venas y las arterias ala altura del cuello. Sangre fluye a borboto-nes hacia una vasija que vigila Gerónimo.El temperamento en el campo antela sangre no es el mismo que en la ciudad.A continuación, en tan solo unosminutos, el cuerpo del animal queda des-membrado, el cerdo ya no tiene cabeza nicola ni patas ni vísceras ni órganos. De he-cho, para ese entonces, ya no se llama cer-do: le dicen
canal 
. A
canal 
lo cuelgan paraque se seque, antes de que sea llevado a laciudad para terminar embolsado como elchorizo rojo que vende María de Jesús enla colonia Terminal de Monterrey.Pero si es el cumpleaños de alguno desus hijos u otra fecha en verdad especial,Guadalupe mata una de las vacas o delos cabritos que comen en los raquíticospastizales del rancho. De la panza de la ressale mucha barbacoa y un menudo queles dura varios días y los pone contentos atodos.En ocasiones, en lugar de matar a los
animales en Rancho Nuevo, el sacricio
se hace en la casa de Monterrey. No esraro que aparezcan cabritos muertos ten-didos en el patio de la pequeña vivienda,como si fueran ropa recién lavada espe-rando a secarse.
Cinco
Los seis hijos de la familia GonzálezGarza son María de la Luz, Graciela, Te-resa, Gerónimo Guadalupe y Martha.Gerónimo es el que colabora más con
las matanzas animales de los nes de se
-mana; sus hermanos estudian y su otratarea es ayudar en la venta del chorizo.Tratan a Gerónimo con normalidad. Setuercen para jugar con él al
burro balava
, corren para las escondidas o brincanla
bebeleche
. Gerónimo pasa así su in-fancia, sin saber el Lenguaje de Señas.Tampoco sus padres ni hermanos. Todala comunicación que hay es moviendolas manos o haciendo gestos. La voz deGerónimo no emite sonido alguno perose ve. En su casa, se usa ese alfabeto delsilencio creado por ellos. Los padres deGerónimo no le imponen el mundode los que sí oyen, tratan de entenderel suyo. Es una familia normal, alegre,con vitalidad.No es raro ver a Gerónimo con supantalón de mezclilla ensangrenta-do, después de pasar todo el día con supadre en el improvisado rastro casero.Matar a un chivo es arduo: primero hayque ponerlo quieto, después enterrarleun cuchillo en la yugular, dejarlo quemuera entre los grititos que lanza, col-garlo para que le escurra todo el chorrode sangre en una vasija, sacarle las tri-pas con las manos y quitarle el pelaje.Hay un sábado en que Gerónimomata solo, sin ayuda de su padre, los 18chivos que se comerán los invitados deuna boda por celebrarse esa misma no-che en Monterrey. Tiene diez años.
Seis
Alguien tocó a la puerta cierta no-che del verano de 1965. Guadalupesalió a ver. El visitante era un jovenveinteañero que le acercó una tarjetablanca en la que se veían muchas pe-queñas manos dibujadas de diferentesformas. Era el abecedario del Lenguajede Señas. Al reverso un mensaje de tex-to: “Soy sordomudo. Te pido una coo-
peración para mi escuela”. El padre de
Gerónimo sacó un poco de morralla yse la dio al muchacho. Guardó la tarjetay a la tarde siguiente llevó a su hijo a ladirección que venía en ella.La escuela estaba sobre la calzadaMadero, una de las avenidas importan-tes del antiguo Monterrey a la que porlas noches le brillaban elegantes farolasencendidas y la animaba el sonido dela cumbia. El domicilio marcado en latarjeta era una casa grande donde se en-señaba el Lenguaje de Señas, un idiomaque la
Enciclopedia
 
Británica
dene
como “una especie de escritura de imá-
genes en el aire”. La casona tenía pocas
ventanas, tres habitaciones y un áreacomún espaciosa donde se había acon-dicionado en 1951 la primera escuelapara sordos del noreste de México. Alentrar daba la bienvenida un cartel
con la denición griega del hombre:
 zoon lógon éjon
, animal provisto de lapalabra, así como fotos de un luchadorsordo que por esos años compartía elcuadrilátero, de vez en vez, con
El Santo
 o
Blue Demon
. Se llamaba
El Prisione-ro
. También había imágenes de David
Sordomudo
Rodríguez, otro artista delpancracio con una voluntad de hierro,aunque menos conocido que
El Prisio-nero
.
El Prisionero
era el nombre quehabía elegido Raúl Fuentes, nacido consodera en el Distrito Federal el 3 de di-ciembre de 1936, para dedicarse a la lu-cha libre profesional.En los 70,
El Prisionero
abando-nó los cuadriláteros y se convirtió enun intelectual sordo mexicano. RaúlFuentes escribió una decena de librossobre el Lenguaje de Señas nacional yse dedicó al teatro y a la pintura. Porsu trabajo dramatúrgico fue premiadoy reconocido, sobre todo en Noruegay Dinamarca, donde las redes escan-dinavas de sordos lo recibieron comouno de los más grandes artistas sordoslatinoamericanos. Por lo menos 20señas del Lenguaje Mexicano fueroninventadas por él, un luchador espiri-
tiáutico que acabó siendo el pez guía
en las turbulentas navegaciones de lacomunidad sorda mexicana que trata-ba de abrirse paso.

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