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REVISTA CHASQUI 11

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Published by: GIANCARLO GALLEGOS PERALTA on Jul 10, 2013
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CHASQUI
EL CORREO DEL PERÚ
Boletín Cultural del Ministerio de Relaciones Exteriores
Año 5, número 11Octubre de 2007
   P   i  e    d  r  a    d  e    l  o  s    d  o  c  e   á  n  g  u    l  o  s  e  n  e    l   P  a    l  a  c   i  o    d  e   I  n  c  a   R  o  c  a
   (   C   i  u    d  a    d    d  e    l   C  u  s  c  o   ) .   F  o   t  o  :   B   i    l    l  y   H  a  r  e .
 
 EL VIOLÍN, EL ARTE Y EL QUECHUA: ZUIDEMA, ROWE Y MURRA / PERÚ, PATRIMONIO DEL MUNDO / VALLEJO: POESÍA COMPLETA AL INGLÉS / DEL PENSAR MESTIZO / EL MUNDO DE CHRISTIAN BENDAYÁN
 
CHASQUI
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EL VIOLÍN, EL ARTE Y EL QUECHUA:ZUIDEMA, ROWE Y MURRA
Manuel Burga*
Las investigaciones de los peruanistas R. Tom Zuidema, John H. Rowe y John V. Murra dominaron eldesarrollo de la historia y antropología de las poblaciones andinas durante la segunda mitad del siglo XX.Originaron una suerte de división territorial, intelectual y metodológica, de escuelas o tendencias, conpropuestas e interpretaciones propias, a veces contrapuestas, procedentes de discursos teóricos diferentes,pero con resultados afortunadamente complementarios.
ainer Tom Zuidema (1927), forma-do en la escuela antropológica ho-landesa de Josselin de Jong, una an-tropología que tenía sus propias IndiasOrientales, como Sumatra, Tailandia,Borneo, Indonesia, donde sus estu-diantes terminaban generalmente in-vestigando. Sin embargo, Zuidema–formado en el conocimiento de es-tas Indias–
 
vino luego a las misteriosasIndias Occidentales, pasando por su-puesto por España. Así concluye, en1962, su sorprendente y complejo es-tudio
The Ceque System of Cuzco. TheSocial Organization of the Capital of the Incas
, donde aplicó, por primeravez, el entonces controvertido y sofis-ticado análisis estructural. Esta tesis,publicada originalmente en inglés,1964, se convirtió muy pronto en unobjeto de estudio, curiosidad y acalo-radas discusiones por situarse en unplano abstracto y abordar niveles casiinvisibles de las realidades andinas.Zuidema nos hace recordar a losgrandes intelectuales «erizos», aquellosdescritos por Isaiah Berlin
1
por su ape-go a interpretar todo desde un gran es-quema, una visión del mundo, la suyapropia con frecuencia. Entonces, no hayque extrañarnos que el gran proyectode investigación que Zuidema empezócon los
ceques
, en su juventud, le hayaservido siempre, como en el presente,en la culminación de su carrera, paraexplicar el funcionamiento del
 
calen-dario inca. Esto lo convierte en un típi-co intelectual «erizo», que recurresiempre a una matriz única para en-tender muchas cosas, no por un capri-cho personal, como él suele decir, sinoporque la realidad así fue. Recuerdo,que en 1982, le acompañé a buscar latumba de la
capac hucha
TantaCarhua, bella hija del curaca local deOcros, que pagó con su vida el ingresoal olimpo de los dioses cusqueños parasellar así el entendimiento políticoentre el inca y su padre, un modestocuraca chinchaysuyo. Buscábamos el
ceque
invisible, caminamos incansable-mente, con el texto de RodrigoHernández Príncipe en la mano, pá-rroco de Ocros en el siglo XVI, dete-niéndonos para reconocer algunas re-ferencias geográficas y, finalmente,rendirnos ante el misterio de la tumbade Tanta Carhua.Estas caminatas, como las conver-saciones en su misma biblioteca perso-nal de Urbana-Champaign, me confir-maban su pasión, dominio y vocaciónpor los temas andinos. Estos
ceques
,
 
quequizá no formaban parte de la concien-cia de un curaca o de un gobernanteinca, le sirvieron para entender las rea-lidades sociales, ideológicas y mentalesdel hombre andino. Este afán lo rela-cioné finalmente con lo que él mismome había contado, a propósito de su lle-gada al Perú en 1953, cuando Luis Bas-tos Girón lo inició en el estudio de losdocumentos históricos. Luego pasó alCusco, donde, no sé si por la escasez derecursos, integró una orquesta de cá-mara y sobrevivió de su violín. El violínme permitió descubrir su relación conla música, verdaderamente estrecha,una clave para entender su obra. Poreso, siempre me pareció que buscabaescribir el pentagrama de las culturasandinas, con sus armonías y melodíaspropias, pero siempre ordenadas a par-tir de los mismos principios. Quiso po-nerle escritura a una población que nola tuvo, ni que en ese momento la ne-cesitó, porque se sirvió de otros artefac-tos para memorizar o contabilizar. Unaformulación teórica que lógicamentetenía un alto contenido de provocaciónpara los amantes del dato concreto, delos hechos realmente ocurridos, peroque a nosotros –a mí en particular– nosrevelaba la enorme complejidad de lassociedades prehispánicas. John Howland Rowe (1918-2004)vino a Lima por primera vez en 1939 ytambién de inmediato se trasladó alCusco, para iniciar sus primeras investi-gaciones en el templo de Santo Domin-go (antiguo Coricancha). Desde enton-ces hasta el año 2004, más de sesentaaños, continuó recorriendo el Perú, susarenales, sus cerros incas, frecuentan-do las tertulias académicas peruanas,publicando e investigando sobre la his-toria andina. El profesor Rowe, a quientuve la suerte de frecuentar en la dé-cada de 1990, era un arqueólogo devocación y de una sólida formación enhistoria del arte. En Brown University,Providence, en 1935 y 1936, hizo Estu-dios Clásicos. Luego, en HarvardUniversity, terminó un bachillerato enArtes y en esta misma universidad sedoctoró en 1946 con la tesis
Introduccióna la Arqueología de Cuzco
. La clave deRowe es su formación en historia delarte, que la completó, por la exigenciade los temas andinos, con una rigurosaformación antropológica. Ambas le per-mitieron, desde sus inicios en el Perú,aplicar –al estudio de la historiaandina– una mirada muy fina y edu-cada, que incluía el interés por el do-cumento histórico, así como por losclásicos métodos de la arqueología.Siempre me pareció que se sentía muycómodo analizando la cerámica, los ar-tefactos culturales prehispánicos, losdocumentos de archivo. Por eso, nun-ca dejó de decir –con cierta ironía– quesus conclusiones se derivaban deconstataciones fácticas, de artefactosexaminados o de testimonios escritos,de la historia del arte.Recuerdo mucho a Rowe: su expre-sión bondadosa de hombre simpático,sereno, sabio, en las entretenidas tertu-lias del Cusco, cuando sonreía –a iniciosde la década de 1990– al escucharmehablar con mi interés desbordante porentender el siglo XVIII, las noblezas incascoloniales, ese «movimiento nacionalis-ta inca» que él había estudiado tan bien,desde la noción de utopía andina. El pro-fesor Rowe, en el Cusco, durante mu-chos años, cumplió una peculiar funcióndocente, conversando con sus parescusqueños, leyendo trabajos de estudian-tes y reclutando alumnos estadouniden-ses para investigar sobre temas de histo-ria andina. Conformaba una pareja for-midable con Patricia J. Lyon, ambos in-teresados en los mismos temas, ambosinnovadores. John, gran amigo deFranklin Pease en Lima y de Jorge Flo-res Ochoa en Cusco, tenía interesesmúltiples, como un auténtico «zorro» deIsaiah Berlin, un pluralista a carta cabal.Practicó la arqueología y la historia delarte de manera paralela; trabajó con el
R. Tom Zuidema (Haarlem, Holanda, 1927).
   F  o   t  o  :   A  r  c   h   i  v  o   M   i  n   i  s   t  e  r   i  o   d  e   R  e   l  a  c   i  o  n  e  s   E  x   t  e  r   i  o  r  e  s .
 
CHASQUI
3
pico, la lampa, los laboratorios, las cróni-cas coloniales, los lienzos de la pinturacusqueña y los coloridos y pintorescosqueros
 
para indagar por la suerte y trans-formación de los incas y la culturaandina bajo el dominio español.Ahora aprovecho la oportunidadpara decir que lamento no haber compi-lado y editado su obra completa, que,para mi sorpresa, tal como consta en unacarta de 1994 que aún conservo, meconfió esa tarea, pero que nunca –aun-que parezca desmoralizador decirlo–pudimos encontrar un respaldo para supublicación. Luis Soberón y TeobaldoPinzás, entonces directores de la Aso-ciación Peruana para el Fomento de lasCiencias Sociales (Fomciencias), debenrecordar muy bien este proyecto, la bús-queda inútil de fondos, el desánimo quenos invadió cuando se produjo elautogolpe de 1992, que a muchos nosempujó a la migración, pero afortuna-damente el Instituto Nacional de Cul-tura (INC) de Cusco publicó en 2003,aunque en volumen pequeño, una se-lección de ensayos y artículos hecha porel propio autor
2
.En muy pocas oportunidades tratéde cerca a John V. Murra (1916-2006).Quizá era demasiado joven cuando loescuché por primera vez en San Marcos,aunque lo volví a escuchar muchas ve-ces en el Instituto de Estudios Peruanos(IEP) del periodo de José Matos Mar. Poreso, al igual que otros, ingresé al conoci-miento de su obra de manera indirecta,primero a través de la lectura de ese pe-queño y fascinante libro de AlfredMétraux,
Les incas
(1961), y luego a tra-vés de una segunda gran presentaciónhecha, esta vez, por Nathan Wachtelen su libro de 1971,
La visión de los venci-dos
(
La vision des vaincus
). Sin embargo,creo que lo que más me acercó a su obrafue la tertulia en la casa de RuggieroRomano en París, a inicios de la décadade 1970, donde se hablaba de su obra,de su trashumancia, de su inicial posi-ción política de izquierda, de su amistadcon José María Arguedas, de su partici-pación en la Guerra Civil Española, desu apego al psicoanálisis y de la necesi-dad de leerlo directamente.Ya se han dicho, luego de su muerteocurrida el 16 de octubre de 2006, mu-chas cosas sobre la calidad de su obra ysu original aporte a la comprensión de laorganización económica del Estado inca.Su tesis de 1955, presentada en la Uni-versidad de Chicago para obtener el gra-do de doctor, cuando tenía 39 años,cambió sustancialmente el rumbo de lahistoria andina moderna. Una tesis quea pesar de haber circulado solamente enmicrofilme tuvo una enorme repercu-sión en las ciencias sociales y se mantu-vo así, en este soporte material, inéditaindudablemente, durante 22 años, has-ta que finalmente el autor, luego de con-sultarlo con su psicoanalista, autorizó supublicación en 1978.Los jóvenes historiadores de SanMarcos, como nosotros, tan alejados delpsicoanálisis como convencidos (no digocultivados) por la teoría marxista, ad-mitíamos que había que leer a Murrapor su participación, al lado de los repu-blicanos, en la Guerra Civil Española.Era un atractivo que no teníanZuidema ni Rowe. Además, la propues-ta teórica de Karl Polanyi, que prove-nía de la antropología económica, lepermitió a Murra hacer una lecturainnovadora del funcionamiento econó-mico del Estado inca. Así, los incas apa-recían, a los ojos del investigador, comoastutos manipuladores de viejas tradi-ciones, para ponerlas al servicio de unnovedoso imperio, un gigante con piesde barro, con enormes dimensiones,aparentemente nuevo, pero sustenta-do en principios del pasado y no en unateoría política como demandaba la nue-va organización económica del Estado.Me sorprendió, cuando lo leí para milibro
 Nacimiento de una utopía
, que ter-minaba dándole la razón al IncaGarcilaso, o a Blas Valera por supuesto,que según algunos especialistas solíaengañar y falsear la historia inca, peroque Murra lo utilizó para demostrar loque la gente de la época, el
hatun runa
,pensaba acerca del inca como un
huaccha cuyas
, «amoroso y amigable»con los desvalidos. Esto fue fascinantepara mí, ya que de aquí se derivaba esailusión de considerar a la sociedad incacomo una sociedad ideal, sin mal, conbuenos gobernantes, con abundantecirculación de bienes y servicios gra-cias a la generosidad del inca.Pero no se detuvo en el funciona-miento económico del Estado, su proba-ble crisis estructural, sino que tambiénanalizó las economías regionales, étnicas,aun campesinas, sometidas al dominioimperial, desde la noción –ahora ya con-cepto– de economía vertical. Antes, esteordenamiento era conocido, pero Murrale dio una relevancia hasta convertirloen una herramienta de análisis útil parael antropólogo, historiador, agrónomo,arqueólogo o biólogo, que se interesa-ban en esa racionalidad andina, perdi-da ahora, añorada por algunos y quizáimportante para pensar el Perú del futu-ro, para muchos.Siempre me he preguntado: ¿quiénera este personaje, cómo es que se con-virtió en peruanista y por qué ocultó, sicabe la expresión, durante 22 años sutesis doctoral? ¿Era un «erizo» o un «zo-rro»? Creo, sinceramente, si el finadoIsaiah Berlin lo permite, que era ambascosas a la vez. El quechua, que lo ha-blaba y que lo usaba para comunicarsecon Arguedas en los sitios más insólitos,era el violín de Zuidema y arte de Rowe,su clave personal, y lo que le permitióingresar al desconocido mundo andino.Ahora también podría preguntarme:¿por qué los tres prefirieron siemprepublicar ensayos de investigación y nolibros? La tesis de R. Tom Zuidema re-cién la editó la Pontificia UniversidadCatólica del Perú (PUCP) en 1995, gra-cias a la insistencia de su gran amigo Juan Ossio, y John H. Rowe nunca qui-so autorizar la traducción y publicaciónde su extenso estudio
Inca Culture atthe Time of the Spanish Conquest
,
 
apa-recido en el Handbook of SouthAmerican Indians, en 1946, considera-do un estudio clásico. No puedo res-ponder estas preguntas, pero seguro quelas respuestas nos revelarán esas com-plejas personalidades que no investiga-ban para ser famosos en nuestro país, nipara ingresar a ningún mercado de ideasni de libros. No he añadido nada nue-vo sobre la obra de estos tres peruanistas.Me quedaré, por el momento, con esastres claves para entender a Zuidema,Rowe y Murra, que nos revelan –dealguna manera– el secreto y la simpli-cidad de los grandes investigadores.Finalmente, para terminar, recuer-do a muchos amigos, ingenieros y agró-nomos que se interesaron en recuperartécnicas, plantas y animales andinosque habían sido prácticamente arrasa-dos por la avalancha europea del sigloXVI, que luego fueron estigmatizadospor la dominación criolla republicana.Entonces, a partir de una nueva com-prensión de lo andino, de lo indígena,los técnicos comenzaron a sostener connuevos entusiasmos, como que las cuen-cas hidrográficas había que manejarlasdesde las cabeceras altoandinas, comoen la época prehispánica, y no desde lacosta, como lo impusieron los españo-les, y que no solamente había que re-cuperar los andenes que estaban endesuso, sino que había que construirnuevos donde el hombre andinoprehispánico no tuvo tiempo de hacer-los. Esa avalancha andina, esa«andinización» del Perú, a vecespeligrosamente fundamentalista, yamostraba sus garras y era necesario en-tenderla a cabalidad para domesticarlamejor, en el buen sentido político de laexpresión.Nosotros, desde nuestra propuestade la utopía andina, entendíamos estasactitudes como parte de un gran cam-bio respecto a nuestro pasado andino,un movimiento general, a veces incons-ciente para sus mismos actores, de res-cate y recuperación de nuestro pasadoindígena. Actuábamos como el IncaGarcilaso o Guaman Poma, subjetivados,emocionados por los nuevos descubri-mientos. Esto quizá, para los especialis-tas peruanos, fue el aporte mayor de lasobras de Zuidema, Rowe y Murra: tratara los incas como otros especialistas trata-ban a los romanos, griegos, egipcios ochinos, en sus épocas de esplendor. Ellosnos ayudaron, sin duda, a hablar másfuerte, con mayor convicción yrotundidad cuando sosteníamos que elPerú moderno, el de hoy o mañana, nopodía ser una nación real, sino asumíaesa parte de nuestra historia y esa he-rencia, que estos singulares peruanistaslo presentaban como una etapa de granbrillo cultural. Murra, Rowe y Zuidema,de esta manera, resultaron, por el cami-no de la investigación social, no solo bue-nos peruanistas, sino también imprescin-dibles constructores de la moderna na-ción peruana.
* Manuel Burga (Chepén, 1942). Doctor enHistoria por la Universidad la Sorbona deParís. Ha sido rector de la Universidad Na-cional Mayor de San Marcos (UNMSM).Tiene como líneas de trabajo la historia de lacultura, historia rural andina y las mentali-dades. Ha publicado los siguientes títulos,entre otros:
 Nacimiento de una utopía: muerte yresurrección de los incas
,
De la encomienda a lahacienda capitalista
,
Los yanaconas. Antologíade lecturas
,
La vigencia de Mariátegui: feudalis- mo, capitalismo y desarrollo desigual
.1Isaiah Berlin,
Pensadores rusos
, 1978.2John H. Rowe,
Los incas del Cuzco. SiglosXVI-XVII-XVIII
, Instituto Nacional de Cul-tura (INC), Región Cusco, noviembre de 2003. John V. Murra (Odesa, Ucrania, 1916-Ithaca, Nueva York, EstadosUnidos, 2006). John H. Rowe (Sorrento, Estados Unidos, 1918-Berkeley, California,Estados Unidos, 2004).
   F  o   t  o  :   A  r  c   h   i  v  o
   C  a  r  e   t  a  s
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   E  n  c   i  c    l  o   p  e    d   i  a    b   i  o  g  r   á   f   i  c  a  e    h   i  s   t   ó  r   i  c  a    d  e    l   P  e  r   ú   S   i  g    l  o  s   X   I   X  -   X   X
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