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E. Hobsbawm, Obituario - D. Sassoon

E. Hobsbawm, Obituario - D. Sassoon

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02/06/2014

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33
ERIC HOBSBAWM
1917-2012 
Eric Hobsbawm sobrevivió al «corto siglo
 xx 
» de 1917-1991 en más de veinte años, y hasta el fnal siguió siendo objeto de escándalo por habersido comunista durante tanto tiempo. «Ya ves», podría haber dicho – 
 you see 
era uno de sus habituales tics verbales–, «ya ves, ha habido muchoscomunistas entre los principales historiadores, pero abandonaron. Algu-nos, como Edward P. Thompson, permanecieron en la izquierda; algunosgiraron a la derecha, como Annie Kriegel o François Furet. Yo me quedéhasta el fnal». Habida cuenta de que incluso los medios de comunicacióndominantes están de acuerdo en que Hobsbawm ue un gran historiador –algunos incluso le califcaron como el «más grande de los historiadoresactuales», algo que él encontraba poco convincente y ligeramente emba-razoso–, la pregunta era inevitable: ¿cómo un comunista impenitente po-día ser un gran historiador?Siempre que Hobsbawm era entrevistado, especialmente en Gran Bre-taña o en Estados Unidos, surgía la cuestión, algunas veces con el tras-ondo implícito: «El editor insistió en que debía hacerle esta preguntaporque hubiera parecido extraño no hacerlo». ¿Por qué había apoyadoa la URSS? ¿Por qué había permanecido tanto tiempo en el Partido Co-munista? Tácitamente, el entrevistador estaría lanzando un desaío:«¡Esta es la oportunidad para denunciar tu pasado! ¡Aprovéchala, admí-telo: estabas equivocado!». Hobsbawm sistemáticamente se negaba aabjurar, pero admitía con ranqueza equivocaciones o interpretacioneserróneas y su tardía comprensión de la gravedad de los crímenes deStalin: el discurso de Jruschov ue para él una revelación. Sin embargo,en cuanto al ondo de la cuestión, «¿lamenta haber sido comunista?»,nunca llegó a arrepentirse.¿Qué clase de comunista ue? En su autobiograía,
Interesting Times 
1
, ex-plicaba que él pertenecía a la generación para la cual la esperanza de unarevolución mundial era tan uerte que abandonar el Partido hubiera su-puesto entregarse a la desesperación. Pero tuvo que sentir tentaciones.
1
Ed. cast.:
 Años interesantes: una vida en el siglo
 xx 
 ,
 
Barcelona, Crítica,
2
2006
 [N. del T.].
DONALD SASSOON
 
34
     A     R     T      Í     C     U     L     O     S
Después de la invasión soviética de Hungría se envió una carta al
 Daily Worker,
el entonces periódico del Partido. Estaba frmada por Hobsbawm,así como por otros intelectuales del PC como Christopher Hill, EdwardThompson, Ronald Meek, Rodney Hilton, Doris Lessing y el destacadopoeta escocés Hugh MacDiarmid quien, de orma un tanto extravagante,supuestamente se reintegró al PC tras Hungría sobre la base de que unono abandona a los amigos con problemas. La carta declaraba:
Consideramos que el apoyo incondicional que ha dado el comité ejecutivo delPartido Comunista a la actuación soviética en Hungría es la indeseada culmi-nación de años de distorsión de los hechos, así como del racaso de los comu-nistas británicos para resolver por sí mismos los problemas políticos […] Laexposición de los graves crímenes y abusos en la URSS, y la reciente rebeliónde trabajadores e intelectuales contra las burocracias pseudocomunistas y lossistemas policiales de Polonia y Hungría, han mostrado que en los últimosdoce años hemos basado nuestros análisis políticos en una alsa presentaciónde los hechos.
Desde luego el Partido se negó a publicarla, de modo que apareció en
 New Statesman.
Otras declaraciones realizadas en aquel momento sugie-ren que Hobsbawm, a dierencia quizá de la mayoría de los frmantes,pensaba que la intervención era una lamentable necesidad, una ciertaclase de intervención humanitaria
ante litteram.
(Ya conocemos la órmu-la: si la URSS no hubiera intervenido, el ascismo se hubiera impuesto.)Para entonces Hobsbawm ya había perdido cualquier admiración que pu-diera haber tenido por la sociedad soviética. En
 Interesting Times 
explica-ba que su primer viaje al «campo socialista», en 1954-1955, había resultadodecepcionante. Encontró que tanto la URSS como el sistema eran depri-mentes y, aunque continuó deendiendo la línea del Partido, su escepticis-mo ue en aumento, ya que a sus seguidores se les pedía cada vez más quecreyeran en lo increíble. Como él dijo, los comunistas de su generaciónse consideraban a sí mismos «combatientes en una guerra omnipresente».Como sus contrapartidas en el bando anticomunista, estaban preparadospara ignorar los derechos humanos por luchar contra lo que considerabanun mal mayor. Pero ¿de qué otro modo se podría tolerar el mal si no ueracreyendo que la alternativa sería mucho peor? Esto no justifca nada, peroexplica mucho, incluyendo la afción de Hobsbawm por el amoso poemade Brecht, escrito en la década de 1930,
 An die Nachgeborenen,
«A loshombres uturos»:
Desgraciadamente, nosotrosque queríamos preparar el camino para la amabilidadno pudimos ser amables.Pero vosotros, cuando lleguen los tiemposen que el hombre pueda ser amigo del hombre,pensad en nosotroscon indulgencia.
 
35
 A  R T  Í     C U L  O S  
Sea como uere, la cuestión de por qué decidió permanecer en el PC ue,en última instancia, una cuestión de psicología personal. Quizá uera undeseo de no rendirse, una afrmación de que él preería mantenerse leal ala elección de sus días de juventud, cuando la lucha internacional contrael ascismo era la motivación principal. Después de todo, se podía haberunido ácilmente al
establishment.
En cierto modo lo hizo: ue nombradoCompanion o Honour en 1997, uniéndose a tesoros nacionales comoDavid Attenborough, Alec Guinness y David Hockney, y a tesoros menos valiosos como Norman Tebbit y Michael Heseltine.En
 Interesting Times,
Hobsbawm aludía al «orgullo» de haber llegado tanlejos sin haber cedido un milímetro; casi como diciendo, «si he podido “ha-cerlo” como un viejo comunista, ¿imaginas lo que podría haber logradocomo un excomunista?». Después de todo, no obtenía la más ligera ventajapersonal permaneciendo en el Partido Comunista de Gran Bretaña, unaminúscula agrupación irrelevante en casi todas las acetas de la vida británi-ca, a dierencia de Francia o Italia, donde un partido comunista de masasorecía alguna orma de protección colectiva para una comunidad sitiada. Aunque realmente no se implicara en la política diaria del PCGB, exceptocuando era un estudiante en Cambridge, siempre estaba más que dispuestoa dar conerencias, a escribir en la prensa del Partido, especialmente en
 Marxism Today,
y a estar por lo general disponible; siempre que nadie ledijera qué tenía que decir.Gran Bretaña, en la década de 1950, era abrumadoramente anticomunista.Incluso ser marxista constituía un problema. Para que los lectores jóvenesse hagan una idea de lo que estaba en juego, recuerdo que, en la décadade 1960, asistí a un curso sobre historia económica de Gran Bretaña en elUniversity College de Londres. El proesor (cuyo nombre he olvidado porlo mediocre que era) distribuyó una extensa bibliograía al comienzo delaño académico. Nos invitó a abrir una página en concreto y nos advirtió:«Nota en la página X: E. J. Hobsbawm,
 Industry and Empire.
Hobsbawmes un historiador excelente, pero cuidado: es marxista. Pasen ahora a lapágina Y: E. P. Thompson,
The Making of the English Working Class 
.Thompson también es un buen historiador, pero estén prevenidos: tam-bién es marxista». No mencionó a nadie más. En la acultad yo no habíaoído hablar nunca de ninguno de ellos. Naturalmente, cuando fnalizó laclase, muchos de nosotros salimos corriendo hacia la librería a comprarlos libros de Hobsbawm y Thompson con la excitación de adolescentescomprando libros obscenos. A partir de la década de 1970, la lealtad más estrecha de Hobsbawm es-taba con el Partido Comunista Italiano, probablemente el único partido enel que podía haber estado completamente a gusto, y del cual, como expli-caba, se había convertido en un «miembro espiritual». En la década de1980, en el apogeo del thatcherismo, se pudo haber unido al Partido La-borista cuando su líder, Neil Kinnock, dejó claro que le encantaría tenerun prestigioso gurú personal como Hobsbawm; todo el mundo en la

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