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Paz Zea

Paz Zea

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06/15/2009

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Paz Zea es escritora de relatos cortos. Nos envía este relato, premiadoeste mes de mayo, con mucho merecimiento:
 Pseudónimo: Caballito de cartón
BAJO LA LUNA DE MARZO
Dicen que cuando se ve una estrella fugaz, uno cierra fuerte los ojos, pide undeseo y se cumple. ¡Ojalá fuera cierto!Volver. Buen momento para volver bajo esta luna inflamada de marzo. Si lohaces con la luz del a, n puedes ver la nieve pintando los cerros s altos.Encontrarás todos los ribazos y las veredas ya verdes; sí, es el vocabulario nuevo decada primavera, el que ha hecho brotar a todas las plantas y zarzales. El paraje hacambiado algo, pero no tanto. Las leves ráfagas de viento que desnudan las ramas de losalmendros no son las mismas de aquellos años, pero se semejan tanto…Al cruzar la cancela, las piedras del suelo, llenas de verdín por las copiosaslluvias de este pasado invierno, reconocerán tus pasos. Ya estás en casa. Has vuelto,viejo, ahora cuando el jazmín amarillo está en plena floración y son sus diminutos pétalos derramados los que alfombran tu camino de vuelta a casa. Sube los dieciséisescalones; al que hace diecisiete, en el rellano, párate, viejo, y contempla en la loma delCamino de los Neveros el paso imperturbable del tiempo. En el porche hice algunas pequeñas reformas, nada importante, sólo quiero destacar la rocalla con cactus que sehan adaptado tan bien al insolente airecillo norte que entra por aquí. Desde la ventana dela salita te saludarán el Cerro del Sanatorio y el Cerrajón. Ves, viejo, ¡qué placer! Estasvistas en los atardeceres ensanchan el alma, despliegan alegrías; a veces suelo contar los borreguitos de algodón que las nubes dejan desparramados; otras, veo delfines saltando
 
en el mar del cielo; también liebres grises tan largas y de hocicos tan abiertos quecomerían zanahorias gigantes. Desde la otra ventana, en el salón, podrás contemplar elCerro del Huenes y el de los Pollos. A eso de las ocho de la mañana, justo en el instanteen el que el sol los alumbra como por primera vez, el corazón se me desborda tanto enese hueco del tiempo sin tiempo que cada día dispongo de unos minutos de eternidad.¡Qué generoso es el paisaje desde esta casa!La terraza es el mejor lugar para escuchar al río. Este año trae un buen caudal,como en los viejos tiempos. ¿Oyes a los patos? Sí, ahora nuestro río Monachil tiene patos. Sus aguas, que vienen tan bravas desde Sierra Nevada, aquí se apaciguan un poco, se entretienen jugando con los patos. Eterno y sabio este río que pasando ya delBarrio y del Puente, se torna más triste, y al juntarse con el Genil pierde su identidadsintiéndose sólo agua. De toda la casa, éste es el mejor espacio. Aquí también, cada primavera, los pájaros me traen sus cantos y gorjeos. Un día se me ocurrió construir unagran ‘volaera’, viejo, que todos necesitamos tener algo o alguien a quien cuidar. Tengouna pareja de canarios amarillos, el macho es un buen tenor y la hembra, que era todaella un manojillo de nervios, ahora está en el nido siempre quieta; seguro que prontotendremos diminutas crías. Hay dos parejas de isabelitas y mandarines compartiendoespacio; dicen que estas especies son originarias de Japón, yo los veo muy bienadaptados, son tan pequeñitos y caseros que la mayor parte de su tiempo se lo pasandentro del cajón de la vieja máquina de coser 
Sigma
; sí, se lo puse de pajarera, total, yano tenía utilidad y a ellos les ha venido tan bien. Comen alpiste, lechuga, pero lo quemás les gusta es el mijo. La pareja de tórtolas es mi favorita, con esos arrullos que sehacen, no encariñarse con ellas sería imposible. El macho, que es el que parece quetiene un collar en el cuello, va y le lleva a la hembra, cuando esen el nidoempollando, una ramita seca de las que les dejé en el suelo, y ella la coge con su pico
 
toda contenta… Sólo les falta hablar. Las perdices las tengo por ti, viejo, eran tusanimales favoritos, nunca lo olvidé. No sé diferenciar quién es quién por más empeñoque pongo observando sus cabezas y sus espolones. Lo que a mí más me gusta de ellasson sus ojillos enmarcados en rojo y sus patitas granate y, sobre todo, que cada día almirarlas, me traen tu recuerdo. Igual que ellas disfrutan dándose un baño de tierra, yome contento rescatándote del pasado. Comprendes, viejo, por qué paso tanto tiempoaquí… Aquí el tiempo vuela, me siento más cerca del cielo, percibo hasta los suspirosde las hierbas creciendo ladera arriba.Si vuelves de noche, la luz de la nueva farola alumbra bien el camino, verás lacasa asomándose contenta a la verja. Toca la campana, que está a mano derecha de lacancela, bajaré inmediatamente para abrir y nos daremos un abrazo tan largo y fuerte…Después, juntos, sentados en el sofá, charlaremos. ¡Tengo tantas cosas que contarte,viejo! ¿Tú nos habías olvidado? Dime, viejo, ¿te acordabas de la vieja y de mí?Aquí seguimos celebrando San Antón y San José; también la Virgen del Rosarioy de las Nieves, ¡benditas tradiciones! Un pueblo sin sus tradiciones pierde su identidad.Tenemos parques, caminos y carreteras nuevas; y en la Casa de la Cultura, en elBarrio, un auditorio; sí, Príncipe Felipe se llama.Veintisiete años lejos son muchos días y meses… ¡Cuánto tiempo!La rondalla en la que tú tocabas desapareció; unos se hicieron viejos, otrosmurieron. Mira en la estantería, ahí enfrente tengo tu bandurria y tu laúd. Los conservoen buen estado, esperándote. Sólo tienes que poner sus cuerdas a punto, afinarlos, y teincorporarás en el coro o en la charanga, viejo, donde tú quieras.Dime, en todos estos años, ¿tú has visto a alguno de tus amigos? O quizás a tuhermano el mayor o a tu hermana Piedad. Es que se fueron también, pero ellos deviejos, murieron de años muy cumplidos. Lo tuyo fue otra cosa.

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