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El poema abre un mundo que no tiene fin.
Oscar del Barco.
UAN LAURENTINO ORTIZ fue sin duda uno de los poetas más importantes delsiglo que pasó y sigue siendo, sin embargo, desconocido para muchos, no sólo comoel poeta excelente que fue (convengamos que la poesía no es un género popular) sinocomo todo lo que representa para lo mejor de la actual poesía argentina. Su actitudde completa entrega al trabajo poético y la profunda coherencia entre su vida y suobra lo convierten en un ejemplo existencial (ejemplo del que nunca se jactó y al quefue fiel hasta el último día).En estos meses nos entregamos a la sorpresa de descubrir la maravilla de supoesía que ha atravesado mucho más de medio siglo para devolvernos hoy la secretaintimidad de las cosas: aquellas que ya no son un objeto que podemos poseer,dominar y modificar, sino un regalo de virtud paciente que recibimos para volver adonar en el poema.Su ternura y piedad infinita por todas las cosas, el estremecimiento ante labelleza de lo que calla
,
en la poesía de
Juanele
, fueron cada vez una
experiencia
: esdecir, la magia súbita de descubrir el mundo como si fuera la primera vez, una formade conocimiento que se abre, necesariamente, a la humildad secreta de todo lo quecalla y espera.Esta fue una experiencia en lo abierto de los días: en la felicidad extrema quese libera de condiciones para fulgurar en el instante mismo de la dicha, en el 'aquí yahora' que se abre ante la pregunta que no anticipa la respuesta, que no cierra laposibilidad de vuelo sino que llama, por lo bajo, a una nueva pregunta. Así, nosotros,de pregunta en pregunta, de vuelo en vuelo, hicimos del lenguaje de siempre laolvidada dicha de nombrar 'porque sí', de 'decir por decir' todas esas inútiles cosassin las que no es posible vivir.Esta experiencia, aunque realizada en forma individual, es necesariamentecomunitaria: compartimos lo más hondo que somos, la comunión de la belleza sinnombre de la que no somos dueños, la clara presencia de lo que simplemente
es
.
La poesía
-dice Oscar del Barco-
no enseña nada, no dice nada
o dice lo 'nodecible' y enseña lo 'no enseñable'. Si aprendimos algo quizás sólo fue la esquivaposibilidad del mundo en la palabra, la emoción del balbuceo primero, laincandescencia de aquello que no podemos alcanzar en el concepto. Aprendimos,
J
e has sorprendido, diciéndome, amigo,que “mi poesía” debe de parecerse al río, que no terminaré nunca, de decir...
M
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