Si bien hablar de machismo y feminismo puede resultar un poco monótonopara lectores compañeros de mi generación, quisiera socializar algunas ideasque han resultado ser bastante vagas en pensamiento, pero que de una u otraforma deberían materializarse sobre el papel si pretendo darlas a conocerampliamente.Para empezar, es absurdo el modo colateral en el que hombres y mujeres se juzgan mutuamente como perros (y perras). Conózcase con este término aaquellas personas que se van más allá del límite de la promiscuidad sexual,disponiendo (o proponiendo) para gran cantidad de compañeros(as) en unperiodo de tiempo determinado. Sin llegar al extremo de la horizontalidadsexual del asunto, se puede emplear también este vocablo para referirse aaquel que
tiene la intención,
independientemente de si tiene éxito o no. Elsimple hecho de pretender a otra persona, fracasar y pretenderinmediatamente a otra, para luego seguir con esta interminable cadena esasunto digno de un teatro de Don Juan. Súmese a todo esto el apogeo de lainfidelidad como medio de demostrar virilidad (en el caso de los hombres) yrecurso para liberar pasiones reprimidas (generalmente ocurre esto con lasmujeres). Diríase entonces que en nuestra sociedad, en nuestra generación,hay muchos más
perros y perras
que personas con principios. Es necesariodestacar también el papel de inocente que muchos intentan asimilar en sí mismos, hasta el punto de considerarse totalmente inocentes utilizando comomecanismo de defensa la extrapolación de la culpa en el otro. De este modo, sisoy hombre y he tenido múltiples compañeras sexuales, si alguna de ellas seacuesta con otro, para mí ella pasa a convertirse automáticamente en
perra,
una bitch. ¿Y que pasa con el hombre? ¿No debería incluirse también en estacategoría? Basados en las definiciones anteriormente expuestas, así deberíaser. Plantéese esta última situación invirtiendo los géneros y seguirá siendototalmente válida, aunque no conozco el término masculino de
bitch.
El ámbito liberal de la juventud de las últimas generaciones ha convertido elsexo en un asunto meramente material, encontrándose en orden deimportancia muy por encima del amor. Dichos populares como “el que seenamora, pierde” tienen de fondo esta misma temática. Escuchar esta frasedebería de alguien debería ser motivo para desconfiar de él. Si no valeenamorarse, ¿Qué es lo que vale? ¿Simplemente aparentar amor y buscarmomentos y pasiones
horizontales?
Esa es la moda y no hay modo de negarlo.Algo muy similar ocurre con la pérdida temprana de la virginidad. Luego decierto tiempo de noviazgo (dentro de los casos que conozco este tiempo varíaente dos días y cuatro años y medio) tener una relación sexual parece algonormal. Aquí existen dos divisiones de pensamiento totalmente respetables: losque defienden el sexo prematrimonial como algo aceptable y complemento delsentimiento, y aquellos casi extremistas que consideran que la relación sexualno debería darse con cada una de las novias o novios que se tengan a lo largode una vida (me incluyo dentro de esta última categoría). El problema a mi
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