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El Peronismo. Filosofía política de una obstinación argentina. Fascículos semanales publicados en Página 12, Buenos Aires, 2009
El Peronismo. Filosofía política de una obstinación argentina. Fascículos semanales publicados en Página 12, Buenos Aires, 2009

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P
eronismo
 José Pablo Feinmann
Filosofía política de una obstinación argentina
Suplemento especial de
P
ágina
/12
 PRÓLOGO• INTRODUCCIÓN
1
 
PRÓLOGO
E
sto es un ensayo. Es un librosobre el peronismo. No es ladesgrabación de un curso. Niestará escrito como si el autorle hablara al lector y hasta dia-logara con él. Esa experiencia ya fue ensayadacon el proyecto anterior encarado desde estediario, los días domingo, cuando la gentequiere “cosas livianas” para leer después delasado o al borde de la piscina (pileta) o anteso después de jugarse un partido de fútbol ouno de tenis o jugar al truco o a la escoba dequince o a cualquier otra cosa. Esto es unlibro con pretensiones desmedidas: historiar einterpretar al peronismo. No podemos seguirsin hacerlo. El peronismo sigue y hay queseguirlo de cerca. O retroceder y tomarle dis-tancia. Tratarlo con frialdad. Como a unobjeto de estudio, arisco y feroz. Lleno desonido y de furia. Diferente, esquivo, noúnico, pero sin duda específico. Priva en élmás la diferencia que el paralelismo con otrospartidos de otros países. No es el varguismo.Todavía no es el PRI. No es –aunque tantose empeñan en que lo sea– el fascismo. Nimenos aún esa pestilencia alemana que entrealientos nietzscheanos, invocaciones a la“bestia rubia” y a las “aves de rapiña”, a lapureza de la raza, a la biología de los héroes oa la respuesta creativa del Dasein comunita-rio a la técnica como caída (en Heidegger) sellamó nacionalsocialismo. Hay grandeza y profundas miserias en el peronismo. Hay demasiados muertos. Hay un plus de histori-cidad. Hay una historia desbocada. Hay líde-res (sobre todo uno), hay mártires (sobretodo una), hay obsecuentes, alcahuetes, hay resistentes sindicales, escritores combativos,está Walsh, Ortega Peña, está Marechal,están Urondo y Gelman, están asesinos comoOsinde y Brito Lima, fierreros sin retornocomo el Pepe Firmenich, doble agente, trai-dor, jefe lejano del riesgo, del lugar de labatalla, jefe que manda a los suyos a la muer-te y él se queda afuera entre uniformes patéti-cos y rangos militares copiados de los milicosdel genocidio con los que por fin se identifi-có, hay pibes llenos de ideales, hay más decien desaparecidos en el Nacional de Buenos Aires, está Haroldo Conti, muerto, HéctorGermán Oesterheld, muerto, Roberto Carri,muerto, y hasta Aramburu, muerto, está laopacidad de una historia de opacidades, deodios, venganzas, horrores, está la OAS,Henry Kissinger, el comisario Villar, forma-do en la Escuela de las Américas, cana puestoy avalado por Perón, el gran indescifrable, elPadre Eterno, el ajedrecista genial, el que vol- vería en el avión negro y volvió viejo y volviómalo, y le dio manija a López Rega, de cuyaparanoia asesina no podía decirse inocente,porque nadie desconoce lo que tiene tancerca, y si a eso que tan cerca tiene le da espa-cio y le deja las armas, y encima se muere y sabe que se muere y lo deja fuerte, consolida-do, porque de cabo lo ascendió, en actomacabro y doloroso, a comisario general de lapolicía, y si a la mediocre y manipulable y matarife del cabarute la deja de vice, sabien-do, como sabía, que ella no era ella, queDaniel, el Brujo umbandista, la dominaba, lesusurraba los discursos porque era él el quelos había escrito, porque era él el que habríade ponerle las listas, el que habría de decirlehay que matar a éste, Chabela, y a éste y atodos los infiltrados marxistas de la juventudy a los combatientes de la guerrilla, hay quedar palo porque el quebracho es duro, y siesto, al Viejo general, le deteriora el prestigio,le erosiona el recuerdo, la memoria de losmejores años, de los años felices, del 53% porciento del Producto Bruto Interno para lospobres, de las nacionalizaciones, del artículo40, del Pulqui, del Estado generoso, del Bie-nestar estatal, del keynesianismo desbordan-te, de los sindicatos, de los abogados de lossindicatos, del Estatuto del Peón, de las vaca-ciones pagas, de la entrega de Evita hasta elaliento postrero, mala suerte, general, ustedse lo buscó, vino y no tenía salud para venir,al ajedrez se juega de afuera, en política almenos, el Mago para ser Mago de la Histo-ria, para ser Mito y Esperanza tiene que estarlejos, manejar los hilos desde la distancia,desde arriba, manejar las contradicciones sinser una de ellas, pero si el Mito regresa elMito se historiza, ya no maneja las contradic-ciones, él, ahora, es una más y tiene quetomar partido, y la historia se lo come, mitoque regresa pierde porque ya no puede sermito, el avión negro regresó y llegó entre elestruendo de las balas y los gritos de losmuertos y los torturados y aterrizó enMorón, lejos del pueblo, en medio de los ase-sinos, de los franceses de la OAS, de Osinde,de Favio: el que nada vio, el que nada supoaunque estaba arriba, bien arriba en ese palcocolmado de hienas y de buitres y vampiros,de los pretorianos que afilaban sus cuchillospara una de las noches más negras de la Ar-gentina, que si no fue la más negra se debió ala que vino después, a la de los militares de laSeguridad Nacional, que encontraron elterreno fértil, las víctimas fáciles, los perejilesabandonados y sofocados por el miedo, y sedieron todos los gustos, pusieron a los Martí-nez de Hoz, a los Walter Klein, a los Juan Alemann, a los que exigieron a fondo la lim-pieza para aplicar el plan que tenían, el de lasprivatizaciones, el del Imperio, el de la Escue-la de Chicago, el de Milton Friedman y el delingeniero Alsogaray y ni por asomo el deKeynes, y el país fue una timba y se llenó deargentinos del deme dos, y la ESMA fue uninfierno que nadie, ni en su peor pesadilla,pudo prever, y ahí torturaron, empalaron, violaron mujeres, torturaron niños frente asus padres, quemaron vivos a pobres pibesque sólo habían alfabetizado en una villamiseria o que en un pizarrón indefenso ense-ñaron el vocabulario a niños ignorantes quesiguieron así, ignorantes, porque sus púberesmaestros se fueron de la noche a la mañana,se fueron para no volver jamás, y esos vuelosy esos sacerdotes que bendecían a los asesi-nos, y les decían hijo mío cumples con laPatria, Dios te absolverá porque tu tarea espurificadora, el Evangelio está contigo por-que está con quienes hacen justicia aunque, a veces, la justicia, que es ciega, se parezca alhorror porque tiene que ser impiadosa para eltriunfo del bien, para el triunfo del Señorque te mira, te juzga y te perdona por mediode mi palabra, que es la Suya, sigue con estatarea porque es la de la Patria y la del Dioscristiano, y la mayoría de los que morían eranperonistas jóvenes, inocentes todos, porquecualquiera que muera así, como un perro, esinocente, porque nadie, hombre o mujer,miliciano o perejil de superficie o sacerdotedel Tercer Mundo o sindicalista o simple vecino del barrio al que se lo chuparon por-que estaba en una libreta de direcciones oporque sí nomás y para meter miedo, merecemorir de ese modo, como un perro, y nisiquiera un perro lo merece. ¡Qué centurio-nes tan despiadados se escondían en los plie-gues de la patria! Quién lo hubiera dicho. Aquí, en la Atenas del Plata, encontrarlo aTrujillo multiplicado hasta el espanto.¿Dónde quedó la Patria de los cincuenta?La que conquistó el corazón amargo de Dis-cépolo. La que le dio alegría. La que le hizoolvidar la tristeza y los barrios pobres de lostangos y elegir los umbrales, porque en ellosestaban los novios, el portland porque porahí caminaban felices los postergados desiempre, la abundancia, la comida y el cha-mamé de la buena digestión, la patria de loscincuenta quedó lejos, el peronismo se alejódel peronismo, y lo mató a Troxler a quienni los centuriones de los basurales de JoséLeón Suárez supieron hacerlo, y lo mató a Atilio López con más de ochenta balazos, y aSilvio Frondizi y al Padre Mujica y a RodolfoOrtega Peña, en una noche cruel, en unaemboscada sórdida, tan sórdida e inesperadaque Rodolfo, al caer moribundo, alcanzó adecirle a su compañera la frase del asombro,de la incredulidad, del final: “¿Qué pasa,flaca?”Eso, qué pasa. Qué pasó. Qué pasará. Por-que esta historia sigue. Y contarla es aceptarel desafío de lo cósmico. Lo inabarcable. Loinfinitamente contradictorio. Una totalidadque no deja de destotalizarse y retotalizarse.De ganar un sentido y perderlo y engendrar–de pronto, entre alucinaciones– diez, quin-ce, treinta sentidos. No digo que el peronis-mo sea incomprensible. Sólo digo que com-prenderlo “en totalidad” es una tarea gigan-tesca, desaforada.Hacia ella vamos.
INTRODUCCIÓN
Se trata de partir de un hecho primario,comprobable por todos, aceptado pormuchos aunque no siempre por los mismos,rechazado por otros tantos o por otrosmenos y también no siempre por los mis-mos, con lo que tal vez podríamos acceder anuestra primera aseveración en un tema queno se caracterizará por ellas, dado que laselude constantemente: el peronismo perdurapero quienes se encuadran bajo su rótulo oquienes se deciden a apoyarlo varían segúnlas diversas coyunturas históricas. Podría verificarse un matiz importante: se han acer-cado al peronismo o han trabado excelentesrelaciones con él personas o sectores políti-cos o económicos que escasamente se hanarrogado tal condición. Tomemos dos “abra-zos históricos”. El dirigente radical RicardoBalbín se abraza con Perón en 1972. Balbínfue un porfiado antiperonista a lo largo de su vida. Va a ver a Perón. Perón está en la resi-dencia de Gaspar Campos. Al ser difícil elacceso, Balbín se encuentra ante la necesidadde “saltar” un muro. Lo hace. Luego se abra-za con Perón. Tenemos dos acercamientosde Balbín a Perón: el “salto” del muro y elabrazo. Luego, muerto Perón, dice un dis-curso que él pretende sea “para la historia” y –aunque la historicidad de ese momento esde una densidad y un desbocamiento dramá-ticos, sofocantes– lo es. En el discurso Bal-bín dice: “Este viejo adversario hoy despide aun amigo”. Si algo
no es 
Balbín aquí es loque fue toda su vida: un antiperonista. Pare-ciera jugar dentro del campo del peronismo.Sin duda, contribuye a su perdurabilidad, asu capacidad inagotable de
sumar 
, que esparte sustancial de su
obstinación
en “lapatria de los argentinos” como solía decir eselíder radical que no le hizo a la patria unsolo mal aunque acaso no le haya hecho nin-gún bien remarcable. (
Nota:
Sin embargo,dos males serios le ocasionó a “la patria delos argentinos”. Habló de “la guerrilla en lasfábricas” poco antes del golpe del 24 demarzo de 1976. Y –cuando le dieron la cade-na nacional de radiodifusión para que hicie-ra algo por frenar el golpe– acudiendo a cier-tos aires de compadrito en que solía solazarsedijo “me piden soluciones” y contestó unaburrada política fenomenal: “No las tengo”.Los militares habrían de tomar esa frasecomo una confesión de la “dirigencia civil” y  justificarían, con ella, la necesariedad deapoderarse del Estado. Ellos sí tenían res-puestas. En otro de sus dramatizados discur-sos, también por televisión, se dirigió a los jóvenes de la guerrilla. Usó a uno solo comofigura de todos. “Muchacho”, le dijo, “con-tiene tu puñal. Y si yo no cumplo, enton-ces... clávamelo”. Al día siguiente de la trage-dia de Chile le preguntan qué opina: conde-na el golpe y lamenta que “el presidente Allende se haya suicidado”. Le dicen que lomataron. “No lo sé –dice–. Pero tenía unarma en las manos.” Le preguntan quéhabría hecho él en esa situación. Pone sumejor cara de “guapo del 900” y dice: “Ah,no: a mí no me hacen eso”. “Eso” era elgolpe de Pinochet. Regresa de un viaje y lepreguntan por los desaparecidos: “Los desa-parecidos están muertos”, responde, dandopor inútil la consigna central de las Madresde Plaza de Mayo: “Con vida los queremos”.Le decían “Chino” porque –en sus mejoresmomentos– se parecía algo a Akira Kurosa- wa. Y “guitarrero” por su estilo oratorio.
II
 
Hoy, todo él, es pasado y olvido. Con todo,yo sería injusto si no dijera que –en 1973–lo habría preferido a él como vice de Perónen lugar de Isabel, con el Brujo atrás. Y queno era ni habría podido ser un carnicerocomo López Rega o Videla, aun cuando sehaya equivocado gravemente un par de veces. En un país en que ha corrido tantasangre, en un país tan colmado de asesinoscorresponde decir esto de alguien si decirloes la verdad.) El “otro” abrazo es más inespe-rado y fue impensable hasta el grado deldelirio, la insensatez o la blasfemia. Sucedióen una época que contenía todos esos mati-ces de la condición humana, añadiéndoleslos de la falsedad, el robo, la befa, la faran-dulización de la existencia toda y el canallis-mo jocoso, circense: la “fiesta” menemista.Otra variedad de la “obstinación” peronistacuyo análisis requerirá espacio, tiempo y templanza, si es que deseamos apartar denosotros el único modo de recordarlo: el dela ira, el de una insoslayable y fiera vehe-mencia. Trataremos de hacerlo. Buscamostornar transparente hasta lo posible nuestroobjeto de estudio. Será sensato advertir queparte de esa transparencia estará en las pasio-nes, en las broncas, en las heridas aún abier-tas porque fueron hechas para sangrar sinperecer, de las que estamos hechos. Esteensayo se escribe buscando todos los rostrosdel objeto al que asedia, pero ese “objeto” (elperonismo) ha provocado, en todos noso-tros, desilusiones, tristezas, derrotas, pérdi-das sin reparo, muertes que no debieron ser,pavores sorprendentes, ilusiones luminosas,desengaños en los que aprendimos la resis-tencia de la realidad, la dureza de lo imposi-ble. Una amiga no peronista, que se aferró ala esperanza-Alfonsín, me contó que elmayor dolor de su vida, su mayor tragedia,fue la pérdida de dos amigos que cobijó ensu casa en algún mes del año 1976. Eran dos jóvenes peronistas, se los llevaron y no los vio más. Todavía, al hablar de ellos, al con-tar esa historia, los ojos se le humedecen, sepone pálida y hasta tiene miedo otra vez.Prometemos, sí, asediar a nuestro objeto y estudiarlo con rigor. Pero no lo haríamos sidejáramos de lado las ilusiones que ese“objeto de estudio” despertó en nosotros, lasdesesperanzas, los espantos, y la prolija, fríaidea de la muerte y la tortura. Volvemos al“segundo” abrazo. Fue, dije, durante la “fies-ta” menemista. Alianza entre el peronismo y el establishment agrícola-ganadero, el esta-blishment empresarial y financiero y las cor-poraciones transnacionales. Carlos Menem,en algún ágape de esos años de jolgorio, seencuentra con el Almirante Rojas, el inven-tor de la línea Mayo-Caseros, el más purosímbolo del gorilismo nacional, el que orde-nó, junto con Aramburu, los fusilamientosdel ‘56 y las masacres de esa “operación” quenarrará Rodolfo Walsh. El “Jefe” lo ve al Almirante y se le acerca con su sonrisa deplástico. El Almirante hace lo que siempreha hecho: lo mejor para su clase social, laoligarquía, y el brazo vigoroso que la custo-dia, las Fuerzas Armadas. Se abraza con elperonista Menem. Ahí están, mírenlos: elmasacrador del 16 de junio de 1955 y elcaudillo del interior federal postergado, elcaudillo riojano en que se encarna el otro, elque cantó Sarmiento, el feroz Facundo, elTigre de los Llanos. Este Tigre –sin embar-go– se ha olvidado de los Llanos. Se recortólas patillas. Se viste
alla
 Versace. Gobiernapara las clases altas, para el Fondo Moneta-rio Internacional y hasta ha enviado un cas-cajo que flota a la Guerra del Golfo, unaguerra de Estados Unidos pero que él hacesuya dado que con el gigante del Norte quie-re relaciones cercanas, a las que llama “car-nales”. Algunos dicen que no es peronista.Usan, para desautorizarlo, un concepto ines-perado pero que hace historia: “menemis-mo”. El “menemista” Menem no será pero-nista pero todo el peronismo lo respalda.Durante su Gobierno, Ubaldini, el sindica-lista que vivía haciéndole huelgas a Alfonsín,pierde visibilidad; tanta, que casi se tornainvisible. No: Menem
es 
peronista. Y hacetodo lo que no hizo Perón. O digámoslo conmayor propiedad: des-hace lo que hizoPerón. Qué cosa el peronismo, caramba.Cómo diablos será posible entenderlo. Elque mejor desperonizó al país (una obsesiónque compartieron durante años la oligarquíay la izquierda revolucionaria o académica)fue un peronista. Y no uno que vino de arri-ba, de algún planeta exótico para hacer latarea. No: un peronista de verdad. Con his-toria, militancia y discurso peronista. Basta-ba oírlo hablar y uno advertía que el tipo, almanual de
conducción política
de Perón se losabía de cabo a rabo. A comienzos de 2003,cuando se baja del ballottage para restarle aKirchner los seguros y frondosos votos quecosecharía en una segunda vuelta, dice, portelevisión y con el propósito de justificar sualejamiento, un discurso en que palabrascomo “arte de la conducción”, “táctica”,“estrategia”, “información”, “control de lasituación” y hasta “economía de fuerzas” vande aquí para allá, incesantes. Había hecholos deberes del buen justicialista: conocer ladoctrina. No los había hecho por casualidad.Carlos Menem, el político que desarmó sinprisa, sin pausa y sobre todo sin piedad elEstado de Bienestar que Perón había cons-truido desde 1943 y que ni los militares dela Seguridad Nacional habían logrado llevara cenizas, era un peronista de larga histo-ria, un caudillo de la más federal delas provincias, la de FacundoQuiroga, la de Ángel Vicente Peñaloza,La Rioja.Nada deesto impidió su abrazo con Rojas. Era másfuerte aquello que lo tornaba posible: unnuevo rostro del peronismo, un peronismoneoliberal, construido al calor de la caída delMuro de Berlín, del triunfo global de lademocracia neoliberal de mercado, de lahiperinflación alfonsinista, del golpe de mer-cado oligopólico y de una época que encar-nó la “ética indolora” (el concepto es deGilles Lipovetsky) de la posmodernidad.Hasta posmoderno fue el peronismo. Luegode ser, como había sido, el símbolo de los valores de la modernidad en la Argentina:Estado fuerte, política, enfrentamiento declases, inclusión social de las clases posterga-das, nacionalismo, primacía de la industriasobre los productos primarios. Ese abrazoMenem-Rojas disparó una frase de un pero-nista de también larga trayectoria, hombreque transitó de la JP en los setenta a laRenovación en el 84/85 y al menemismo enlos noventa. La frase fue: “El abrazoMenem-Rojas equivale al abrazo Perón-Bal-bín”. Le dije a otro peronista cómo era posi-ble que Fulano dijera eso. Y me dijo: “Deja-lo: dice eso y morfa un año entero”. Esto,también, es un elemento teórico. Y hasta loes en la elección de la palabra “morfar” enlugar de “comer”. Un peronista morfa. Unoligarca come. Y esto, a los peronistas,los colma de
III

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