Octubre de 2003: el principio del fin de la democracia
Dante Napoleón Pino Archondo - 3 -
Capítulo ILas reformas: acelerador y freno
Después de 1997, lo que ocurriera en Bolivia estaría marcadopor la capitalización. Las reformas emprendidas en ese tiempofueron mucho más amplias y modificaron profundamente la es-tructura del Estado Nacional, abriendo la economía y la socie-dad a los mercados y a las inversiones, y abriendo el territorioa los municipios y a los ciudadanos. Esas reformas exigían re-quisitos previos y uno de ellos desató las mayores controver-sias: el cambio del Capitalismo de Estado prevaleciente hastaentonces, por el liberalismo económico.No fue un proceso impuesto, sino el resultado de un voto ma-yoritario que le dijo sí al “
Plan de Todos
” y que luego se trans-formó en un conjunto de acciones destinadas a convencer so-cialmente, a evitar las resistencias y a demostrar que el Go-bierno tenía la convicción y seguridad de que la conversióneconómica era la mejor salida posible para acortar los tiemposque el desarrollo exige a fin de aminorar distancias entre elsubdesarrollo y el primer mundo.Hubieron resistencias, como en todo proceso de transforma-ciones, pero al final, la sociedad acompañó los cambios y ledio al proceso al menos el beneficio de la duda, esperando losresultados.Si el período 93–97 (Sánchez de Lozada–Cárdenas) logró mo-dificar la estructura estatal y demostró que la economía nacio-nal podía cambiarse en democracia, el Gobierno posterior (Bánzer–Quiroga) actuó como freno y ocasionó un desgastemuy fuerte a la dinámica que exigía ese proceso. Cuando senecesitaba la continuidad de la política económica para afian-zar el modelo y darle sostenibilidad, permitiendo por ejemploque las nuevas instituciones, como las superintendencias, ju-garan el rol asignado en la ley, y mejorara la capacidad estatalde fiscalizar al sector privado de la economía, el GobiernoBánzer–Quiroga se desinteresó del proceso y contribuyó a sudesprestigio.Se dice que la política es economía concentrada. Nada máscierto si tomamos en cuenta los tiempos y ritmos que se re-querían para que los resultados que se esperaban tuvieran laconsistencia y la demostración de que estábamos en el caminocorrecto. No sólo porque se quebró la continuidad cuando elGobierno dudó en seguir adelante, sino también, porque losorganismos financieros internacionales en vez de flexibilizar suvisión del cambio acentuaron los condicionamientos exigidos yendurecieron su política ocasionando indecisiones y evalua-ciones constantes que terminaron por asfixiar el proceso.La falta de continuidad en los cambios ocurridos y la luchapolítica que los distorsionó tuvo graves repercusiones en nive-les institucionales, en la obtención de resultados y en el debili-tamiento de la autoridad Estatal.Durante el periodo de 1997–2002 el modelo económico tuvouna administración deficiente. No se efectuaron los ajustes ur-gentes que requería la capitalización y la reforma de pensio-nes; la deuda interna creció a un ritmo acelerado y las condi-ciones externas en la economía internacional restringieron las
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