Charles Robert Maturin Melmoth El Errabundo
errabundo, de modo que el dolor no se alimenta de causas exteriores sino de lapropia constitución subjetiva del villano. De esta manera, concibiendo el mal comoalgo interior, como la propia constitución psicológica del personaje central,difícilmente es posible hallar una salida a la situación tormentosa en que todomovimiento del alma acaba por desembocar.
Melmoth el errabundo
se levanta comoun monumento a una visión infernal del destino humano, en el que sólo existe unacto eternamente repetido: el descenso y hundimiento en el abismo.La idea de esta novela (o relato) está sacada de un pasaje de uno de missermones, el cual (como es de suponer que lo han leído muy pocos) me tomo lalibertad de citar. El pasaje es éste:«¿Hay en este momento alguno entre los presentes —aunque nos hayamosapartado del Señor, hayamos desobedecido su voluntad y desoído su palabra—,hay alguno entre nosotros que estaría dispuesto a aceptar, en este momento, todocuanto el hombre pueda otorgar o la tierra producir, a cambio de renunciar a laesperanza de su salvación? No; no hay nadie... ¡no existe un loco semejante entoda la tierra, por mucho que el enemigo del hombre la recorra con esteofrecimiento!»Este pasaje me sugirió la idea de
Melmoth el Errabundo
. El lector encontrarádicha idea desarrollada en las páginas que siguen; a él le corresponde juzgar conqué fuerza o éxito.El «
Relato del Español
» ha sido criticado por un amigo a quien se lo he leído,quien afirma que hay en él demasiado empeño en revivir los horrores de la novelagótica a lo Radcliffe, de las persecuciones de los conventos y los terrores de laInquisición.Yo me defendí, tratando de explicar a mi amigo que había hecho depender ladesventura de la vida conventual menos de las espantosas aventuras que unoencuentra en las novelas, que de la irritante serie de pequeños tormentos queconstituyen el suplicio de la vida en general, y que, en medio del estancamiento dela existencia monástica, la soledad proporciona a sus huéspedes ocio parainventar, y poder mezclado de malignidad, con la plena disposición para llevarlosa la práctica. Confío en que esta defensa convenza al lector más de lo queconvenció a mi amigo.En cuanto al resto de la novela, hay algunas partes que he tomado de la vidamisma.La historia de John Sandal y Elinor Mortimer está basada en la realidad.El original, del que la esposa de Walberg es un bosquejo imperfecto, es unamujer viva, y aún puede que siga viviendo mucho tiempo.No puedo aparecer nuevamente ante el público bajo la tan inapropiadaimagen de escritor de novelas sin lamentar la necesidad que me impulsa a ello. Deproporcionarme mi profesión medios de subsistencia, me consideraría culpable,efectivamente, de valerme de otra; pero ¿acaso puedo elegir?
Dublín, 31 de agosto, 1820
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