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Elite y Teatro en Copiapó 1846-1853

Elite y Teatro en Copiapó 1846-1853

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1
Carlos Cancino
De:
Carlos Cancino <ccancino@pucobre.cl>
Enviado el:
Martes, 23 de Julio de 2013 16:18
Para:
'ccancinov@gmail.com' (ccancinov@gmail.com)
Asunto:
Elite y Teatro en Copiapó 1846-1853
Elite y Teatro en Copiapó 1846-1853. Recetas para civilizar un enclave minero[1]
 
Andrea Rodríguez Silva, Magíster (c) en Historia, Universidad de Chile.
 
Introducción
 Una preocupación permanente de la elite chilena, durante el siglo XIX, fue la lucha por imponer la “civilización“ auna sociedad que recién salía del periodo colonial considerado como la representación más palpable de la barbarie.La investigación en torno al teatro en Copiapó me llevó a imaginar a la elite como un grupo de cocineros queexperimentaban sus “recetas sociales” en un laboratorio gastronómico privilegiado, es decir con los medioseconómicos suficientes para crear hasta las cosas más impensadas, para añadir ingredientes importadosdirectamente de Europa e implementar todos sus conocimientos y experiencias del Viejo Mundo en un pueblo quecomo un niño que recién daba sus primeros pasos en el camino del progreso.A principios del siglo XIX, Copiapó no era más que una pequeña villa colonial, fundada en 1744 con el nombre de SanFrancisco de la Selva de Copiapó[2]. Su sencillo devenir se vio totalmente trastocado en 1832 con el descubrimientode las minas de plata de Chañarcillo. Se inició, así una historia memorable de prosperidad y riqueza. Copiapó tuvoasí su propia fiebre de la plata, atrayendo población de todas partes de Chile y del extranjero.La manifestación de la riqueza no se hizo esperar. Los dueños de minas construyeron mansiones y las llenaron de losmás sorprendentes objetos de lujos. Según un viajero alemán, en casa de un rico minero era posible encontrardesde una magnífica cama imperial con corona de oro hasta bacinicas de plata maciza[3].Dejemos, por un momento, el escenario que estamos imaginando. Dejemos a los copiapinos disfrutar de sumomento de prosperidad y dirijamos nuestra atención al camino que recorrió el teatro para convertirse en unaescuela de costumbres.
El teatro y su camino de la barbarie a la civilización
 El teatro ha tenido una larga evolución con el paso del tiempo.Cuando los misioneros españoles llegaron a territorio americano, el teatro les sirvió para enseñar a los nativos lasprincipales verdades de la fe católica. Esta utilización continuó durante la época colonial, en dos vertientes: lareligiosa, a través de los autos sacramentales y la civil, a través de las obras que se presentaban en conmemoracióna la ascensión de un nuevo monarca, al nacimiento de algún heredero u otro evento digno de celebración.[4] La ilustración sumó una nueva misión para el teatro, convirtiéndolo en una bandera de lucha de la causapatriota. Desde el proscenio Camilo Henríquez exaltaba con el discurso libertario de su obra “Camila, o La patriotade sud-américa”,Alcanzada la Independencia el teatro fue heredado por la República en formación como un “orientador moral” y“estimulador de la conciencia social crítica”. Esto quedó de manifiesto en el teatro edificado en 1820 por el gobiernode O’Higgins, cuyas cortinas tenían bordado el verso de Vera y Pintado: ”He aquí el espejo de virtud y vicio. Miraosen él y pronunciad el juicio”.[5] Todo esto no fue originalidad americana. Estas nociones, herencia de la ilustración europea, pretendían imponer elreinado de la razón, simbolizado en la luz que debía llegar a todos los rincones de la sociedad para producir el pasode la barbarie a la civilización. Para lograr su objetivo tomaron al teatro como el vehículo didáctico por excelencia[6].La oscuridad para los republicanos americanos estaba en el pasado colonial. Desplazar fuera de escena lo hispano -vinculado a lo señorial, tradicional y conservador- era el objetivo de un nuevo grupo social que lideró la marcha de lamodernidad. Esta era la burguesía.En, Espectáculo y sociedad, Jean Davignaud señala :'El 'burgués' aprende a pensar y a vivir a través de las figuras imaginarias presentadas en el escenario. esto serápronto llamado la virtud pedagógica y civilizadora del teatro (Voltaire, D'Alember, Schiller). Como si a partir de ciertomomento de la transformación de las sociedades europeas y del establecimiento de naciones comerciantes existieseun vinculo entre dos series paralelas; la superposición de los lazos mercantiles a los vínculos de honor, sumisión osangre, por un lado; por el otro, la aparición de un lugar cerrado en que se viene a presentar la imagen del hombre yla exaltación de dicho lugar como único modo posible de representación de la persona humana.'[7] 
 
2
La burguesía chilena del siglo XIX se convenció del poder que tenía la imitación. Después de todo su historia estamarcada por una permanente imitación. El teatro no fue una excepción. Sin embargo el modelo a imitar no estuvosolamente sobre el escenario sino también en torno a él, en la sociabilidad desarrollada por los mismosespectadores. Que en la instancia de sociabilidad parecía convertirse en actor de su propia representación.La burguesía hizo del teatro su propiedad y lo transformó en lo que su concepción de mundo le dictaba. En relaciónal impulso empresarial, las representaciones teatrales contenían también esta lucha contra la adversidad del destinoque presenta el drama, en el cual el héroe vence las dificultades para obtener un final victorioso.Con la mentalidad burguesa surge, además, la división entre el espacio público y el privado, que produjo un cambioen el espectáculo teatral y en el área donde este se desenvolvía. La puesta en escena se identificó con lo público,mientras el espectador se quedaba en un área de observación que representaba lo privado y le daba una distanciaque antes no tenía[8].“Ya no se trata de un teatro ritual de tipo barroco, realizado en espacios abiertos con la coparticipación de todo elpueblo en la procesión, fundamentalmente simbólico-alegórico y épico, si no uno basado en el discurso verbalreferencial, circunscrito al espacio controlado del escenario y a sus aposentadurías pagadas, impulsado por unempresario.”[9] El cambio de un espectáculo vivido, a uno observado, hace del espectador un consumidor de una forma distinta dediscurso que es absorbido desde fuera. La apropiación del espacio, por otro lado define también otra relaciónimportante, pues al espacio abierto y desbordante se contrapone el espacio cerrado y ordenado del escenario,donde hay un control del público partiendo desde la entrada, la distribución de los asientos (que también implicauna jerarquización) y el comportamiento que debían tener dentro del recinto. Por último se privatiza yprofesionaliza también el manejo del espectáculo que queda ahora a cargo de un empresario.En cuanto las temáticas teatrales la burguesía creó un movimiento modernizador incluyendo los temas de lafamilia y las relaciones que se daban al interior de la vida privada[10]. De una u otra manera, los temas del teatrode esta época son una vitrina donde las actitudes, comportamientos y conflictos privados son revelados a la miradapública[11] Lo que hizo el gusto burgués fue imponer un control implantando reglas que hicieran más verosímil larepresentación, de este modo, bajo el imperio de la razón y no de la pasión desenfrenada, el teatro podíaefectivamente servir para educar.
Primera receta: Para civilizar, el teatro debe combinar en partes iguales una pizca de placer y una pizca deinstrucción
 El contar con un teatro era un signo de prosperidad y anhelo de superación. Era un símbolo en que se fundían lasaspiraciones, los esfuerzos y los logros en pro de la cultura. Las ciudades tradicionales como Santiago o Talcaconsideraron imprescindible, en función de su larga historia tener estos establecimientos. Valparaíso, en virtud delmovimiento que generaba el comercio y la gran cantidad de inmigrantes fue alcanzada rápidamente por la moda delteatro. La industriosa ciudad que había alimentado las arcas nacionales con su tesoro de plata haciendo que loscontemporáneos se maravillaran con este descubrimiento, sintió que era necesario hacer algo por ella misma y parasi misma.Quince años después del descubrimiento de Chañarcillo, los hombres que habían explorado palma a palma lasentrañas de una tierra generosa, decidieron explorar las posibilidades del arte para crear la riqueza espiritual quetanto anhelaban.Sin dejar la disciplina del trabajo, combinaron su tiempo con momentos de diversión. El intento de la sociedadilustrada de Copiapó era lograr que esa diversión fuese útil a la formación de ciudadanos cultos y civilizados; y nosolamente un tiempo de ocio y despilfarro en el cual las pasiones consumieran la vitalidad de los hombres, y lesdejasen como contraparte un vacío y una pobreza espiritual y material. El teatro era el tipo de diversión quecombinaba, de la mejor manera imaginable, la diversión y la instrucción.Una buena dosis de orgullo y rivalidad con las otras ciudades del país ayudaron a incentivar el deseo de contar conun edificio para el teatro digno de la riqueza que poseía en esta campaña la prensa jugó un rol decisivo. A través delos editoriales, iban haciendo sentir a sus lectores y a la sociedad entera la necesidad de comprometerseactivamente en el logro de tan alto objetivo. Nadie debía quedar indiferente al llamado de la civilizaciónDurante 1846, El Copiapino publicó en sus páginas varios artículos referentes al proyecto de construcción del Teatrode la ciudad. Si bien existía un lugar provisional para llevar a cabo representaciones los copiapinos necesitabancontar con un establecimiento más cómodo y adecuado al tipo de espectáculo que ansiaban tener y que no tuvieralos graves problemas de iluminación, abrigo y comodidades que presentaba el actualLa prensa recurrió a la ayuda de las mujeres instándolas a insistirles majaderamente a sus padres y maridos para quecolaboraran:
 
3
“El teatro se concluirá si quieren concluirlos sus padres i maridos. Despiertenlos, pues, cada día con esta cantinela itodo está hecho”.[12] Haciendo caso a todos los argumentos surgieron los fondos necesarios para comenzar la obra. Las más grandesfortunas mineras de la zona formaron parte de la lista de suscriptores que se creó para financiar la construcción ycuyos aportes fueron publicados explicitando el monto aportado por cada suscriptor.
Lista de Suscriptores
 [13] 
 
D. Agustin Edwards 500D. Diego Carvallo 500D. Mariano Fragueiro * 500D. Andres D. Picon 500D. Matias Cousiño 500D. Tomas Gallo 500D. José M.Montt 500D. Francisco Ocampo 500D. Gregorio Ossa Cerda 500D. Bernardino Codecido 500D. Santos Cifuentes 250Da. Mercedes Mandiola 250D. Faustino Espínola 250D. Ventura Lavalle 125D. Diego Sutil 125D. Manuel Carril 125D. Salvador Bustos 125D. Francisco S. Roman 125D. Vicente Balbastro 125D. Diego Cumplido 125D. Domingo Garcia 125D. Emilio Salvigni 125D. Rafael Mandiola 125D. Tadeo Picon 125* El señor Fragueiro se ha ausentado sin pagar su continjente.En medio del logro cumplido, El copiapino declaraba en 1847:“No sabemos la importancia que dan los demás a este establecimiento, pero para nosotros es tan inmensa que nocreemos exajerado asegurar que un teatro es escuela para todos.En él se refinan las costumbres, mejor todavia que en lo salones particulares.En él se aprenden a manejar las pasiones, sin salir despedazado por ellas, como sucede en la vida práctica.En él, la hija de familia, agranda su corazon, regularmente apenado por los quehaceres domésticos, el literatoconfirma sus doctrinas, el político estudia los hombres, el comerciante encuentra una distraccion agradable, i elminero, este ser de una sola pieza, deja siquiera dos horas, de hablar de cateros, piques, de chimenea i a chiflon,broceos, etc.Todos en fin recojen de él placer e instruccion.”[14] El teatro, como ideal, aspiraba a ser un espacio en el cual se ensayaran una serie de comportamientos y sereforzaran una serie de valores que luego debían ser puestos en práctica en la vida en sociedad. Si bien en términosreales, fue una diversión para pocos, la idea de fondo era que esas costumbres que adquiría la elite debían poco apoco generalizarse por medio de la reglamentación estricta de las costumbres y los comportamientos, de unrepertorio bien seleccionado y sobre todo por la corrección continua de las conductas impropias.

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