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Lee Miranda - A Cara o Cruz

Lee Miranda - A Cara o Cruz

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A CARA O CRUZ
A DATA WITH DESTINY
Miranda Lee
Harlequín Bianca nº 771 - 24.1.96Nadie había aprobado el matrimonio de Salomé con Ralph Diamond. Todoscreían que se había casado por su dinero, cuando la realidad era queSalomé se había casado por amor. Tampoco entendieron por qué luegoRalph se había divorciado de ella. Ahora Salomé tenía un apartamento queno quería, conseguido en el acuerdo de divorcio, y un vecino al quetampoco quería. Mike Angellini, propietario de un famoso restaurante,siempre le había dejado claro que la consideraba una cazafortunas. ¿Porqué entonces Salomé accedió a cenar con él?
Capítulo 1
-ADELANTE, señora Diamond.Salomé miró con frialdad al hombre que seguía sentado detrás de suescritorio.-Es usted muy puntual -añadió él, con una breve mirada a su reloj.-Ralph no era un hombre a quien le agradara esperar -respondió, antesde caer en la cuenta de que estaba hablando de su marido en tiempopasado.Pero entonces llegó el amargo recordatorio de que, para ella, RalphDiamond era el pasado. De lo contrario, Charles Smeaton, consejero legalde Ralph desde hacía muchos años, se habría levantado, le habría tendidola mano con cortesía y habría sonreído debajo del bigote, que era delgadocomo un lápiz. En vez de ello, le señaló con frialdad el sillón desocupado,frente a su escritorio.Salocerró la puerta del despacho con más cortea de lagarantizada por su agitacn. Camisobre el suelo alfombrado,consciente de que los ojillos de Charles recorrían su atractiva figura con unainsolencia que jamás se habría atrevido a mostrar delante de Ralph.Pero se sentó y cruzó sus largas y bien torneadas piernas, sinparpadear. Si había algo que su marido le había enseñado, era a demostraruna aparente indiferencia a lo que los demás hacían o decían.«Deberás aprender a ignorar las murmuraciones, Salomé», le habíaadvertido Ralph desde un principio. «Serán inevitables, con tus diecinueveaños comparados con mis cuarenta y nueve. La gente que no te conocepensará que te casas conmigo por dinero, a cambio de lo cual yo me llevaré
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a la cama a la joven más bella que jamás ha creado Dios. ¡Es inútil decirleal mundo la verdad, cariño! Nadie te creería. Deberás aprender a vivir conlas calumnias. Pero no te preocupes, yo te enseñaré a distanciarte de laslenguas maliciosas, a mantenerte por encima de ellas»Ralph tenía razón, por supuesto. La gente había pensado lo peor deella, aunque jamás alguien lo había demostrado delante de su marido, yaque era demasiado rico y poderoso para que lo ofendieran directamente.Pero a su espalda había miradas y risitas disimuladas. Una vez, pocodespués de su matrimonio, Charles la acorraló en una fiesta y le aconsejóque aprovechara la ocasión mientras pudiera, puesto que Ralph tenía elhábito de deshacerse de sus posesiones materiales con rapidez.Durante mucho tiempo después, Salomé se vio inmersa en un mar dedudas acerca de la sinceridad del amor de Ralph. Pero a medida quepasaban los meses, unos meses muy felices, cada vez sentía más confianzaen sí misma y en su insólito matrimonio. Las dudas quedaron sepultadas yasí permanecieron durante más de cuatro años, sólo para volver a salir a lasuperficie un día del mes de mayo del año pasado, el día que Ralph leinformó que su matrimonio había llegado a su fin.-¿Y bien, Charles? -preguntó, fijando sus fríos ojos verdes en su rostro-.¿Para qué desea verme? La semana pasada recibió por correo todos losdocumentos sobre el divorcio. ¿Qué más hay que decir?-Parece tan cautivadora como siempre, señora Diamond -repuso élarrastrando las palabras, mientras acomodaba su corpulenta figura en elsillón giratorio.-Ahora soy la señorita Twynan, Charles -declacon engañosasuavidad-. 0 Salomé, si así lo prefiere.El repentino pensamiento de que su ex marido se habría sentidoorgulloso de su sereno comportamiento sólo le causó dolor. «¡Oh, Ralph ...!¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué te casaste conmigo, haciendo que toda mivida girara a tu alrededor, para después hacerme a un lado como un zapatoviejo? ¿Por qué?», pensó.Los labios gruesos del abogado se fruncieron en una desagradablesonrisa.-Salomé. Es un nombre tan... interesante.-A Molly le gustaba.-¿Molly?-Mi madre.-Ah, sí... su madre... -su tono desdeñoso sugería que el solo hecho demencionar a su madre era de mal gusto.-¿Podríamos ir al grano, Charles? -preguntó ella con tono frío.Él se inclinó hacia adelante, abrió bruscamente un cajón a su izquierday sacó un juego de llaves.-Ralph ha decidido añadir algo más a su convenio -anunció, arrojandolas llaves sobre el escritorio-. Un apartamento en McMahon's Point. Yencontrará el Ferrari blanco que él le regaló, cuando usted cumplió veintiúnaños, en el aparcamiento -volvió a arrellanarse en su sillón y le dirigió otrade sus sonrisas presuntuosas-. En primer lugar, no tengo la menor idea delmotivo que tuvo usted para dejarlo al irse; no creo que haya sido porque no
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se hubiera ganado todo lo que Ralph le dio. Él siempre pareció muysatisfecho con usted durante su... matrimonio.Salomé sintió una opresión en el pecho por el esfuerzo de conservar lacalma, hasta el punto de que casi no podía respirar.-No los aceptaré -logró decir al fin.-Es una stima. El apartamento ya está a su nombre, como unacesión, y el coche legalmente siempre fue suyo. También está registrado asu nombre.Salomé aspiró una bocanada de aire. No estaba dispuesta a quedarseallí, discutiendo con ese detestable hombre. Aceptaría el apartamento y elcoche, los vendería y luego le entregaría el dinero a alguna institución debeneficencia, como había hecho con el dinero que Ralph le asignó. ¿Cómopodría conservar algo de eso? Hacerlo sería como justificar todos losinsultos que había tenido que soportar a lo largo de los años. Y no porquesus calumniadores estuviesen enterados de su «grandioso gesto»; para elcaso, tampoco Charles lo sabía. No creía que mereciese la pena hablar congente como él de algo que no era posible que comprendiera. Nadieapreciaría sus motivos y pensarían que estaba loca. ¡Su propia madretambién lo había pensado!-¿Por qué quiere darme ahora este apartamento? -preguntó-. ¿Lo sabeusted? ¿Él le comentó algo?-Usted ya conoce a Ralph -el abogado se encogió de hombros-. Jamásexplica sus acciones. Sólo da órdenes.«Sí», pensó ella desconsolada. Así era Ralph.La mayoría de las mujeres habría odiado su carácter dominante yautoritario, pero por motivos que ella no había explorado con la suficienteprofundidad en esa época, a Salomé le fascinaba. Desde entonces habíapasado muchas largas noches solitarias tratando de averiguar por qué sehabía comportado de una manera tan sumisa. Y a pesar de que podíacomprender las razones que existían detrás de su conducta, aún no sesentía muy cómoda con eso.-Entiendo -respondió tensa-. ¿Tiene la dirección de ese apartamento?McMahon's Point está justo al norte de Harbour Bridge, al lado de LunaPark, ¿no es así?-En efecto. Su apartamento es el número dos, en un edificio circularde muchos pisos llamado Harbourside Towers, justo al borde del agua, en elextremo de Harbour Road. No puede perderse. Supongo que se trasladaráde inmediato. Después de todo, no creo que en realidad le agrade vivir consu madre.Salomé tomó las llaves y las guardó en su bolso.-Se equivoca, Charles -replicó con frialdad-. No me mudaré allí, y sí meagrada vivir con mi madre.«Pero sólo desde que Molly al fin parece haber superado el impulso depedirles a todos los hombres con los que he salido que se vengan a vivirconmigo», pensó Salomé, cansada.Se puso de pie y automáticamente se alisó el vestido verde de lana, ycon la mano libre se echó hacia ats su larga y rojiza melena. Sesorprendal descubrir una descarada lujuria en los ojos de Charles,
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