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UN REPASO A LA BIBLIOGRAFÍA DE APARICIO SARAVIA

UN REPASO A LA BIBLIOGRAFÍA DE APARICIO SARAVIA

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Revista «La Gaceta» Agosto, 2004
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Visto en la perspectiva de un siglo, la figu-ra de Aparicio Saravia parece dominar el escena-rio no solamente desde el partido en que militósino en toda la dimensión de la política nacional.Sin embargo, es interesante observar que la me-moria de Saravia ha tenido altibajos, momentosde caída y otros en los que su figura adquieremayor presencia en la memoria. También apare-cen modificaciones en la descripción del perso-naje: su personalidad presenta característicasnuevas con la incorporación de aspectos queno eran mencionados antes, y que no aparecenapoyados en ningún documento verificable. Eneste artículo se intenta repasar las líneas genera-les de ese recorrido, y comentar los abordajes pro-piamente historiográficos de su figura, tomandopor base aquellos libros que incluyen toda la ac-tuación de Aparicio Saravia o que abarcan en suconjunto a las revoluciones uruguayas que lo tu-vieron por jefe.
a) La construcción de una biografía.
Aparicio Saravia se hizo visible por pri-mera vez en la historia uruguaya a fines del año1896, cuando realizó un frustrado intento revolu-cionario que no logró reunir a la mayoría de losnacionalistas de la oposición, y terminó internán-dose en Brasil al cabo de pocos días de iniciadaslas operaciones. Pero pocos meses después, la re-volución de 1897 marcó el comienzo del firme as-censo de su figura dentro del Partido Nacional;en el lapso de pocos meses pasó de ser (en mar-zo) un colaborador espontáneo del movimientoy jefe de una fuerza casi auxiliar, a transformarseen la primera figura al encabezar (en agosto) ungolpe contra la Junta de Guerra circunstancial-mente presidida por Duvimioso Terra. Esta trans-formación, que marginó a muchos dirigentes delpartido, no dejó de despertar resquemores contraun caudillo que aparecía como un recién llegadoque cosechaba los laureles a costa del esfuerzoajeno.Pero, en un proceso de rápida construc-ción de la memoria, los acontecimientos de 1897también permitieron recomponer la experienciade 1896 mostrándola no como un intento frustra-do, sino como el preámbulo del gran movimien-to del año siguiente. Uno de los primeros relatosde aquel episodio fue el que publicó Joaquín
UN REPASO A LA BIBLIOGRAFÍA DEAPARICIO SARAVIA
CARLOS DEMASI
Muñoz Miranda con el título La Revolución delos Comicios en la revista La Alborada, queConstancio C. Vigil editaba en Montevideo des-de marzo de 1898. Esta serie comenzó a aparecerel 24 de abril de ese año y se prolongó con inte-rrupciones por varios meses, hasta febrero del añosiguiente; sugestivamente, a partir de cierto mo-mento la serie fue acompañada de otra, Colazosde la Revolución de los Comicios donde el au-tor replicaba a corresponsales que cuestionabansu versión de los acontecimientos. Finalmentedejó de aparecer la serie y sus Colazos. Esinteresante ver que en este relato todavía la figu-ra relevante es Eduardo Acevedo Díaz, (nues-tro segundo Bernardo Berro) mientras queAparicio Saravia es introducido sin mayor preám- bulo: El señor Sergio Muñoz [fue a] saludar yvisitar tanto a Chiquito como al general Aparicio,que pocos meses antes llegara de la contiendariograndense. Según este relato, Sergio Muñozhabría sido quien inició los contactos nacionalis-tas con Aparicio: luego de escuchar los relatos deéste sobre la campaña de Río Grande, Muñoz lehabría comentado la situación política de nues-tro país y la necesidad de derrocar al funesto go- bierno del analfabeto [sic] Juan Idiarte Borda. Aese avance, Aparicio habría contestado:por ahora no quiero inmiscuirme ennada [] porque no quiero despertar sospechasen el gobierno. Esta reunión habría ocurrido el25 de mayo de 1896. Poco tiempo después, el 9 deagosto, se habría producido otra reunión, dondefinalmente Muñoz habría logrado vencer la reti-cencia de Aparicio, que permaneció siempre ne-gándose a dar su nombre, hasta que Muñoz con-siguió demostrarle acabadamente lo que espera- ba y lo que deseaba de él nuestra gloriosa colecti-vidad política. [] Las frases de Muñoz, consi-guieron, no encuadrar precisamente en la corrien-te revolucionaria al general Aparicio, puesto queéste era más revolucionario que nadie, sino elabierto concurso del jefe nacionalista. [La Albo-rada, Nº 6, págs. 3 y 4]Esta temprana imagen del caudillo es su-gestivamente lacónica; el autor no se preocupapor los antecedentes sino que lo presenta comoun centro de poder, válido por sí mismo. Por otraparte, la actitud de un Aparicio reacio a dar suconcurso al movimiento revolucionario es poco
 
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APHU - Asociación de Profesores de Historia del Uruguay
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frecuente en la bibliografía posterior, que ha pre-ferido mostrarlo como empeñoso organizador dela revolución. Luis A. de Herrera, en Por la pa-tria
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lo presenta así, animoso por reanudar elcombate:Hecha la paz de manera honrosa [
se refierea la revolución riograndense
], Saravia huyendo delos agasajos de la popularidad, vuelve a su estan-cia para dedicarse al cuidado de sus interesesabandonados; pero dominado por el insigne idealque fascina su inteligencia, ofrece antes al Direc-torio del Partido, el concurso de su persona. Él,está siempre pronto a cumplir con su deber.[Herrera: I, 75]En este primer momento, las actitudes ycomportamientos de Aparicio todavía son objetode críticas, desde las más sutiles como las que dejacaer E. Acevedo Díaz, hasta la artillería pesadaque le descarga Florencio Sánchez en sus célebresCartas de un flojo. Herrera se siente obligado aaclarar que ha repasado los antecedentes deAparicio para aclarar que el general Saravia noera un aventurero, ni un advenedizo, ni un cabe-cilla de disensiones vulgares, cuando entró a ac-tuar entre los suyos [Herrera: I, 76]Debe entenderse que la imagen de Aparicioes aún la de uno de los jefes más destacados den-tro del Partido, pero no alcanza la preeminenciaque se le concederá luego de 1903, y sus antece-dentes en la política partidista no aparecen muyclaros a pesar del entusiasmo de Muñoz Miranday de Herrera. En cambio, ya en 1903 y 1904 lafigura de Saravia es la que se destaca nítidamen-te dentro de su partido: Roberto J. Payró, envia-do desde Buenos Aires para cubrir el movimien-to de 1903, lo señala como el jefe principal delPartido
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, una realidad que se imponía a sus ojosya que hablaba de un caudillo que a su sola con-vocatoria había logrado concentrar varios milesde partidarios en Nico Pérez. Este episodio podíainterpretarse como una revancha personal delepisodio de 1896, y también como la consagra-ción definitiva de su liderazgo: luego de las pro-fundas convulsiones vividas por el Partido Na-cional desde 1897, de las cuales la más recienteera el episodio sin precedentes de la expulsión deE. Acevedo Díaz, la reunión de Nico Pérez signi-ficaba un voto de confianza de todos los partida-rios. Por otra parte, también para muchos de és-tos la convocatoria representaba la oportunidadde rehabilitar los pergaminos partidarios luegode la caída del colectivismo y la virtual desapari-ción del grupo de los asequibles. Javier de Viana, en Con Divisa Blanca
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(publicado cuando todavía se desarrollaba la lu-cha en el Uruguay), continúa la línea de exalta-ción personal del caudillo que sigue Luis A. deHerrera (más justificable en el caso de Viana si sepiensa que está haciendo propaganda revolucio-naria), pero no se extiende en la descripción delos antecedentes. Aquí se lo presenta como el jefeindiscutido del partido y de la revolución, ya uni-ficados en un solo conjunto: ha desaparecido laposibilidad de ser blanco y no ser saravista.Sin embargo, este liderazgo debe superarpruebas difíciles: Saravia no es un talento mili-tar
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, y algunos episodios de la revolución de 1904muestran sus dificultades para aceptar que debemodificar sus decisiones en circunstancias impre-vistas, tal como ocurre en la batalla de Paso delParque. Javier de Viana todavía se encontraba in-tegrando las huestes revolucionarias (aquejado deproblemas de salud, se fue a Buenos Aires a finesde marzo) y relata la batalla con detalles: en estasituación la imprevisión de Saravia es notoria,pero el cronista prefiere subrayar su arrojo y suentereza en el combate y la retirada, y de esa ma-nera ahorrarse las explicaciones de las causas dela derrota:Las carretas del parque, los carros y carrua- jes con heridos, hacían más formidable el atasca-miento, hasta llegar un momento en que era im-posible avanzar, en que la confusión estaba cer-cana al pánico. En ese momento apareció allí elgeneral Saravia. Su sombrero blanco no tenía yaforma ni color; su poncho blanco estaba maculadopor el lodo y la pólvora; sus ojos buenos teníanuna dura expresión imperativa; sus labios tem- blaban, su pequeña mano morena tenía nerviosi-dades amenazantes. Cuando apareció por allí, fuecomo si hubiese aparecido el sol en un día nubla-do. Fue un grito formidable:¡Viva el general Saravia! ¡Viva el Parti-do Nacional!El caudillo, sin hacer caso a los vítores,espoleó su caballo, se lanzó al vado y exclamócon acritud:¿No tienen vergüenza de disparar así,como si estuviésemos derrotados? Afuera todo elmundo y que nadie pase mientras no haya pasa-do el parque. []Aquella voz produjo un efecto mágico []¡El general estaba allí! [Viana: 162-163]El infortunado final de la revolución de1904 provocó una larga pausa en la bibliografíasobre Aparicio Saravia. Por varios años dejan deaparecer libros sobre su figura o sobre sus haza-ñas; las evocaciones se limitaban a los aniversa-
 
Revista «La Gaceta» Agosto, 2004
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rios, y aún entonces resultaba difícil encontrarpalabras para delinear su figura. Recién en 1920se escribe la primera biografía de AparicioSaravia, y su autor será un periodista y militarcolorado, José Virginio Díaz
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. Aunque las preten-siones científicas muy al tono de la época puedendeteriorar un poco la calidad del relato, la infor-mación que aporta Díaz es de primera mano ytiene mucho valor testimonial: el autor se encar-ga de señalar que ha sido el único periodista querecorrió varias veces el territorio de los Saraviaentre 1897 y 1904 y que compartió con el caudillomuchas confidencias y conversaciones mano amano. El valor de su testimonio aparece subra-yado por la inclusión, por primera vez en libro,de las cartas que intercambiaron Aparicio yBasilisio durante la campaña de 1897 y que Díazhabía publicado en la prensa en 1903.Este curioso aporte de un colorado (quemilitó en contra de Aparicio en las revolucionesy que anota varias puntas críticas en su relato) nofue respondido por ninguna biografía de origennacionalista, a pesar de que los tiempos parecíanpropicios: en enero de 1921 fueron repatriados losrestos de Aparicio Saravia e inhumados en Mon-tevideo; y además de la publicación del libro deDíaz, al año siguiente apareció la Crónica deMuniz de Justino Zavala Muniz. Aparentemen-te la única publicación que se realizó en esa opor-tunidad fue la reedición de la crónica de Javier deViana
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. Hay que esperar hasta 1942 para que apa-rezca la primera biografía de Saravia escrita porun integrante de su propio partido, la Vida deAparicio Saravia de José Monegal
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.En su relato Monegal continúa esa formade hagiografía laica iniciada por Herrera, dondeAparicio ocupa el centro del escenario y es el queconcede sentido a los acontecimientos: de su ladoestá lo bueno y lo justo, por lo que la discre-pancia con el caudillo coloca a cualquiera en elpolo negativo del relato. Aparentemente esMonegal quien construye la historia de la partici-pación de Aparicio en la revolución de 1870
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, vin-culándola con el relato de su huida del colegio deMontero Vidaurreta en Montevideo (este relatose encuentra en el libro de J. V. Díaz, pero no ha- bía allí ninguna referencia a la incorporación deAparicio a la revolución)
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. Importa señalar la os-cura reseña de la conjuración que realizaron al-gunos caudillos blancos para matar a Aparicio,que califica de proceso de pensamientos y de ac-ciones, silencioso, subterráneo, siniestro.Monegal declara haberlo extraído de los archivosde Saravia pero que resume en líneas generalessin aportar nombres, argumentando:Nombres y apellidos de magnífica reso-nancia aquellos, antes y después del caso, ¿paraqué ponerlos aquí? La tristeza que nos daría alescribirlos sería muy grande. Esos nombres y ape-llidos tienen propios fulgores en la ancha corrientede las revoluciones de Aparicio. Quizás por eso,por ese noble y amplio agradecimiento que el cau-dillo guardaba como una de sus más preciadasprendas, él no quiso desdorarlos llevándolos a laconciencia pública. Menos, pues, podemos hacer-lo nosotros. []Todos saben de él. Sin embargo, no apare-ce en las crónicas que hablan del caudillo. Se hacallado por delicadeza, por afecto, por discreción,hasta por temor quizá. El mismo Saravia trató deque cayera en el olvido. [Monegal: 441]Corresponde decir que pocas veces apare-ce explicitado con tanta sinceridad el ocultamientode información (que también implica distorsiones:muy probablemente Monegal en su libro dispen-se elogios por su lealtad a esos mismos nombres).La biografía de Monegal coincide en la fe-cha con la que Manuel Gálvez publica en BuenosAires
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; pero luego transcurren casi 15 años desilencio biográfico, solo interrumpidos por el li- bro de González
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. El impulso editorial se recu-pera en 1956 cuando aparecen dos nuevos libros,el de Nepomuceno Saravia García
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y el de LuisPonce de León
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; ambientado sólo en parte por lainauguración del monumento a Saravia en Mon-tevideo (recuérdese que la repatriación de los res-tos en 1921 no activó ningún reflejo editorial en-tre los nacionalistas). Nepomuceno Saravia utili-za buena parte del material del archivo de su pa-dre, y aunque presenta a su libro como las Me-morias, estrictamente puede leerse como unaautobiografía por el carácter testimonial de casitodo el relato, y por su prolongación en un capí-tulo (Relatos posteriores a 1904) donde hablade sus opciones políticas y donde también criticafuertemente a Luis A. de Herrera por sus actitu-des posteriores a 1930.Por su parte, Ponce de León es el primeroque pone la preocupación por la libertad de su-fragio en el centro de la acción bélica de Saravia:téngase presente que tal aspecto no había sidoreivindicado anteriormente: un comentarista tan benévolo como Herrera, apenas lo señala cuandoenumera las ganancias de la Paz de 1897:Puso cimiento sólido a la felicidad de to-dos los orientales imponiendo el gobierno de co-participación.Preparó la regeneración, tan indispensable,

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