/  135
EL MISTERIO IMPERIAL DEL GRIAL
MARIO POLIA

Versión castellana de Gabriel Valle
De la primera edición italiana por Il Cerchio, Iniziative Editoriali, Rimini 1996
por cortesía de Australis, Axis Mundi, Lima, Perú para Globo y Nación, Lima, Perú
2000

Prefacio a la tercera edición italiana

Presentar esta tercera edición de El Misterio Imperial del Grial no es, para el autor, cumplir con un formalismo convencional. Es cancelar una deuda con sus lectores, tanto de aquéllos que por primera vez se acercan a esta obra como de aquellos que han conocido las dos ediciones precedentes.

Este libro ya no es el mismo de la última edición, ni aun de la anterior. Desde entonces el libro ha experimentado sustanciales perfeccionamientos. Ha sido enriquecido con nuevos documentos, interpretados éstos a la luz de nuevas intuiciones que han madurado en el curso de los años. La temática tratada, por su naturaleza, no puede ser objeto de un puro ejercicio literario abandonado a la inventiva y a la ocurrencia personal, ni objeto de una fría disección histórica y filológica. Para entenderla en su realidad más profunda, es preciso internarse en el corazón de los símbolos. Más allá del velo de las alegorías. Hay que traspasar el cuerpo de la letra en busca del sentido más oculto, llamado por Dante (entre otros) "anagógico". El sentido todavía henchido del soplo inspirador que brota de lo más hondo y que con esas formas y esas letras se vistió en consonancia con los tiempos en los que el ciclo del Grial tomó forma. Entonces, en los últimos años del siglo XII, tradiciones por mucho tiempo transmitidas oralmente fueron vertidas a la escritura por autores que conocían, además del significado de las tradiciones, el arte de las letras. Ellos desempeñaron el papel de rapsodas -"hilvanadores de cantos"- como sucedió unos mil ochocientos años antes para la Iliada. Luego para la Odisea. Para la Edda germánica y como había ocurrido en la India para el Mahabharata.

En el ciclo del Grial viven tradiciones de raíces inmemoriales. Tales raíces, a medida que se profundizan y enriquecen las investigaciones sobre su contenido y sobre sus orígenes, revelan el humus del que extrajeron la savia innumerables florescencias en el decurso de los siglos y los milenios. Tradiciones celtas y germanas, presentes en formas comparables en la Grecia arcaica y en el Cercano Oriente y comparables -por temáticas y simbolismos- con tradiciones iranias e hindúes. Mitemas como la Isla Blanca, Tierra de los Inmortales, o de los Hiperbóreos; las aguas peligrosas que el héroe debe cruzar para llegar allí; el simbolismo mismo de la Copa y de la Búsqueda, además de los requisitos morales y espirituales que se exigen a quien se muestre dispuesto, atraviesan las fronteras étnicas y culturales. Incluso las fronteras, vastas de por sí, de las culturas de la familia indoeuropea que se hallan en Extremo Oriente y en las Américas.

Detrás de Parsifal en busca del Grial está Cormac de Tara, rey de Irlanda que alcanza
la Fuente del Conocimiento en el Árbol de plata que produce frutos de oro.
Está Conn y la Copa de oro situada más allá de la niebla, que le ha entregado la
Esposa de los reyes, la Soberanía de Irlanda.
Está Odín y la Tinaja Odhrœrir de la que saca el hidromiel de sabiduría después de
sacrificarse a sí mismo sobre el Árbol del Centro del mundo.
Está Jasón y el Vellocino fatal. Hércules y las manzanas de las Hespérides.
Pero está también, en México, Moctezuma y la busca de Aztlán, la Isla Blanca de la
que emigraron los ancestros de su gente guiados por Huitzilopochtli.

Todavía más lejano en el tiempo, hace cuatro mil años y alrededor de un milenio y medio antes de Homero, Gilgamesh, rey de Uruk, parte en busca de la inmortalidad más allá de las "aguas de la muerte" hacia la región de Dilmum donde vive eternamente Utnapishtim el Lejano, que se salvó del Diluvio.

Aún más atrás en el tiempo hay héroes olvidados cuyo nombre los escribas nunca
imprimieron en la arcilla. O todavía no han sido descubiertos por los arqueólogos.

La Búsqueda viene de muy lejos. Tal vez sea tan antigua como las estructuras del pensamiento del homo religiosus, especie cultural de homo sapiens sustancialmente distinta del "hombre tecnológico". Éste, producto final de una evolución de la que él mismo se considera realización, ha perdido la motivación y el sentido de aquella Búsqueda. Pero tal vez no una inconfesa nostalgia.

El tema de la Búsqueda, por tanto, se presenta como un laberinto cuyo ingreso se entrevé a través de una puerta que quedó entreabierta, con el ciclo griálico, más de ochocientos años ha en el signo de la Santa Copa y de la Lanza que fuera de Longino. Pero de aquel laberinto no se entrevén los orígenes. Y esa puerta se cerró después de unos dos siglos, tras la desaparición de los Templarios. Con ella se sumió en el silencio y en la sombra una de las más profundas expresiones del espíritu de la Edad Media europea, como el sol tras un ocaso radiante.

¿Cómo seguir aquel laberinto y adentrarse en sus innumerables pasillos sin perderse y sin perder de vista el sentido de esa penetración, que es también a su manera una Búsqueda? ¿Existe un hilo de Ariadna? ¿Y en qué consiste?

El método que hemos adoptado consiste en permanecer fieles al significado de la Búsqueda tal como éste ha sido expuesto por los escritores que lo abordaron por medio de alegorías más o menos transparentes y simbolismos más o menos

Share & Embed

More from this user

Recent Readcasters

Add a Comment

Characters: ...