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El protagonista de esta historia muere sin entender la razón de sus últimospensamientos. Antes que sus amigos más cercanos se aproximen a sus mássólidas razones, tendrán que velarlo y darle sepultura.Los últimos instantes de su vida transcurren en un bus de servicio público. Deningún modo es el lugar idóneo o preferente para fallecer, pero esto es algoque muy pocas veces está a nuestro alcance elegir. Camina cuatro calles hastala parada, en un trayecto tan recorrido y monótono, que no tiene que pensaren él para dejarse llevar. A su alrededor las mismas casas de siempre. No hayamigos en el sector, sólo conocidos. Muchas caras familiares, pero ningunacercana. La calle parece otra luego de tantos años de conocerla. Las reformashan intentado mantener el estilo de las fachadas de acuerdo con la moda y lastendencias más o menos actuales, dentro de los límites de la modestia defamilias de clase media. Lo único que sigue igual es el pavimento, el mismoviejo pavimento con numerosas deformidades y depresiones en su superficie,como enormes cicatrices sin remiendo. De vez en cuando un recuerdomaloliente dejado por algún canino, a la espera de un infortunado zapato quedé con él.La calle no es eterna. Termina en un pequeño parque, abandonado, oscuro,sucio, maloliente. Con una única silla en su centro, de piedra, decaída, casi unaruina. Aún con todo eso, algunos novios osan invitar a sus compañeras al lugar.No es extro ver a una pareja bendose en aquel lugar, mientras sefermentan a su alrededor los desechos de gran cantidad de caninos y felinos.¡Sí que abundan en el sector! El amor todo lo puede, lo que no entiende elmuchacho es cómo llega a causar pérdida del sentido del olfato. Nunca hadado un beso, así que ignora si besando se pierde el sentido de la realidad, dela fea realidad que rodea aquella sucia silla. Sigue su camino, dobla hacia laizquierda. En la esquina, una casa en reparación. Solía ser una empresa. Nuncasupo de qué. Tan sólo recuerda el sonido de las máquinas trabajando, algúntipo de imprenta, quizá. ¿Una empacadora industrial de cocaína? No lesorprendería en el país del Sagrado Corazón.Llega a la parada de bus. Éste no demora en pasar. Paga en sencillo mientrasmira el pasillo. Sólo un puesto doble vacío, a la izquierda. Por supuesto, se tratadel asiento junto a la ventana de emergencia: el único que no tiene ventana.No importa. Ahí se sienta con tal de disponer de un poco más de espacio. Iniciala marcha del vehículo. Un trayecto de 40 minutos en el que perfectamente sepuede dormir sin ser molestado: a esa hora de la mañana no hay vendedoresque se suban a ofrecer sus mercancías.Una muchacha interrumpe sus pensamientos. Mientras el bus recoge a un parde señoras, ella espera otra ruta. Lleva una chaqueta gris. El cabello recogidosin delicadeza. Cero maquillaje. Un porte único y una actitud altiva frente a lacotidianidad. La reconoce. Fue casi su novia. Algo así como su traga durantedos años. Cuando al final le confesó sus sentimientos, ella se lo tomó con toda
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