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nieto hernández. mitología griega.

nieto hernández. mitología griega.

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04/24/2014

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PROBLEMAS DE DEFINICIÓN E INTERPRETACIÓN'El término «mitología» que figura en el título de este artículoes, como es sabido, ambiguo y de difícil definición. Por mitologíaentendemos tanto la colección o conjunto en sí de mitos de ciertasculturas como los estudios sobre esos mitos.
Y,
desde luego, notenemos ninguna definición de «mito» que satisfaga a todos losestudiosos
ni
que cubra todos los casos. Pero además, con frecuenciaencontramos «mitología» emparejado con «religión», otro términoigualmente difícil, ya que para unos será, ante todo, el conjunto deprácticas (ritos) que los hombres realizan para tratar de encontraruna cierta seguridad en un mundo siempre cambiante e impredeci-ble (contacto con la magia); para otros será la apertura del hombrea «lo sagrado», concepto igualmente elusivo, y, por tanto, tendráque ver más con las actitudes internas de la persona (es decir, psi-cología), etc.Pero, además, ¿por qué poner juntos estos dos conceptos?, ¿quérelación guardan entre sí la religión y la mitología griegas que noshace estudiarlas conjuntamente? La religión de los griegos, como esbien sabido, no es una religión revelada, no tiene un libro sagrado,ni unos dogmas; ni siquiera posee una casta sacerdotal que contro-le completamente las prácticas y los textos religiosos. Debido a estascircunstancias, la religión griega es, ante todo, tradición, una tradi-ción que vive y se manifiesta en las prácticas del culto y en unosrelatos que llamamos mitos.
'
El texto que aquí presentamos corresponde a una conferencia impartida en el curso «Lengua yCultura Clásica», organizado por la Sección local de la Sociedad Española de Estudios Clásicos enSalamanca (mayo de 1995). Desde estas páginas agradezco a los organizadores su invitación a partici-par en él, y a los asistentes sus comentarios.
 
En lo que sigue, y ante la imposibilidad de entrar en el detallede los rituales
y
fiestas, trataremos sencillamente de exponer algu-nos de los problemas a los que nos enfrentamos al estudiar los mitosgriegos y de esbozar algunas de las directrices básicas que siguenlos especialistas en la materia al tratarlos.
Y
ni siquiera así podre-mos ser exhaustivos, dada la amplitud de la materia
y
la inmensabibliografía que la acompaña. Ninguna solución -lo digo desde elprincipio- es perfecta; ninguna escuela ha logrado una panacea quetodo lo cure.
Y
es que nuestro objeto de estudio, el mito, presentabastantes complejidades y es escurridizo. Además, tanto el propiotérmino «mito» como su supuesta universalidad están en cuestión.?Pera el hecho de no poseer una definición suficiente, consen-suada, de los conceptos básicos no debe en modo alguno conduciral escepticismo general sobre la materia que hoy día parece impo-nerse. Todos y cada uno de los manuales de mitología griega al usocomienzan con este problema e intentan ofrecer una definición, sólopara señalar inmediatamente después los muchos interrogantes queestas definiciones propuestas dejan abiertos, los muchísimos casosque no cubren o, por el contrario, su enorme vaguedad, pero, si esverdad que no podemos definir ni el mito, ni la mitología, eso nosignifica automáticamente que estos términos no sean útiles y quedebamos renunciar a su uso. El caso se repite hasta al aburrimientoen otras muchas ciencias, que no poseen definiciones unánimemen-te aceptadas de ciertos conceptos básicos y que, sin embargo, siguenempleándolos, por su utilidad. Pensemos, por ejemplo, en el empleoque la física hace de conceptos como «tiempo» o «fuerza», sin queposeamos hasta la fecha una definición suficiente de los mismos.Pero nosotros ya hemos avanzado
algo
de lo que entendemos pormito, al afirmar que los mitos son arelatos tradicionales», y, hastaaquí, están de acuerdo casi todas las definiciones que se han pro-
Probablemente al encontrar en los pueblos examinados por los antropólogos «mitos» estamos pro-yectando nuestros propios conceptos sobre la materia, que arrancan del s.
XVIII,
como mostró
M.
Detienne 1981. El término «mito» ha atraído mucho la atención de los estudiosos desde que Detiennepublicara este trabajo:
v.
C.
Calame 1991,
F.
Graf 1993a. donde estudia la creación por Heyne del tér-mino
~nytltus,
R.
Martin 1989. Todos tienden a demostrar, desde distintas perspectivas, la etnocentri-cidad con que hemos creado y usado el término «mito», imponiendo sobre otros pueblos y otras cultu-ras nuestro concepto del mismo, hasta el punto de que Lévi-Strauss, padre de la escuela de ciencia mito.lógica que ha pretendido ser más «científica» en su estudio del mito, se resigna a decirnos que un mito«es percibido como mito por cualquier lector en cualquier parte del mundo».
Estudios Clásicos
1
14,
1998
 
ALGUNAS
REFLEXIONES
SOBRE
MITOLOG~A
RIEGA
9
puesto en los últimos años: Kirk (1 97O), Burkert (1985), Graf (1993),etc. Esta afirmación, sin embargo, resulta excesivamente amplia yrequiere una serie de matizaciones.1. En primer lugar, lo que entendemos por mito no coincide conningún tipo particular de texto o de género literario. Podemos encon-trar
-y,
de hecho, encontramos- la misma historia básica contada entextos tan distintos entre sí como la poesía épica, la lírica coral, la tra-gedia o, incluso, en prosa, en las narraciones de los historiadores, etc.Frente al género literario, pues, los mitos tienen movilidad.
2.
Mientras que una obra concreta tiene un autor, el mito no. Estosrelatos se han transmitido de generación en generación sin que nadiesepa quién es su autor concreto. Es esto lo que queremos decir cuandoles aplicamos el adjetivo de tradicionales. Hay, acerca de ellos, la concien-cia de que sus orígenes se han perdido para siempre en la noche de lostiempos. Por ejemplo, Platón, cuando habla del mito de Atlántida, seña-la que lo oyó contar a su tío Critias, quien lo había oído de su abuelo,quien a su vez lo había recibido de su padre, quien lo oyó contar a Solónque, por su parte, lo había escuchado en Egipto
(Timeo
20e-21e).3. El que los mitos se conserven y prosigan en la tradición deuna sociedad tiene que tener una razón de ser. Por decirlo en pala-bras de
F.
Graf (1993, p. 3): «Un mito hace una afirmación válidaacerca de los orígenes del mundo, de la sociedad y sus institucio-nes, de los dioses y su relación con los mortales, en breve, acercade todas las cosas de las que depende la vida humana». Existe paraello, además, un tácito consenso social: es decir, esta visión de lascosas que los mitos proponen es aceptada por la sociedad en su con-junto. Esto no significa que -como se ha dicho en ocasiones- losmitos ofrezcan una mediación entre extremos, o resuelvan proble-mas. Sí, en cambio, reflejan los valores sobre los que se asienta lasociedad, expresan la forma en que esa sociedad ve el mundo
y
seve a sí misma y también las tensiones y conflictos que viven en suseno, sin darles nunca una solución unívoca, clara, simple ni trans-parente. Al reflejar los valores de la sociedad, los mitos los reafir-man y los transmiten a las generaciones subsiguientes. Por ello, losmitos tienden a ser conservadores, a mantenerse en el tiempo; seresisten -como las sociedades mismas- a morir
y
a cambiar. Pero,a la vez, puesto que las soluciones que ofrecen no son claras
ni
uní-vocas, están sujetos a la reinterpretación y, por eso, a un cierto cam-
Estudios Clásicos
114, 1998

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