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Años atrás, durante las postrimerías o fase terminal del “gobierno militar”
chileno (
dictadura
,
dictablanda
,
régimen autoritario
,
tiranía
,
república protegida
etc. ...) me encontré con uno de mis antiguos compañeros de universidad, a quien no veía desde aquelentonces. La conversación derivó prontamente hacia la situación política del país, sobre cuyas características, antecedentes y
“especificaciones técnicas”
concordamos ampliamente, sin mayores discusiones sobre lo que había sucedido y dejado de suceder,causas, prelaciones, factores desencadenantes y hechos objetivos. Concluidos los comentarios descriptivos me pareció pertinente
sintetizar mi “sentimiento” a
l respecto temiendo que tanta diplomática concordancia inhibiera y aniquilara mi profundo sentir, queme importaba más que el lógico pensar; proponiendo la siguiente imagen alegórica (solo una alegoría expresiva y más bien
“estética”...): una secuencia de
horcas dispuestas a todo lo largo del eje Alameda-Providencia-Apoquindo; una cada diez metros
aprox., y destinadas a los miembros más connotados del bando “X”. Mi amigo aprobó la idea sin mayores cambios pero usándola p
ara
los del bando “Y”... El asunto er
a suficientemente preciso y claro, no ameritando mayores controversias por lo que continuamosconversando de otros tópicos, amistosa y pacíficamente por cierto!. Lo interesante es que ambos proveníamos de familias de clasemedia, con idénticos o muy similares valores y creencias, mismo pasado
nuñoíno
, educación en escuelas y liceos de la misma clase yorientación, formación e información discretamente parecida e incluso similar bio-tipo!... A menudo recuerdo esta anécdota que mehecho reflexionar desde entonces sobre las verdaderas y reales condiciones, condicionamientos o factores causantes de eso que a
falta de mejor nombre denominaré “filiación política” (opción, simpatía, empatía, preferencia etc.). ¿Porqué dos historias pe
rsonalestan paralelas y para nada divergentes concluían en calificaciones tan antagónicas?...; ¿porqué no habiendo siquiera diferencias
notorias en la apreciación de los hechos objetivos, se terminaba en dos “tomas de posición” diametralmente contrapuestas?...;
¿simple afectividad, pas
ionalidad o “subjetividad”?...; difícil aceptarlo porque lo que estaba y está en juego es la clásica distinción“moral”, la gran y perenne alternativa: Bien vs. Mal, los “buenos y los malos”; y ello no es un juego porque brutal o sutilme
nte, esasimple y t
otal polaridad es la que mantiene funcionando el motor humano de la “política”; y si alguien me lo objetara tomaría diez
toneladas de diarios, libros, revistas y folletos académicos dedicados a la contingencia demostrando que (casi) en su totalidad y seacual sea el estilo lingüístico o moda semántico-hermenéutica adoptada, se empieza y termina con una solemne, implacable y
absolutista sentencia “contra” los
malos
y su “sistema de poder” actual o propuesto.
El problema es que este aspecto nunca (insisto: “nunca”!) es considerado, ponderado, atendido o discutido por los politólogos y
politócratas; lo cual es a decir poco sospechoso, inquietante y ....
He seguido pensando el tema y problema, concluyendo con un “pack” de explicaciones elementales, bastante obvi
as por lo demásporque hice mi mejor esfuerzo por evitar las trampas solipsistas y tautológicas del discurso racionalista-racionalísticamente correcto,atrapado en sus interminables reflejos y que en el mejor de los casos termina hablando sobre el hecho de hablar, y de hablar sobreello!... Nada muy original por cierto pero que quisiera compartir y en cierta forma publicar-publicitar porque excepto en cierta
discursística
analítica intra-académica, esta clase de realidades/verdades son mantenidas cuidadosa y férreamente ocultas,
no dichas
.Y por algo será.INTRODUCCIÓN:¿
Es usted de derecha o izquierda
?....; pregunta improcedente, anacrónica, obsoleta y ajena al estilo de lo social y políticamente
correcto. Decir o preguntar eso no es “polite” en ninguna c
ircunstancia como dirían los anglosajones, excepto usemos esas categorías
para zaherir o descalificar o caricaturizar al “adversario” (técnicamente hablando, es lo que los estrategas comunicacionales
concertacionistas
han hecho, con relativo éxito, para de
smantelar la operación “nueva cara” que la “oposición” intenta desde hace
décadas, hasta sumirla en una profunda y en cierto modo graciosa confusión porque luego de intentar infructuosamente evitar asumir
el fatídico mote de “derechista”, recién ahora advi
rtieron, un poco tarde quizás, que ello era una ingeniosa trampa reversible sin tantadificultad... siempre y cuando se auto-
convencieran que ser la “derecha” no es una maldición ni un estigma incuestionable, pero…).
Mejor hablar de progresistas vs. neo-liberales, liberales vs. conservadores y un amplio listado de expresiones dualistas más sutilizadas
y eufemizadas que se han apropiado de la terminología oficial, pública y “mediática” nacional e internacional y que cada quie
n utilizacon extrema soltura y d
esparpajo según sea la ocasión o la conveniencia circunstancial y por cierto, “mediática”; aunque en lo
profundo de aquella sincera sinceridad que emerge después del segundo
whisky
o el tercer pisco-sour, la distinción pre-apocalípticaresurge con inusitado vigor y feroz precisión: o se es un infame derechista o un maldito izquierdista, no aceptándose posicionesintermedias, centristas o conciliatorias aunque éstas expresaren el sentir y pensar y querer del 95% de la población pasada, presente yfutura.¿
Cuál es la verdad subyacente en este antagonismo nominal, si es que la hay
?...; ¿manifiesta aunque sea parcial y “relativamente” una
polaridad y alternativa objetiva o expresa una
inaceptable o inconveniente o insana
escisión afectiva?...Por comodidad, economía y sinceridad usaré los términos proscritos no por alguna nostálgica nostalgia sino porque me consta quesubyacen y comienzan a re-
surgir augurando próximos “explayamientos” y “emplazamientos” que a decir verdad me entusiasman
poco y más bien nada; sea por razones, sentimientos y disposiciones de ánimo personales y/o porque no sería la primera vez que esta
clase de tensionamientos “sociales”, provenientes de soterradas “fuerzas” de incalificable e incontrolable poder (individuale
s ycolectivas) eclosion
en como destructivas y compulsivas arremetidas en pos del “poder”, difundiendo eso que Jung denominara“epidemias psíquicas” a propósito de la incubación e incipiente germinación del nacional
-socialismo a la zaga del internacional-socialismo ya advenido.Alternativas objetivas para los más, ¿o simples
sentimentalismos
?...; porque hay cierto consenso en suponer que las propias
creencias
políticas presuponen una determinada y específica “sensibilidad”, supuesto que a su vez pre
-supone un esquema funcional psico-cultural simple, efectivo y efectivamente erróneo: las ideas abstractas requieren el condimento de la pasión para convertirse en
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