más valor sobre el tema. Su edición de los escritos de Trotsky sobre la revoluciónespañola, repleta de explicaciones contextuales, notas y un excelente apéndicedocumental, es de gran utilidad (a pesar de los lamentables fallos de edición).Igualmente imprescindible es su estudio sobre Stalin y la Guerra Civil española, abase, en parte, de los archivos soviéticos recién abiertos (desafortunadamentesólo se ha editado hasta ahora en francés, en 1993).Reproducimos la primera parte del trabajo de síntesis de Broué sobre larevolución, que fue editado por primera vez en francés en 1973, y luego encastellano en 1977. La segunda parte del trabajo, que contiene una colección dedocumentos muy útiles para complementar el estudio escrito por el propio Broué yun capítulo de sumo interés: “Estado de la cuestión: problemas y querellas”, sepuede consultar en nuestra página web (www.enlucha.org).Para introducir el texto, nada mejor que recurrir a las palabras, escritas en1971, del propio Broué:Rogamos al lector que en ningún momento busque lo que no podría encontrar: ni unahistoria política de la última República española, ni una historia de la guerracivil. Hemos intentado solamente ajustar al máximo nuestro tema, la revolución, esdecir, la lucha de los obreros y de los campesinos españoles por sus derechos ylibertades, por las fábricas y las tierras y por el poder político finalmente.La revolución. Éstas son las imágenes ya clásicas: manifestaciones, huelgas,asalto a las prisiones, milicianos en mono, barricadas, dinamiteros, ejecucionessumarias y colectivizaciones. Pero éstas son también las exégesis contradictorias,los debates teóricos, las polémicas y los conflictos personales, las batallas deaparatos, las fracciones y las tendencias, en una palabra, todas las otras formasque revisten combates de ideas y conflictos entre fuerzas sociales.Está también ante ella –a veces en sus propias filas y bajo la misma bandera–siempre presente hasta cuando, como aquí, no se le percibe más que como unasilueta o un disfraz, la contrarrevolución.En lucha, marzo 20061. La monarquía, una fruta maduraEl 12 de abril de 1931 España votó para designar sus consejos municipales. Hacíamás de un año que el general que gobernaba en régimen de dictadura desde 1923,Primo de Rivera, se había marchado, despedido por el rey Alfonso XIII, que antesno le había regateado su apoyo. Fue reemplazado por el general Berenguer y despuéspor el almirante Aznar, que organizó estas elecciones —a pesar de los riesgosevidentes— para dar al régimen, frágil, duramente mermado por la crisis y eldescontento general, una cierta base. El 12 de diciembre anterior, dos oficiales,los capitanes Galán y García Hernández intentaron en Jaca un pronunciamiento enfavor de la República. Fracasaron, y Alfonso XIII insistió personalmente para quefueran fusilados, lo cual se hizo. Si el rey, sin embargo, corrió el riesgo dellamar a las urnas y de prometer el restablecimiento de las garantíasconstitucionales suspendidas bajo la dictadura es porque esperaba que lasestructuras tradicionales —el reinado de los caciques— dieran la victoriaelectoral a los candidatos monárquicos. No era el único que esperaba talresultado, ya que los dirigentes socialistas Largo Caballero y el republicanoManuel Azaña pensaban, como él, que estas elecciones serían “como las otras”: unarazón suficiente a los ojos de los dirigentes socialistas para llamar a no tomar
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