se hizo) se indicará la puesta de manifiesto del procedimiento y se acompañará una relación dedocumentos obrantes en el expediente a fin de poder solicitar copia. En la propuesta deresolución no aparece (pese a que se cita el artículo 19 de dicho Reglamento) ni relación expresade documentos ni indicación de la puesta de manifiesto del expediente; ahora bien, sí es ciertoque en el antecedente de hecho primero se indica la existencia de la analítica en cuestión,incluso resaltándose en negrita; en el antecedente de hecho tercero se menciona el informe deratificación de los agentes. Ello da cumplimiento sin duda a la necesidad de relacionar losdocumentos, pues relacionados están, aunque sea dentro del cuerpo de la propuesta deresolución. Se echa a faltar, pues, únicamente, la indicación de que el expediente está demanifiesto y de que se pueden solicitar copias. Es esta una omisión que no cabe desdeñar, enprincipio, desde el punto de vista del derecho de defensa, pues el particular puede no tener concomimientos jurídicos suficientes como para saber que puede examinar el expediente y pedir copia de los documentos que desee; sin embargo, en el presente caso no puede apreciarse unaindefensión efectiva por la falta de indicación expresa de estas posibilidades, ya queprecisamente la solicitud de información de los interesados que se recibió en la Delegación delGobierno el 13 de julio de 1996, y a la que antes nos hemos referido, demuestra que aquélloseran plenamente conscientes de la posibilidad de solicitar copias de los documentos obrantes enel expediente; de modo que la indicación clara y explícita, en la propuesta de resolución, de laexistencia del documento en cuestión en el expediente, ha de darse en este caso por suficiente;más aún si se considera que los interesados ya habían sido informados (en la contestación de 22de julio también más arriba mencionada) de que si no ser les remitía era simplemente porque aúnno se había recibido, no porque no pudieran obtener copia, con lo que estaban suficientementeinformados de su derecho a obtener copia. En suma, esta alegación ha de ser desestimada.TERCERO.- Igualmente ha de rechazarse la alegación de que la tenencia, en su caso, era paraautoconsumo y, no siendo éste ilícito, tampoco lo es aquélla. Como ya ha declarado esta Sala, latipicidad de la conducta resulta incuestionable con arreglo al artículo 25. 1 de la Ley Orgánica1/1992, de 21 de Febrero, sobre Protección de la Seguridad Ciudadana, ya que tal preceptoconsidera infracción administrativa no sólo el consumo de drogas tóxicas y sustanciasestupefacientes o psicotrópicas en lugares y establecimientos públicos, sino también su meratenencia ilícita, aunque no estuviera preordenada o dirigida al tráfico, siempre que no constituyainfracción penal, tipificando con ello una infracción de simple actividad que consiste en laposesión o tenencia de tales sustancias siempre que sea ilegal o ilícita y con independencia delánimo o propósito del tenedor, habiendo precisado el Tribunal Constitucional en Sentencia341/93, de 18 de Noviembre que el concepto de tenencia ilícita no es, en cuanto configurador deun supuesto de infracción administrativa, contrario a las exigencias del principio de legalidad eneste orden ( artículo 25. 1 C.E. ), tanto en lo que se refiere al recurso de la regla delimitadora delilícito como en lo relativo a la configuración de la misma pues La Ley no remite al reglamento ladeterminación de lo que se haya de entender por ?tenencia ilícita? (concepto no tachable deimpreciso y cuya determinación corresponderá a los Tribunales), aunque sí será necesario acudir a otras reglas legales, como la Ley 17/1967, de 8 de abril, sobre normas reguladoras deestupefacientes, para identificar lo que sea tenencia lícita (art. 22 de dicha Ley) y determinar por contraste con ellas la tenencia ilícita sancionable.Asimismo ha declarado que el Tribunal Constitucional que el carácter fragmentario y subsidiariodel Derecho Penal da lugar, con toda naturalidad, a que no cualquier comportamiento ilícitoconstituya para aquél una conducta típica, siendo perfectamente admisible, desde la perspectivaconstitucional que aquí importa, que la ley configure como infracción administrativa una tenenciailícita que no suponga, en sí misma, contravención de la ley penal y que si la tenencia ilícita dedroga, estupefacientes o sustancias psicotrópicas destinados al propio consumo ha de ser o noobjeto de represión penal o de sanción administrativa es algo, por lo demás, sobre lo que no darespuesta alguna la Constitución, que deja al legislador la identificación de los bienes quemerezcan ser objeto de defensa por el Derecho sancionador.
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