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Versión castellana de Gabriel Valle
De la primera edición italiana por Il Cerchio, Iniziative Editoriali, Rimini 1996
por cortesía de Australis, Axis Mundi, Lima, Perú para Globo y Nación, Lima, Perú
2000
Presentar esta tercera edición de El Misterio Imperial del Grial no es, para el autor, cumplir con un formalismo convencional. Es cancelar una deuda con sus lectores, tanto de aquéllos que por primera vez se acercan a esta obra como de aquellos que han conocido las dos ediciones precedentes.
Este libro ya no es el mismo de la última edición, ni aun de la anterior. Desde entonces el libro ha experimentado sustanciales perfeccionamientos. Ha sido enriquecido con nuevos documentos, interpretados éstos a la luz de nuevas intuiciones que han madurado en el curso de los años. La temática tratada, por su naturaleza, no puede ser objeto de un puro ejercicio literario abandonado a la inventiva y a la ocurrencia personal, ni objeto de una fría disección histórica y filológica. Para entenderla en su realidad más profunda, es preciso internarse en el corazón de los símbolos. Más allá del velo de las alegorías. Hay que traspasar el cuerpo de la letra en busca del sentido más oculto, llamado por Dante (entre otros) "anagógico". El sentido todavía henchido del soplo inspirador que brota de lo más hondo y que con esas formas y esas letras se vistió en consonancia con los tiempos en los que el ciclo del Grial tomó forma. Entonces, en los últimos años del siglo XII, tradiciones por mucho tiempo transmitidas oralmente fueron vertidas a la escritura por autores que conocían, además del significado de las tradiciones, el arte de las letras. Ellos desempeñaron el papel de rapsodas -"hilvanadores de cantos"- como sucedió unos mil ochocientos años antes para la Iliada. Luego para la Odisea. Para la Edda germánica y como había ocurrido en la India para el Mahabharata.
En el ciclo del Grial viven tradiciones de raíces inmemoriales. Tales raíces, a medida que se profundizan y enriquecen las investigaciones sobre su contenido y sobre sus orígenes, revelan el humus del que extrajeron la savia innumerables florescencias en el decurso de los siglos y los milenios. Tradiciones celtas y germanas, presentes en formas comparables en la Grecia arcaica y en el Cercano Oriente y comparables -por temáticas y simbolismos- con tradiciones iranias e hindúes. Mitemas como la Isla Blanca, Tierra de los Inmortales, o de los Hiperbóreos; las aguas peligrosas que el héroe debe cruzar para llegar allí; el simbolismo mismo de la Copa y de la Búsqueda, además de los requisitos morales y espirituales que se exigen a quien se muestre dispuesto, atraviesan las fronteras étnicas y culturales. Incluso las fronteras, vastas de por sí, de las culturas de la familia indoeuropea que se hallan en Extremo Oriente y en las Américas.
Todavía más lejano en el tiempo, hace cuatro mil años y alrededor de un milenio y medio antes de Homero, Gilgamesh, rey de Uruk, parte en busca de la inmortalidad más allá de las "aguas de la muerte" hacia la región de Dilmum donde vive eternamente Utnapishtim el Lejano, que se salvó del Diluvio.
La Búsqueda viene de muy lejos. Tal vez sea tan antigua como las estructuras del pensamiento del homo religiosus, especie cultural de homo sapiens sustancialmente distinta del "hombre tecnológico". Éste, producto final de una evolución de la que él mismo se considera realización, ha perdido la motivación y el sentido de aquella Búsqueda. Pero tal vez no una inconfesa nostalgia.
El tema de la Búsqueda, por tanto, se presenta como un laberinto cuyo ingreso se entrevé a través de una puerta que quedó entreabierta, con el ciclo griálico, más de ochocientos años ha en el signo de la Santa Copa y de la Lanza que fuera de Longino. Pero de aquel laberinto no se entrevén los orígenes. Y esa puerta se cerró después de unos dos siglos, tras la desaparición de los Templarios. Con ella se sumió en el silencio y en la sombra una de las más profundas expresiones del espíritu de la Edad Media europea, como el sol tras un ocaso radiante.
¿Cómo seguir aquel laberinto y adentrarse en sus innumerables pasillos sin perderse y sin perder de vista el sentido de esa penetración, que es también a su manera una Búsqueda? ¿Existe un hilo de Ariadna? ¿Y en qué consiste?
El método que hemos adoptado consiste en permanecer fieles al significado de la Búsqueda tal como éste ha sido expuesto por los escritores que lo abordaron por medio de alegorías más o menos transparentes y simbolismos más o menos
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