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REVISTA CHASQUI 4

REVISTA CHASQUI 4

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Published by: GIANCARLO GALLEGOS PERALTA on Jul 10, 2013
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CHASQUI
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CHASQUI
EL CORREO DEL PERÚ
Boletín Cultural del Ministerio de Relaciones Exteriores
Año 2, número 4Junio de 2004
QHAPAQÑAN 
,ELGRANCAMINOINCA/ LENGUASENELPERÚTRESPOETASDELCINCUENTA /MARNUESTRODECADADÍA HISTORIETADELAHISTORIA /ELCAJÓNAFROPERUANO
     C    a    m     i    n    o     a       M   a    c      h    u       P    i    c    c      h    u  .
      F    o     t    o    :      H    e      i    n   z      P       l   e     n    g     e  .
 
CHASQUI
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LENGUAS EN EL PERÚ:
HACIA UNA RELECTURADE BABEL
Roberto Zariquiey* 
 
El Génesis nos cuenta que, antiguamente, «los hombres hablaban una sola lengua y unas mismas palabras»(Génesis 11, 1). Este hecho los hacía más fuertes y unidos; tanto que decidieron edificar una ciudad en la cualcolocarían una torre alta, que llegase al cielo. Al comprobar lo que los hombres venían tramando, Jehová loscastigó y los hizo hablar distinto. Este es el origen de la diversidad lingüística para la tradición judeocristiana: uncastigo divino. Hoy en día, muchos sectores de la sociedad continúan pensando que la diversidad lingüística ycultural es un problema; ven al otro como salvaje y persisten en la creencia de que la solución es lahomogenización de los individuos. ¿Podrá el Perú crecer de espaldas a la diversidad lingüística y cultural que locaracteriza? Lo que sigue son sólo algunos datos y reflexiones que buscan ayudar a comprender al lector lodiferentes que somos y lo mucho por hacer para aprender a conocernos y valorarnos.
¿CUÁNTAS LENGUAS HABLA-MOS LOS PERUANOS?esponder a esta pregunta no esfácil, toda vez que determinarcuándo una variedad de habla consti-tuye una lengua por sí misma y no undialecto de alguna otra no es tarea sen-cilla. A pesar de estas dificultades, enlo que toca a nuestra Amazonía, los es-pecialistas hablan de la existencia de39 ó 40 lenguas agrupadas en 16 fami-lias lingüísticas.
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Es decir que, al ladode lenguas que más o menos nos sonconocidas, como el shipibo, el aguaruna,el machiguenga y el asháninka (estasdos últimas están emparentadas y per-tenecen a la familia
arahuaca 
), existeuna diversidad sobre la cual sabemosmuy poco el resto de peruanos. Ade-más, tampoco es mucho lo que sabe-mos sobre sus hablantes. Cada una deestas lenguas forma parte de un entra-mado cultural diferente y único. Laselva no es un territorio homogéneo ytampoco los indígenas que la habitanson todos iguales. Cada pueblo tienesus propias prácticas y creencias; cadauno posee una historia particular; ycada etnia se relaciona a su manera conla cultura nacional. Tampoco es mu-cho lo que sabemos sobre todo esto y,probablemente, ese desconocimientosea la base de nuestra indiferencia.Ahora veamos qué ocurre en elámbito andino. Si bien cuando pensa-mos en los Andes, las únicas lenguasque se nos vienen a la cabeza son elquechua y el aimara, la realidad lin-güística andina es casi tan complejacomo la de la Amazonía. Para empe-zar, debemos decir que considerar «len-guas» al quechua y al aimara es de porsí problemático, ya que ambas realida-des idiomáticas poseen variedades dehabla que guardan tantas diferenciasentre sí como las que podrían tener elfrancés y el español. Además, tanto elquechua como el aimara son emplea-dos por hablantes que no compartennecesariamente una misma historia yque, por el contrario, tienen idiosin-crasias y costumbres muy diferencia-das. Por ejemplo, un quechuahablantecusqueño no solo posee una variedadmuy distinta a la de un hablante deAncash, sino que, además, ambos po-seen prácticas culturales y festivas pro-pias. Algo similar ocurre con el aimara,lengua que, a diferencia de lo queusualmente creemos, no solo se hablaen el altiplano, sino también en Tacnay en la sierra de Lima (bajo la denomi-nación de
 jaqar
, que en lenguaaimara quiere decir “lengua del hom-bre”). Nuevamente, un aimaraha-blante de Puno y otro de la sierra deLima (específicamente, del pueblo de Tupe) poseen variedades y usos cultu-rales sorprendentemente diferentes.Ante esta realidad, los estudiososen la actualidad tienden a entenderal quechua y al aimara como familiaslingüísticas que agrupan a hablas dis-tintas entre sí y que, ades, pertene-cen a naciones distintas. Ello se ve muybien, por ejemplo, en un dato que po-cas veces se toma en cuenta. Nosotrostendemos a relacionar al quechua conla zona andina y, por lo general, nosabemos que hay variedades de estafamilia que son empleadas como me-dio de comunicación por poblacionesde la selva baja, que viven en las már-genes de os como el Napo, el Pastazay el Tigre. Efectivamente, hombres ymujeres que fueron antiguamenteomaguas, quijos, canelos o cocamas (to-
Athanasius Kircher
, La Torre de Babe
, Roma, 1639.
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das estas son etnias amazónicas) hoy seautodenominan
kichwas 
y muchas ve-ces no tienen presente que su lenguaproviene del quechua. Tampoco tienenpresente que el kichwa no les llegó deboca de los incas (que, por lo demás,nunca pudieron conquistarlos), sino delos jesuitas que llegaron en el siglo XVIIa esas zonas para evangelizarlos y em-plearon el quechua como lengua de co-municación.RELEYENDO A BABEL Todo lo dicho hasta aquí nos ayudaa comprender algo esencial: decir queel Perú es un país multicultural o pluri-lingüe no debe ser solamente un alega-to retórico. La realidad de nuestro países más diversa de lo que imaginamos y,si aceptamos que el quechua y elaimara son familias lingüísticas y reco-nocemos que son habladas por pueblosmuy distintos, todo se hace todavía máscomplejo. Además, debemos añadirque a lo largo de todo el país, el caste-llano aparece en mayor o menor medi-da y toma contacto con toda esta di-versidad lingüística generando situacio-nes poco horizontales en las que la len-gua hispana es más valorada y respeta-da que sus pares indígenas. No pode-mos negar, pues, que en ciertos secto-res de nuestro país ha existido y persisteun fuerte desprecio por las lenguas ori-ginarias, las mismas que no son siquieraempleadas por el aparato estatal parafines administrativos o jurídicos.Esta diversidad es una realidad queno tenemos el derecho de eludir. Vivirde espaldas a la realidad de estos pue-blos es una actitud que nos ha caracte-rizado como país. Tal como si no exis-tieran o como si su existencia fuera in-cómoda o problemática, hemos pre-ferido silenciar e invisibilizar la realidadindígena, sus necesidades y sus proble-mas. Y esto es doblemente injusto todaque vez que muchos de sus problemasse deben justamente a la compulsión conque otras fuerzas se han dedicado a ex-traer sus recursos naturales, destruyen-do los ecosistemas, explotando personas,ahuyentando animales y desforestandohectáreas enteras de bosque.Es como si en muchos sectores de lasociedad existiera una suerte de
pensa- 
LAS QUE YA NO ESTÁN(DATOS SOBRE LENGUAS EXTINTAS EN EL PERÚ)
L
a realidad multilingüe que caracteriza a nuestro país fue constatada desde los primeros años de la Colonia porlos propios españoles, quienes no dejaban de sorprenderse por la enorme cantidad de lenguas con las que se ibanencontrando. Por ejemplo, el jesuita Acosta, en 1588, señalaba la existencia de «una verdadera selva de idiomas»y el propio Inca Garcilaso, en 1609, nos explicaba que «cada provincia, cada nación, y en muchas partes cadapueblo, tenía su lengua por sí diferente de sus vecinos».Existen muchas lenguas hoy extintas cuya existencia fue referida por los cronistas o por los viajeros europeos quedurante el siglo XIX redescubrieron nuestro país. Por ejemplo, la costa norte del Perú, a la llegada de los españoles,poseía una riqueza lingüística que, en la actualidad, permanece sólo en la toponimia y en el registro que algunoscronistas, sacerdotes coloniales o viajeros nos legaron. Todos hemos oído hablar, por ejemplo, de la lengua mochica;pero no tenemos presente que, ades de ella, había algunas otras lenguas, como la llamada
pescadora 
(que erahablada en zonas cercanas a Lima), la lengua de Olmos, la de Sechura y la de Catacaos-Paita. El estatus lingüísticode estas últimas es difícil de determinar, pero aparece en documentos como los de Jaime Baltazar MartínezCompañón, quien fuera obispo de Trujillo y hacia 1785 recogió una lista léxica de algunas de las lenguas que sehablaban en su jurisdicción.Ahora bien, el mismo Martínez Compañón recogió también algunas palabras de una lengua también importantellamada
culle 
. El culle fue un idioma de la sierra norteña hoy extinto, que le ha dejado al habla de Cajamarca variaspalabras que son empleadas hasta el día de hoy. El estudio a profundidad del culle es todavía una tarea pendiente.En el altiplano, hay también lenguas que han dejado de ser habladas. Dos son los casos más saltantes: el delpuquina, que fue considerada lengua general por los españoles, y la del ch’imu, la antigua lengua de los uros. Losuros peruanos han perdido su lengua; pero todavía conservan su identidad y se diferencian de los aimaras, aunquehablen el idioma de estos últimos.Finalmente, en lo que toca a la Amazonía, la cuestión de la extinción de lenguas es bastante más compleja. Enestos momentos, la gran mayoría de grupos étnicos está entrando en un claro proceso de castellanización, cuyoresultado es indefectiblemente la pérdida de las lenguas indígenas. Ya hay muchas que han sucumbido y, proba-blemente, el caso más triste sea el del cocama cocamilla, ya que esta lengua, antes de la llegada de los españoles,fue un idioma panamazónico y tuvo mucha importancia social y política. Cada día, el retroceso de estas tradicio-nes idiomáticas es más claro e inminente y, por ello, si no queremos que se sigan perdiendo, es necesario asumir unaverdadera política lingüística de rescate, revitalización y mantenimiento de todas esas tradiciones que cada díason arrojadas al silencio.
miento Babel 
que, además, es enorme-mente cómodo, porque de alguna for-ma justifica nuestra indiferencia: ¿porqué preocuparse por algo que es másbien un signo de atraso y un obstáculopara el desarrollo?Seguimos creyendo que la diversi-dad es el impedimento para construiresa torre que nos haga crecer como psy pensamos hasta hoy que la soluciónes la homogenización de los individuos.Pero lo cierto es que el impedimento noha sido la diversidad existente, sino sen-cillamente la forma en que la hemostratado. Si no hemos logrado construirla torre es porque ante la diferencia cul-tural y lingüística, hemos decidido si-lenciar y violentar al otro, y no hemosaprendido, después de más de cincosiglos, a convivir pacíficamente con él,respetando y valorando la diferencia ydejando de pensar en cómo enrique-cernos a sus expensas. Y eso no nos lodecía el mito de Babel: el problema noera la diversidad, sino solamente lamanera en que los hombres habríamosde tratarla.
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Los conceptos de lengua, dialecto y familialingüística pueden ser un poco oscuros. In-tentemos aclararlos recurriendo a nuestralengua: el habla de Buenos Aires, la de Limay la de Madrid vendrían a ser dialectos delespañol, que, a su vez, constituye una len-gua, al lado de otras con las que estáemparentada: el portugués, el francés y elitaliano, por ejemplo. Finalmente, todas es-tas lenguas forman parte de la misma fami-lia, la familia románica, que agrupa a todasaquellas lenguas que provienen del latín.
BIBLIOGRAFÍA
Rodolfo Cerrón- Palomino
. Lengua y sociedad en el valle del Mantar
. IEP, Lima1986
. La lengua del Naylamp. Reconstruccción y obsolescencia del mochica 
. PUCP, Lima, 1995
. Linística aimara.
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Castellano andino. Aspectos sociolingüísticos, pedagógicos y gramatica- les.
GTZ/PUCP, Lima, 1995.
Lingüística quechua.
C. B. de las Casas, Cusco, 2003.
Alberto Escobar.
 
Variaciones sociolin- güísticas del castellano en el Perú 
. IEP. Lima,1978.
Anna María Escobar
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Contacto social lingüístico: el español en contacto con el quechua en el Perú.
PUCP, Lima 2000.
Germán de Granda
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Estudios de Lingüís- tica Andina.
PUCP, Lima 2002.
Inés Pozzi-Escot.
 
El multilingüismo en el Perú 
. C.B.C., Cusco 1998.
Gustavo Solís
.
Las lenguas en la AmazoníPeruana 
. FORTE-PE, Lima 2000.
Virginia Zavala
.
 
Desencuentro con la es- critura. Escuela y comunidad en los Andes peruanos.
Red para el Desarrollo de lasCiencias Sociales. Lima, 2002.Otras publicaciones sobre el tema:
Andrés Chirinos Rivera
.
Atlas lingüístico del Perú 
. CBC-Ministerio de Educación,Cusco, 2001. 
 José Antonio Salas
. Diccionario mochica- castellano, castellano-mochica 
. U. San Mar-tín de Porres, Lima, 2002.
Alfredo Torero
.
Idiomas de los Andes: lin- güística e historia 
. IFEA, Lima, 2002.
*Profesor de la Pontificia UniversidadCatólica, dedicado a las lenguas indígenas. James Orton,
The Andes and the Amazo
, N. York, 1876.

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