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Suplemento especial 
Guatemala, 1 de diciembre de 2006
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l 16 de septiembre de 1944 cumplí quinceaños de edad. Ya por entonces, habién-dome graduado de secretaria comercial ytaquimecanógrafa, trabajaba al lado de miprimo, el doctor Antonio Goubaud Carrera (crea-dor del Instituto Indigenista), en una de las ins-talaciones, aquí en Guatemala, de la InstituciónCarnegie de Washington. Por aquella época fungíacomo presidente el general Ponce Vaides, quiencontinuaba la política dictatorial de Jorge Ubico.En los cargos gubernativos proseguía la mayoríade los servidores del ubiquismo, por lo que elpueblo de Guatemala continuaba organizándoseen su lucha a favor de la libertad. En tal actividaddestacaban los estudiantes universitarios. Dosmeses antes, el 3 de julio, los estudiantes habíansometido al conocimiento del gobierno provisio-nal de Ponce una serie de puntos, dentro de loscuales destacaba el otorgamiento de la autono-mía universitaria, la revisión de las autoridadesy docentes de la Universidad y el goce de garan-tías y derechos democráticos. Tal documentofue entregado a Ponce por una delegación estu-diantil y otra del magisterio nacional. En apoyoa las demandas estudiantiles se pronunciaron in-telectuales del calibre de Enrique Muñoz Meany.Éste había escrito un artículo periodístico en elcual destacaba que “(...)En ningún país civilizadose aplica a los institutos y escuelas normales laorganización y métodos propios de los centrosmilitares (...)”. Pero Ponce no accedía a la desmi-litarización total; tan sólo se limitaba a atenuar larigidez disciplinaria.Por ese entonces, mi madre albergaba aestudiantes universitarios como huéspedes. És-tos (como era natural) formaban parte de la nue-va juventud revolucionaria. Yo misma habíaasistido a la manifestación del 25 de junio,cuando cientos de jóvenes, mujeres yhombres, vestidos de negro,protestamos contra Ubi-co. Mi madre, sobretodo, odiaba a Ubicoy luego a Ponce. Mipensamiento revo-lucionario, del cual nunca he claudicado, se for- jó, así, desde mi adolescencia. El ambiente demi casa era altamente idealista y nadie pensabaen sí mismo sino en aquella nueva patria que sequería construir. En la primera quincena de sep-tiembre había hecho su entrada a Guatemala eldoctor Juan José Arévalo (un profesor humanis-ta) como candidato a la Presidencia, postuladopor el Partido de Renovación Nacional. Todosfuimos a darle la bienvenida, henchidos de fer-vor patrio. Mi madre se enamoró de aquel jovenalto, robusto y bien parecido. Y no sólo ella. Losestudiantes universitarios todavía se manteníanunidos ante cualquier dictadura. La nueva JuntaDirectiva de la Asociación de Estudiantes Univer-sitarios, que fungía a partir del 15 de septiembrede 1944, tuvo una destacada participación en elmovimiento libertario del 20 de octubre de 1944.La unidad de todos los sectores estudiantiles,profesionales, maestros y obreros logró la granalianza que apoyó a la Junta Revolucionaria deGobierno, formada por Jacobo Arbenz Guzmán,el ciudadanos Jorge Toriello y el mayor FranciscoJavier Arana. Y fue esta junta la que otorgó laautonomía universitaria al emitir el Decreto No.12, de fecha 9 de noviembre de 1944. El artículo1o. indicaba que “La Universidad Nacional de SanCarlos, con sede en la capital de la República, esautónoma en el cumplimiento de su misión cien-tífica y cultural, y en el orden administrativo”.La Universidad fue conformada por lassiguientes Facultades: Ciencias Jurídicas y Socia-les; Ciencias Médicas; Ciencias Naturales y Far-macia; Ingeniería; Odontología; Humanidades.El Decreto No. 12 entró en vigor el 1o. de diciem- bre de 1944, fecha establecida como “Día de laAutonomía Universitaria”.Sería la Facultad de Humanidades la queme atraería más. Ya por entonces, aunque aún nome había graduado de bachiller, pues mi madreme obligaba a trabajar en la Institución Carnegie,dedicaba mis horas libres a leer aquellas novelasque me apasionaban y por las que podía huir dela realidad que me limitaba. La Facultad de Hu-manidades estaba ubicada en una casona de la 9aavenida, entre 13 y 14 calles de la actual zona 1.Siempre que podía, asistía a conferencias de emi-nentes humanistas extranjeros, invitados por laFacultad. Para mí no había felicidad más grandeque asistir a tales eventos. Cuando por fin pudegraduarme de bachiller, entré de inmediato a laFacultad. Sentía especial inclinación por las carre-ras de Letras y Filosofía. Por fin escogí Letras,pero sin abandonar del todo Filosofía. El 5 de julio de 1957 me gradué de licenciada en Letras.Primera mujer que alcanzaba tal título académi-co. El 1o. de diciembre de ese mismo año, se menombró para pronunciar el discurso en nombrede los graduandos. Tal acontecimiento tuvo lu-gar en el actual Paraninfo Universitario.Muchos años más tarde, cuando fungíacomo jefa de Relaciones Públicas, en la épocadel rectorado del doctor Rafael Cuevas del Cid,al conmemorarse un año más de la Autonomíade la Universidad de San Carlos, estuve encargadade los preparativos para entregarle al ciudadanoJorge Toriello un diploma en donde se le reco-nocía como uno de los autores de la Autonomía.Recuerdo que el acto se llevó a cabo en la partede atrás de la Rectoría. Yo iba y venía, tratando deatender a las múltiples personalidades que asis-tieron. Un trabajo que desempeñaba con muchaalegría. Confieso que amo la Universidad que meforjó como profesional; siempre he pertenecidoa mi Alma Mater. En el año 2000, tuve la honrade recibir la Medalla Universitaria. Crecí bajo losdictados de la Revolución de Octubre de 1944; meforjé bajo el alero de la Universidad de San Carlosde Guatemala.
Datos y fechas históricos: Augusto Cazali Ávila,
Historia de la Universidad de San Carlos de Guatemala: época republicana (1821-1994) 
, Guatemala: Edit. Universitaria, 2001.
Margarita Carrera: escritora y Premio Nacional de Lite- ratura.
Autonomía universitaria ycreación de la Facultad deHumanidades
 Margarita Carrera 
Edificio de la Facultad de Humanidades.
 
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Suplemento especial 
Guatemala, 1 de diciembre de 2006
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l tema de la Autonomía Universitaria seconsagra en la Constitución de Guatemalapromulgada en 1945, como producto dela Revolución de 1944. Por su parte, enesa época, el Congreso de la República emitió lasLeyes Orgánicas de la Universidad y la de Colegia-ción obligatoria para los graduados en el ejerciciode su profesión.El sentido de la autonomía ha sido valo-rado como un reconocimiento. Efectivamente, elgobierno revolucionario reconoce el involucra-miento de los y las universitarios/as en las luchasciudadanas por alcanzar la democracia en estepaís. Políticamente hablando, se da crédito a talparticipación, la vida ciudadana discurría parale-lamente a la de la universidad. En atención a lanormativa que regula la autonomía es necesarioreconocer que ésta se produce en un marco detotal libertad organizativa y se funda en princi-pios democráticos importantes de resaltar. A ma-nera de ejemplo: el ejercicio ciudadano de elegirdemocráticamente a sus autoridades a través decuerpos electorales, en donde la comunidad uni-versitaria participa comprometida y activamente.La posibilidad de ser electo/a y elegir autorida-des, amplía el horizonte al discernimiento sobrequién o quiénes llenan las mejores calidades parael honroso cargo de Rector/a de la Universidad,Decanos/as de Facultades, Directores/as de Es-cuelas y Directores/as de Centros Regionales.El principio de libertad también es atinen-te al concepto de autonomía, referencia expresa ala elección de su personal docente, en donde lacalidad profesional y los valores éticos han sidofuente de atención y preocupación constante parala comunidad universitaria. Se trata de elegir per-sonal docente y de investigación a partir de méri-tos y por oposición; los sistemas que en esa línease han puesto en marcha, fundamentalmente enlos últimos años, dan cuenta de los esfuerzos develar por preservar la calidad por encima de lasposiciones clientelares o politiqueras. En corres-pondencia con lo anterior, la carrera universitariay los ascensos también tienen como referente eltema de la calidad.La autonomía responsabiliza al Estadofrente a la universidad, en términos de ser el ga-rante en la asignación de fondos, los cuales sonmanejados por el Consejo Superior Universitario,máximo órgano de decisión política de nuestracasa de estudios. La ejecución de dichos fondosha significado para la universidad el reto del usoeficiente, honesto, pertinente y adecuado de és-tos, toda vez que existe el compromiso de formarprofesionales de alta calidad académica capacesde incidir en los problemas nacionales, con pro-puestas viables, factibles y responsablementeformuladas. En esa línea, todas las unidades aca-démicas y la universidad en su conjunto debenser ejemplo de transparencia en el manejo y usode los recursos que llegan a ella a través de la re-caudación impositiva a los ciudadanos; así que eltema o asunto de rendición de cuentas, debe sersu mejor baluarte.La autonomía universitaria también abrelas puertas a la participación estudiantil; ejerci-cios de elección de cuerpos electorales, para au-toridades y aquellos para elegir representantes ala Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU)y para las asociaciones por unidad académica,dan muestra del comportamiento y del valor cívi-co impulsado por generaciones jóvenes, quienesen el futuro serán los profesionales egresados dela universidad. Toda esta ejercitación ha tenidocomo telón de fondo la prevalencia de valoresdemocráticos de participación ciudadana, con locual se fortalece el sentido de la democracia eneste país. La convocatoria a la elección de auto-ridades se amplía a egresados a través de la par-ticipación en los procesos eleccionarios en susrespectivos Colegios Profesionales. En todo caso,el espíritu de estas fiestas cívicas siempre deberáser: elegir a los y las mejores autoridades, es de-cir, a aquellos/as profesionales de sólida forma-ción, comprometidos/as con estándares de altacalidad académica y con los principios ético pro-fesionales; capaces de ofrecer a sus electores/asy a toda la comunidad universitaria un proyectoestratégico cuya gestión se oriente a promover laincidencia y la propuesta de la universidad en losasuntos nacionales, para contribuir al desarrollo.Sugiere en consecuencia, un compromiso autén-tico con la formación y preparación, por partede quienes asumen la conducción de las diversasunidades académicas, también de sus equipos decolaboradores/as. Ese compromiso y responsa- bilidad son extensivos a aquellos/as estudiantesque son elegidos/as para representar, a través desus asociaciones, a la comunidad estudiantil.Conceptual, metodológica y políticamen-te hablando la autonomía universitaria tiene ac-tualidad, es decir, está vigente, desde ella se sien-tan las bases y los principios para construir unmodelo de universidad en consonancia con lasnuevas exigencias y desafíos en los planos eco-nómico, político y social que plantea el escenariomundial. Desde una visión sistémica, su modelode gestión debe tomar en cuenta los avances tec-nológicos y del conocimiento a nivel mundial y enello considerar la importancia de la asociatividadestratégica, traducida en redes y sistemas de in-tercambio y cooperación.El gran potencial de la Universidad deSan Carlos lo constituye su recurso humano, suscapacidades académicas, técnicas, científicas yfinancieras; es responsabilidad, entonces, de susautoridades, personal docente y de investigacióny personal administrativo contribuir a una ges-tión cuyos resultados se orienten a la calidadacadémica y se basen en la ética y el servicio yproyección social. La autonomía universitariaes el telón de fondo del modelo pedagógico quedebe implementar la universidad, el cual deberápromover y proyectar una cultura de paz. La in-vestigación científica como fuente de produccióny recreación de conocimiento, es otro de los gran-des compromisos de la universidad y es, precisa-mente, la autonomía universitaria la que abre laspuertas a producirlo sin cortapisas e intereses decarácter político. Se erige, la universidad, en cen-tro de producción, divulgación y promoción delos resultados de la investigación científica en losdiversos ámbitos de la vida nacional, su historiada cuenta de ello.Así pues, a manera de cierre y no porquecon ello se agote el análisis, cualquier proyectopolítico académico de universidad deberá basar-se en los principios reguladores de la autonomíauniversitaria. El secreto, en todo caso, está en dar-les vida a través de una propuesta cuyo norte cla-ro sea: contribuir sustantivamente al desarrollodemocrático y sustentable de este país.
Margarita Castillo Chacón: in- vestigadora del Instituto de Investigaciones Políticas y Sociales (IIPS), Escue- la de Ciencia Política,USAC.
AutonomíaUniversitaria
 Margarita Castillo Chacón 
Estudiantes en un laboratorio universitario.
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