actual discusión sobre los medios, sobre todo en la discusión pedagógica, querápidamente se puebla de moralismos y de generalizaciones banales, de oposicionestaxativas, de conclusiones apresuradas. Siguiendo a W.T.J. Mitchell, considero que lacultura visual es un conjunto de hipótesis “que necesitan ser examinadas – por ejemplo,que la visión es (como solemos decir) una construcción cultural, que se aprende y cultiva;que por lo tanto tendría una historia vinculada en algunos modos que aún deberemosdeterminar a la historia del arte, de las tecnologías, de los medios, y a las prácticassociales de exhibición y muestra, y a los modos de ser espectadores; y (finalmente) queestá profundamente involucrada con las sociedades humanas, con la ética y la política,con la estética y la epistemología del ver y del ser visto” (Mitchell, 2002: 166). Así, lacultura visual no es simplemente un repertorio de imágenes sino un conjunto de discursosvisuales que construyen posiciones, y que están inscriptos en prácticas sociales,estrechamente asociados a las instituciones que nos otorgan el “derecho de mirada” (entreellas, la escuela, que organiza un campo de lo visible y lo invisible, de lo bello y de lofeo).
El cuerpo teórico en el que me baso se asienta en los estudios visuales (Mirzoeff,1999: Schwartz y Przyblyski, 2004), un campo interdisciplinario que, en vez de tratar alas imágenes como símbolos iconográficos, las trata como acontecimientos, esto es, comolos efectos de una red en las que operan los sujetos y que a su vez condicionan su libertadde acción (Mirzoeff, 2005: 11). El argumento que desplegaré en este artículo es que laescuela contribuyó a la formación de sujetos visuales modernos; la pregunta que parececentral entonces es la de cómo interactúa la institución escolar con estas nuevasvisualidades que se están estructurando en estos tiempos, no desde afuera sino desdeadentro de una cierta cultura visual.
1. Por qué no es nueva la discusión sobre la cultura de la imagen
Uno de los rasgos de los debates pedagógicos sobre los medios y la cultura de laimagen es que no reconocen la historia de esta problemática. Parece que todo hubierasurgido en los últimos 15 ó 20 años, cuando se difundió la TV por cable y sobre todocuando aparece Internet y el celular donde convergen textos e imágenes. El problema son“las nuevas generaciones” (al punto que ya es casi un mito la idea de una “generacióndigital nativa”), y queda fuera del análisis la cultura visual en la que vivimos, producidasobre todo por los adultos, y en la que también hemos sido formados.Así como la historia de los nuevos medios debería reconocer antecedentes demediados del siglo XI, y no sólo del siglo XX, como lo señala Lev Manovich (2006), dela misma manera deberíamos poder analizar la continuidad de una ciertaproblematización de los medios desde hace casi un siglo.Puede verse la historicidad de esta problemática en las reflexiones de un educadorargentino de principios del siglo XX. Víctor Mercante, un pedagogo modernizador (leía aFreud y a Binet ya en la primera década del siglo XX) pero conservador cultural ypolíticamente, propuso tener en cuenta la psicología de la pubertad y la adolescencia parala reforma de la escuela secundaria. En una conferencia pronunciada en 1925,constatando que la mayoría de los espectadores de cine eran jóvenes de entre 12 y 25
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