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de la influencia que siguen ejerciendo en ella suscuranderos locales.Por otra parte, aunque ya nadie duda de laetiología infecciosa de la tuberculosis, los avan-ces en genética han reactualizado la importanciade una predisposición hereditaria a desarrollarla,lo que explica que sólo uno de cada 10 infecta-dos progrese a enfermedad a lo largo de suvida.Parece ahora increíble que los más sesudoscientíficos, a lo largo de más de veinte siglos,hayan derrochado sus mejores energías enbizantinas discusiones, cuando no en francaspeleas, entre los partidarios de las teorías“unicista” y “dualista” de la tuberculosis, tanestériles como la controversia sobre cuántos án-geles caben en la punta de un alfiler.Ahora sabemos que cuando el bacilo de Kochentra en una población anteriormente virgen deinfección tuberculosa determina una formasubaguda de la enfermedad, parecida a la tifoi-dea, con predominio de las diseminacioneshematógenas, lo que determina una elevada mor-talidad en los sujetos más susceptibles. Losgenéticamente más resistentes sobreviven a ex-pensas de formas de tuberculosis más crónicas,pero también más contagiosas. El M. tuberculo-sis se ha introducido en diferentes períodos enlos distintos países, de modo que el mundo tie-ne actualmente poblaciones en contacto recientecon la enfermedad, otras en etapa de tubercu-lización masiva, con elevadas tasas de infec-ción, morbilidad y mortalidad, y un número cre-ciente de individuos genéticamente más resis-tentes, porque sus antepasados fueron someti-dos a una selección natural que favoreció laconservación de genes protectores que les per-mitieron sobrevivir y reproducirse sin desarro-llar la enfermedad.Tenemos que reconocer, con humildad, quedistintos microorganismos nos han ido seleccio-nando, a lo largo de la historia y que en realidadsomos meros sobrevivientes, genéticamente pri-vilegiados, de las grandes epidemias del pasado.2.- ETAPA DE LOS GRANDESDESCUBRIMIENTOSLos primeros avances científicos, verdaderoinicio de nuestro penoso progreso en la con-quista de la tuberculosis, comienzan a fines delsiglo XVIII con el estudio más sistematizado delos enfermos, el florecimiento de la observaciónclínica y el desarrollo de la semiología pulmonar.Auenbrugger (1722-1809), hijo de un posaderoaustríaco, veía cómo su padre percutía los to-neles de vino para conocer su contenido y altrasladar esta observación a los enfermos des-cubrió la percusión pulmonar. Laennec (1781-1826), el inventor de la auscultación mediata ydel estetoscopio, tuvo el gran mérito de defen-der la teoría unitaria de la tuberculosis, demos-trando que escrófulas, tubérculos y tisis, co-rrespondían a la misma enfermedad. Separó a latuberculosis de las demás afecciones pulmonaresy en 1818 concluyó: “No hay más tisis que latuberculosis”. Además Laennec, que murió deesta enfermedad a los 45 años de edad, tambiénapreció el origen infeccioso de la tuberculosis,declarando: “Me he infectado; cuidado con lasdisecciones de cadáveres que han muerto detisis, porque la tisis es contagiosa”.Pero, la etiología de la tuberculosis no pudoaclararse hasta que en 1882, en un memorabledía 24 de Marzo (que ahora llamamos el “DíaMundial de la Tuberculosis”), el gran RobertKoch (1843-1910) presentó su transcendentaldescubrimiento frente a 36 miembros de la So-ciedad de Fisiología de Berlín, que fue la únicaque se prestó a escucharlo. El efecto sobre elauditorio fue asombroso. Los asistentes perma-necieron paralizados en sus asientos, tan fasci-nados que según se cuenta, se olvidaron de aplau-dir. Después de un silencio impresionante, elpresidente abrió la discusión; pero, no hubo nin-guna discusión. Por primera vez en la historiade la sociedad nadie se atrevió a hacer ningúncomentario. Todos los ojos se volvieroninstintivamente hacia Virchow, que se encontra-ba presente, pero el campeón de la teoría dualistade la tuberculosis no tenía nada que decir; poruna vez, el gran Virchow permaneció silencio-so, como todos los demás.Koch, en pocos meses aisló el bacilo, descu-brió una tinción especial para demostrarlo, locultivó en medios especiales que desarrolló contenacidad prusiana y lo inoculó a diferentes ani-males de experimentación. Es impresionante leerlos detalles de cómo fue avanzando en sus des-cubrimientos. Tal vez lo más revelador de sugenio fue la paciencia que tuvo para esperar quelos cultivos, en sus medios primitivos, dieranresultado. Durante los primeros días después desembrar sus muestras, nada ocurrió. Nada ha-cía pensar en esa época que hubiera bacteriasque demoraran tanto en aparecer en los mediosde cultivo. Pero, Koch supo esperar; esperó has-ta que sus cultivos imperfectos y desecados,con el paso de los días y de las semanas, estu-vieron en condiciones de demostrar la existen-cia de un microorganismo nuevo, nunca antes
La conquista de la tuberculosis - V. Farga C.
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