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Economía de la abundancia en la sociedad indivisa

Economía de la abundancia en la sociedad indivisa

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Published by Andrés Monares
Perre Clastres prologa "Economía de la Edad de Piedra" de Marshall Sahlins.
Perre Clastres prologa "Economía de la Edad de Piedra" de Marshall Sahlins.

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P
IERRE
C
LASTRES
.
A ECONOMÍA DE LA ABUNDANCIA EN LA SOCIEDAD INDIVISA
.
© Buenos Aires, Ediciones Antropos, 1985.
E
CONOMÍA DE LA ABUNDANCIA CONTRA ECONOMÍA DE LA ESCASEZ
 
Para los economistas de la escuela inglesa, la economía era la “
dismal science 
”, la cienciadeprimente (también puede traducirse como ciencia triste, tenebrosa, sombría, deprimida,lúgubre, catastrófica, lamentable). Y no es para menos: según la definición más en boga, “laeconomía es el estudio de la forma en que los hombres y la sociedad utilizan —haciendo uso ono del dinero— unos recursos productivos «escasos» para obtener distintos bienes ydistribuirlos para su consumo presente o futuro entre las diversas personas y los diversosgrupos que componen la sociedad” (Paul Samuelson).El término “escasos” es la clave de toda la cuestión: a ningún economista serio se leocurriría siquiera pensar que pueden ser objeto de la economía bienes tan preciosos como elsol, el aire puro o la alegría. Los aparta desdeñosamente de su camino, así como la sociedadque pretende ocuparse de la producción y la distribución de los bienes escasos ha eliminadode la vida de los hombres el sol, que ven poco, el aire puro, la alegría: los quiere tristes,porque considera que en un ambiente de fiesta, de jarana, la producción se desquiciaría.En otras palabras, la economía es una ciencia sombría, estudiada por personajes gravesy solemnes, apta sólo para seres deprimidos y desvalorizados, que se maltratan entre sí paraarrebatarse los unos a los otros esos bienes escasos y caros —en relación con lo que cuestalograrlos—, en un ámbito en el que el trabajo es una maldición, si bien es aún más malditoperderlo, no sólo porque implica un estigma social, sino porque puede significar el hambre, ladesnutrición, la enfermedad, el desequilibrio mental, la muerte. Ese es el macabro “modelo” que Occidente ha exportado al mundo entero: todo sea por el “desarrollo de las fuerzasproductivas”, ese motor de la Historia, según los marxistas.Desde luego, nadie se explica por qué ese desarrollo productivo, en vez de aumentar lafelicidad, acrecienta la angustia, el temor, la neurosis. ¿No será que la escasez esartificialmente provocada para permitir y hacer necesaria una distribución inequitativa, quechoca contra nociones de justicia profundamente enraizadas? ¿No será que en ese marco nohay salidas posibles? ¿No será que la economía debe ser para el hombre, y no el hombrepara la economía? ¿No será que esta última opción se resuelve mediante una decisiónpolítica?Quien se tome el trabajo de leer el luminoso ensayo que sigue comenzará a encontrarrespuestas a algunos de estos interrogantes. Es posible también que se le planteen, porprimera vez, interrogantes nuevos. Eso nos alegraría, pues lo que nos hemos propuesto esgenerar un profundo cuestionamiento de ideas y prejuicios arraigados que dificultan elhallazgo de las verdaderas soluciones que todos buscamos y que tal vez, entre todosencontremos.M. M. PRELOOKER 
 
E
DAD DE PIEDRA
,
EDAD DE LA ABUNDANCIA
*
 ROFESOR norteamericano de gran reputación, Sahlins es un prconocedor de las soreduce, en absoluto, a la eofundociedades melanesias. Pero su proyecto científico no setnografía de un área cultural determinada.Rebasando ampliamente el puntillismo monográfico, como lo atestigua la variedadtranscontinental de sus referencias, Sahlins emprende la exploración sistemática deuna dimensión de lo social investigada hace ya mucho tiempo por los etnólogos,aborda de una manera radicalmente nueva el campo de la economía, planteamaliciosamente la cuestión fundamental: ¿qué ocurre con la economía en lassociedades primitivas?
1
Ya veremos que este interrogante tiene un alcance decisivo.De ningún modo porque otros no lo hayan planteado antes que él. ¿Por qué volver,en tal caso, a un problema que parecía solucionado desde hacía mucho tiempo? Seadvierte pronto, si se siguen los pasos de Sahlins, que no sólo la cuestión de laeconomía primitiva no había tenido, en la medida en que constituía un problema,una solución digna de este nombre, sino que, sobre todo,numerosos autores la han tratado con una increíbleligereza, cuando no se han entregado nada menos que a unaverdadera deformación de los hechos etnográficos. Nosvemos enfrentados de este modo no ya al error deinterpretación posible en el movimiento de toda investigación científica sino — aunque parezca imposible— a la empresa todavía ingeniosa, como intentaremosdemostrarlo, de adaptar la realidad social primitiva a una concepción de la sociedad y de la historia adoptada de antemano. En otros términos, ciertos representantes delo que se llama la antropología económica no han sabido siempre (es lo menos quese puede decir) establecer la línea divisoria entre el deber de objetividad, que obligacomo mínimo a respetar los hechos, y la preocupación por preservar susconvicciones filosóficas o políticas. Y desde el momento en que, en forma deliberadao inconsciente (importa poco), se subordina el análisis de los hechos sociales a tal ocual discurso sobre la sociedad, mientras que la ciencia rigurosa exigiría muyexactamente lo contrario, nos vemos arrastrados de una manera bastante rápida alas fronteras de la mistificación.
P
la realidad adaptar la teoría a a la teoría, en vez de Adaptar la realidad 
El trabajo ejemplar de Marshall Sahlins se consagra a denunciar esamistificación. Y nos equivocaríamos si supusiéramos que su información etnográficaes mucho más abundante que la de sus predecesores. Aunque es un investigador decampo, no aporta ningún hecho perturbador, cuyo carácter novedoso obligaría areconsiderar la idea tradicional de la economía primitiva. Se conforma —¡pero conqué vigor!— con reestablecer en su realidad los datos hace ya mucho tiemporecopilados y conocidos, opta por interrogar directamente el material disponible,descarta sin piedad las ideas admitidas hasta entonces a propósito de ese material.Vale decir que la tarea que se asigna Sahlins podría haber sido emprendida antesque él: el legajo, en suma, ya estaba allí, accesible y completo. Pero Sahlins es elprimero que lo ha vuelto a abrir: corresponde saludarlo como a un pionero.
*
Prefacio de Pierre Clastres a la obra de Marshall Sahlins:
Stone Age Economics 
(
Economía de la Edad de piedra 
).
1
Aclaremos sin tardanzas un eventual malentendido. La economía de la edad de piedra de la cualhabla Sahlins no se refiere a los hombres prehistóricos sino —claro está— a los primitivosobservados desde hace varios siglos por los viajeros, los exploradores, los misioneros y los etnólogos.

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