Manualesde instrucciones,
En las condiciones del presente, marcadas por un capitalismo queencarna de forma creciente un «sistema de arrase» tal como lo hascalificado, ¿qu cabe esperar de la poesía? ¿Qu vínculo planteacon respecto a la cultura masiva hegemónica?Hay que esperar lo imposible de la poesía: que destapevías de transformación. Para eso debe dejar de ser una prácticaalienante que alterna entre la eternidad y la contingencia. La poe-sía siempre es contingencia. O no es de primera necesidad. No hayque envenenarse con lo eterno. Esos son los dueños del Poder Po-tico, que tambin existe. Y tiene más seguidores que nosotros posi-bilidad de seguir hablando. La poesía es una cantidad considerablede prdida. Trabajar con la prdida es lo más difícil que hay. Hayque pararse ante los oidores —raros los escuchas, empalidecen deraros— y decir: «La poesía es prdida. ¿Quieres perder?» El quequeda te lee.Teniendo en cuenta un momento histórico en el que el lenguaje esfrecuentemente vaciado, normalizado y despojado de su peligro-sidad, ¿qu estrategias deberíamos alentar para recuperar usospoticos de la palabra más subversivos, incluyendo el registro del«balbuceo»? ¿Qu resquicios existen para un discurso potico re-sistencial?Creo que hay que comunicar —en la acepción de hacercontacto, no de intercambiar sentido— por lo no necesariamentecomunicable. La comunicación es un «algo más» potico, pero noes el sentido del poema. Tampoco el enclaustramiento. Hoy es másimportante dejar suspendido que cerrarse. El valor del erizo que leotorga Derrida a la poesía es correcto. Es el gran valor de la poesíasu erizamiento y su capacidad de erizar, de erizar por erizamiento,no por horrorizar, no por poner los pelos de punta. Aquí no hayproblemas de comunicación. Ese no es ya el tema. Lo incomunica-ser coherente con el tiempo que corre— totalmente impensable.Un poema de amor: lo impensable dentro de lo incierto. Un poe-ma de amor sale entero, es producto de epifanía, no se discute.No se juega con las palabras en un poema de amor salvo quesea un poema de amor que no quiere ser poema de amor. Es eltipo de poema que saturó el mercado. Hay un imposible poti-co: transmitir convicción de sentimiento sin caer en chantajesentimental. La poesía latinoamericana es de las más chantajis-tas del mundo: desde el descubrimiento, pasando por la coloniahasta las sociedades modernas y dictatoriales. Si la realidad fuebrutal, la poesía que la lamentó fue peor. No todo el mundo esel inca Garcilaso y Guamán Poma. No todo el mundo es Daríoo Carlos Martínez Rivas. No es que se llore mucho: se lamentamucho. La lágrima, la pera cristalizada que desborda el ojo, eslo mejor del poema de amor en Amrica Latina porque es total-mente infrecuente. O el distanciamiento frío, irónico del «Poe-ma Veinte» de Neruda. El amor es padecimiento y alegría. Peroel poema de amor es sólo elegancia.En el contexto presente, proliferan algunos clanes poticos do-minantes que, al apropiarse de las industrias editoriales y pre-tender colonizar el campo cultural, parecen enfrentar a otrostantos poetas a la disyuntiva de reproducir esa lógica del clano arriesgarse a caer en el ostracismo. ¿Qu otras alternativasse hacen imaginables para aquellos que no se resignan a estadisyuntiva? ¿Cómo participar en un «exilio de la lengua» que nosea condena al mero silencio o a una marginación forzada?Ese es el límite potico. La poesía tambin puede seresa instancia de resistencia por pura poesía, esto es, no sólocomo arma contra un sistema: por poesía, por devoción a unapráctica acotada. Augusto de Campos daba el ejemplo del oso:ble es difícil de manipular, es cierto. Pero más que incomunicadosestamos desolados. Somos impotentes ante cómo marcha el mundoy ante el hecho de que no todos estamos así. Esto es un devenirideológico-moral de la poesía que no todo el mundo suscribe porquela poesía no tiene que ver, en principio, con eso. Es lo que mueve ala ira de la actitud de los «neutrales» de la poesía: se vuelven prin-cipistas, esencialistas. Conjugan proletariado y monarquía por lamagia de la rima. Se vuelven los verdaderos humanistas, Petrarcas.Sin embargo, la poesía no es cualquier historia ni todo el mundoes poeta. Lo primero es responder con lo específico, despus mar-chamos. Lo nuestro es la palabra, las relaciones con las palabras.No somos los únicos. Pero le damos un sentido distinto a ese usoverbal. El problema es la exclusión de ciertas áreas de significaciónque otorgan sentido. Es lo que hace el poder mediático-consensual.Se diría que somos criminales porque no estamos de acuerdo con sumanera de manejar el lenguaje. Su manera de manejar el lenguajede la realidad y la realidad del lenguaje es totalmente elemental.Un problema hoy es «¡otro problema más!», es un cansancio. Noqueremos más problemas. ¿Qu es lo que queremos? Hay que re-comenzar la tarea de la poesía como una forma distinta de gratifi-cación. Amenazar con lo difícil. Escamotear posibilidades fáciles.La gran frase de Bush en Irak: «Pueden no haber armas de des-trucción masiva pero pueden surgir Oportunidades». Eso es buenopara los asesinos, los inversionistas y los Directores del Caos. Nopara la poesía. Hay que restringir las oportunidades. Pero no estoyhablando de ninguna agitación. Esto es lo que entiendo por com-promiso: elección. El mundo actual siempre es corregible, si no espor aquí, es por aquí, si no es Dadá, es barroco. No: hay que elegir.Ir al tanteo está bien para empezar. Pero despus hay que elegir uncamino. Trabajar con lo inaccesible de la poesía. Hay un costadoaccesible en la poesía. Pero hay uno inaccesible. Si quieres jugartura —no, al menos, con el partido que sacan de sí mismos y de sussucederes trágicos algunos otros— porque el armado azaroso-desti-nal parece inventado, inverosímil. Lo que es grave o alegre pareceque se vuelve solamente banal, chantaje para ganar premio.La banalización de la experiencia amorosa propiciada por las in-dustrias culturales dominantes a menudo impide reconocer su sig-nificación profunda en la existencia humana. ¿Cómo escribir poe-sía amorosa aún y, en especial, cómo reconstituir una concienciaamorosa diferente a lo «ya pensado» y a lo «ya sentido» tal comonos previene Mario Perniola?Un ser humano es un ser movido por el deseo. «Amor» esuna palabra que pertenece al lenguaje de las telenovelas latinoa-mericanas (que algunos personajes de la izquierda suelen producircon gran rentabilidad en Venezuela, Mxico o Colombia) y al sigloXIX, a los bancos de hierro de plaza de provincia. Los brasileñosno dicen «amor»: dicen «sexo». Les encanta deducirse de su mode-lo: el norteamericano. De hecho, es la primera sociedad latinoame-ricana penetrada por el modelo y sigue siendo de las más fuertesen convicción de consumo. Su amor por su propio cuerpo, cuyametáfora exterior es la playa, es proverbial. Los brasileños perdie-ron la intimidad en la playa bajo el sol de Ipanema. Nosotros —losconosureños para-hispánicos— la perdimos con las vanguardiasesttico-históricas. Quiero decir: hay niveles. Cuando los norte-americanos empezaron a «to have sex» nosotros empezamos a dejarde tener «amor». Todo el mundo puede hacer lo que quiera —estees el mundo de la Gran Habilitación—: nosotros, quiero decir, lagente de poesía, no puede vivir sin amor. Lo dijo Dante: «El amorque mueve el sol y otras estrellas». Nosotros, «otras estrellas», tam-bin somos movidos por el amor. En cuanto a escribir: un poemade amor es —dentro de la lógica potica actual, incierta si quiereen la lógica olímpica pre-capitalista de ganar-perder, ahí ganas.Existe el enemigo. Va a negar que lo es. El enemigo debe saberque la poesía es una forma de tomar partido tan responsablecomo cambiar el mundo. No es una cuestión de mantenimiento.A este mundo lo mantienen ellos y lo sostenemos nosotros.¿Tiene algún valor todavía reivindicar un «sentido del compro-miso» que no sea una sola declaración de buenas intenciones?¿Y de qu hablamos cuando hablamos de compromiso?Creo que ya contest arriba. Pero alargando el razo-namiento del lugar común: compromiso es el ritual anterior acasarse, que es lo que se hace con la poesía. Casamiento es unapalabra que no me suena. Bodas.¿Qu especificidades crees que singularizan un texto potico delos demás textos artísticos (verbales, icónicos, sonoros), inclu-yendo aquellos que se inscriben dentro de gneros literarios ta-les como la novela, la biografía o el ensayo?Diría que el texto potico carga de manera singular suconstituyente esencial, la palabra. Es un inaprensible denso.Eso es lo primero: un poema es una entidad paradójica. Es perono es, sirve pero no sirve, muere pero no muere. Parece un siglode oro. Pero es un siglo de piedra. De fuego, aire, agua y piedra.El poema termina en aire pero empieza en piedra. Luego, lasrelaciones entre las palabras no son instrumentales, es decir, noestán encaminadas a un tipo de comunicación, de un «saber elmundo». La poesía destapa, abre, irradia. El texto potico notiene un límite específico. Puede saltar al ensayo, puede «rela-tarse» y «relatar», todo en su interior. Si hay una especificidad,es la conciencia de su materialidad, de su espesor material. Deeso creo que no hay duda. Para cumplir, cumplirse. Eso, en lodre prolongó mi infancia, en el sentido en que —aunque publiquen seguida de su entrada a prisión (a «Libertad», así se llamaba elcampo)— infancia es «lo que no habla». Es como si esa poesía estu-viera escrita pero no hablara. Para mí es muy importante esa partepotica de mi vida: desentrañando eso entiendo más de escrituraque leyendo a la inexistente crítica literaria de esta poca. Para sa-ber de poesía hay que leer los signos del humo, no a la crítica litera-ria. Eso parece una maldición en la que caemos todos: las clases, lasfatídicas clases de literatura. Pero antes había sido marcado por lamuerte de mi madre, cuando estaba por cumplir dos años. Rastrosdel Sur: mi madre era brasileña, mi padre uruguayo. Brasil fue laprimera dictadura —1964— militar latinoamericana, la mejor poe-sía latinoamericana. Estuve a caballo de dos lenguas en un caballode dos lenguas: nunca perdí eso. Muchas veces pienso en portugusla sonoridad y la escribo en español. Finalmente, ese azar de misapellidos me tenía que ayudar a escribir. Lo que no tiene la músicabrasileña es conciencia crítica. Los tambores son muy lindos. Peroes más tambor el silencio que va de un tambor a otro, la pausa—no la paz— entre tambores. Ese silencio es conciencia. La puso lapoesía concreta en 1950 y, antes, en 1928 Oswald de Andrade con el«Manifiesto antropófago», de donde deriva —en trminos críticoslocales— la poesía concreta. Siempre supe que mi conflicto poticoiba a ser precisamente con el «lugar de enunciación». Que de la con-ciencia de que había una falta ahí, luego una sustitución ahí, unamovilidad, un cruce de frontera ahí, iba a surgir mi posibilidad deescribir resaltando, precisamente, imposibilidades.El concepto de frontera es importante para mí: no sólo porque nacíen la frontera entre Brasil y Uruguay o porque mi madre se ape-llidaba Damilano y mi padre Milán: porque mi nombre significa«guardián de la frontera». En trminos de creer en las mitopoticaspersonales uno cae. Por eso no me gusta hablar de mí en mi escri-que respecta al adentro. ¿Qu juega específicamente afuera, enun mundo que se apoderó del afuera? Creo que debe descolocar,desamarrarse, en la medida de lo posible. El texto potico tienealgo de perseguido. No porque haya delito detrás –no más delitotiene el poema que dejar un lugar, una patria, un amor, unafuente o una sombra de ave del paraíso. Sin dejar de ver quetodo eso puede venir detrás del poema. Sino porque se colocaen esa posición de incomodidad, crea espacios de incomodidaden relación a la reglamentación del espacio. No creo que el textopotico desconfíe de las cosas. Tal vez de sus nombres. Sí, sinduda, de su posición. No porque las cosas esencialmente estnfuera de lugar y el texto potico venga a regular lugares, en unadevolución ontológico-espacial. Simplemente, porque los espa-cios no son inocentes. Nacimos con espacios ocupados. Hay quehablar de la manipulación del pasto. En ese sentido no creo queel texto potico venga a devolver nada. Pero sí viene a redistri-buir el campo de acción. Y si no viene a eso, es mejor que novenga a nada. Pero eso no ocurrirá.En tu modulación potica, ¿qu rol juega tu infancia, afecta-da por una situación de represión política propiciada por lasdictaduras militares latinoamericanas? Más ampliamente, ¿qurastros del Sur —como lugar de enunciación- habitan tu discur-so potico?Fui marcado por la cárcel de mi padre. Estuve seisaños conviviendo —de 1973 a 1979— con su prisión desde afue-ra, yndolo a ver. Luego no pude más y salí al exilio. Mi padreestuvo seis años más preso, lo que duró la dictadura. Total decárcel: 12 años. Saldo personal de la cárcel de mi padre: uncáncer que lo mató. La medicina uruguaya post-dictatorial leprolongó la vida como pudo. Es muy buena. La cárcel de mi pa-
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