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LA CASA DE LA JOYA

LA CASA DE LA JOYA

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http://www.bubok.es/libros/224871/LA-CASA-DE-LA-JOYA ¿Asesinatos o accidentes fortuitos?. ¿Será Julia, mujer joven, atractiva y actual, capaz de desentrañar el misterio que rodea a las terribles muertes que asolan el tranquilo valle junto al Mediterráneo?. En La Casa de la Joya, nada es lo que parece y el lector se convertirá, al lado de la detective, en el propio protagonista de la novela.
http://www.bubok.es/libros/224871/LA-CASA-DE-LA-JOYA ¿Asesinatos o accidentes fortuitos?. ¿Será Julia, mujer joven, atractiva y actual, capaz de desentrañar el misterio que rodea a las terribles muertes que asolan el tranquilo valle junto al Mediterráneo?. En La Casa de la Joya, nada es lo que parece y el lector se convertirá, al lado de la detective, en el propio protagonista de la novela.

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CAPITULO 1
1Mi dico me haa recomendado un lugar tranquilo en la costa pararecuperarme de la crisis nerviosa que estaba padeciendo. El exceso de trabajoy una relación sentimental fracasada me habían sumido en el deplorableestado de ánimo que me acompañaba desde hacía varios meses. Elegí paramis vacaciones obligatorias el mismo sitio al que siempre me encaminaban miscrisis. Un pequeño pueblo al sur, a la orilla del mar y al mismo tiempo próximoa la montaña. Una aldea en la que siempre había hallado la paz y el sosiegonecesarios para enfrentarme a mis miedos e inseguridades. Cerca de mi hogar y de mis amigos, pero lo suficientemente lejos como para gozar de la soledadque mi espíritu necesitaba. Había alquilado una casa bastante aislada, situadasobre una montaña y tan próxima al océano que, desde el mirador principal,podía ver romper las olas contra los riscos. La cala que se abría bajo ella erabastante parecida a una playa privada, pues el acceso desde fuera de la finca,era escarpado y peligroso y los pies, podían resbalar con facilidad sobre losguijarros sueltos. El edificio estaba rodeado por un alto muro de piedraspizarrosas y para llegar a él había que tomar un escondido camino lateral quesalía de la carretera general y que, para el que no conocía su exacta ubicación,pasaba totalmente desapercibido. El jardín estaba formado por macizos deflores y árboles frutales y se extendía hacia la parte trasera como un mantoverde, sombreado por palmeras y árboles tropicales, descendía hasta la mismaplaya. A medio camino entre la casa y el mar se había allanado el terreno y, se
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había construido una glorieta en cuyo centro, destacaba una hermosa piscina ala que se accedía por medio de una zigzagueante escalera de madera conamplios rellanos que llegaba hasta la puerta que daba salida a la cala. Fuerade la propiedad había una pequeña casa donde habitaban los guardeses. Unmatrimonio mayor y bastante agradable que se encargaban del mantenimientode la finca y que me comunicaron, nada más llegar, que tenían órdenes decontinuar haciéndolo durante mi estancia. Acordé con ella que aparecería por la vivienda un par de veces por semana para hacer la limpieza. Después detodo un gasto más, me daba igual. Alquilar aquella propiedad me había costadomis ahorros de los últimos tres años. Sin embargo, por primera vez en mi vidatener o no tener dinero había dejado de preocuparme. Si lo pensaba bien,debido a mi trabajo, cualquier día podía terminar con un tiro entre los ojos.¿Para qué me iba a servir entonces tener ahorros?. Por consiguiente, ladecisión de estar allí me parecía la más acertada que había tomado en muchosmeses.Cuando ya llevaba el tiempo suficiente como para que mi piel cetrina hubiesetomado el color dorado del sol y la ausencia de trabajo, a pesar de lo que habíadicho mi médico, comenzaba a pesarme, recibí una llamada telefónica que meanunciaba para el día siguiente una inesperada visita. Al colgar el teléfono mequedé pensativa y reflexioné sobre lo que aquello podía significar. Desde elprincipio tuve claro que, Marta, venía a crearme problemas, su presencia en micasa no se iba limitar a ser una visita de cortesía. Para interesarse por misalud no perdería un día de su valioso tiempo. No, Marta, venía por cuestionesde trabajo y para involucrarme a mí en uno de sus muchos y aburridos líos.Pero había algo más, ya que nunca se hubiese desplazado personalmente si
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no fuera algo importante, porque igual que había delegado la llamada telefónicaen su secretaria, hubiera hecho lo mismo con la visita a mi casa y habría sidouno de sus muchos empleados el que viniera a verme. Sí, lo que se traía entremanos debía ser de suma importancia. Además, sabía perfectamente queestas eran mis primeras vacaciones después de mucho tiempo y que yo era losuficientemente cabezota como para no abandonarlas sin un motivo queverdaderamente lo justificase. De pronto, me di cuenta de que estabarealmente intrigada y comprendí que mis días de ocio, al menos de momento,estaban a punto de concluir. Sonreí al pensar en lo lista que era Marta y en lobien que me conocía. Estaba segura de que había esperado con ansiedad aque pasaran estas primeras semanas antes de decidirse a decirme algo. Nocabía duda de que me conocía bien, ella sabía que después de veinte días sinhacer otra cosa que pasear por la orilla del mar, leer un libro o ver la televisióny darme un baño de vez en cuando, yo estaría comenzando a aburrirme y hartade tanta paz y tranquilidad. Todavía no sabía qué iba a proponerme y ya casien mi mente lo había aceptado. Incluso si lo pensaba bien, fuese lo que fuese,no me iba a quedar más remedio que aceptar su proposición. Primero porquenecesitaba dinero, no urgentemente, pero lo necesitaba y segundo, porquecuando dejé mi trabajo como policía judicial, harta de asesinatos, robos,estafas y tráfico de drogas y me establecí como investigadora privada por micuenta, fue Marta como propietaria de una de las más grandes agencias deseguros del país quien me contrató por primera vez y me proporcionó a lamayoría de los clientes que actualmente todavía conservo. Mi vida es ahora,desde luego, más tranquila y menos peligrosa que lo era hace unos años yprincipalmente, mi tiempo está mejor remunerado. Justo en ese momento supe
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