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CLASE7

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El Peronismo. Filosofía política de una obstinación argentina. Fascículos semanales publicados en Página 12, Buenos Aires, 2009
El Peronismo. Filosofía política de una obstinación argentina. Fascículos semanales publicados en Página 12, Buenos Aires, 2009

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P
eronismo
 José Pablo Feinmann
Filosofía política de una obstinación argentina
Suplemento especial de
P
ágina
/12
Peronismo y catolicismo
7
 
N
o pareciera haber sido la inespe-rada o sorpresiva aparición delpresidente de la República enmotoneta por las calles de Bue-nos Aires (seguido por las depor-tivas chicas de la UES) la que impulsó a la Igle-sia Católica a entrar en conflicto con él. ¿Cuálfue el motivo del choque en que se enmarcó laembestida final de todo el país antiperonistacontra el gobierno? Halperin Donghi da poraceptado que el peronismo había decididoimplementar una “política conservadora” (
Ibid.
,p. 141). Esta cuestión admite distintos puntosde vista. Sin duda, hechos como el meneadoCongreso de la Productividad, la radicación decapitales extranjeros, la llegada de MiltonEisenhower y el contrato con la petrolera Cali-fornia marcan tendencias del Gobierno a mane- jarse cautelosamente con quienes –no lo igno-ra– son y serán sus enemigos. Perón quierehacer –bajo su control– lo que luego harán des-bocadamente los héroes liberales del ’55, que,en esta coyuntura, eran todos defensores de lasoberanía nacional, enemigos del capital extran- jero, de incentivar la productividad del proleta-riado y hasta, si hiciera falta, irritados adversa-rios de los intereses de Estados Unidos. Noencuentro en las tan cacareadas, señaladas y censuradas “concesiones del régimen” algo quesea esencial en el debilitamiento del peronismo.
El debilitamiento del peronismo venía de antes y tenía que ver con la ausencia de una organizaciónrevolucionaria de las masas más que con su “clau-dicación” ante el capital extranjero o el contratocon la California.
 Aclaremos, de todos modos,que todos los que se desgarraron las vestiduraspor la California, los dólares de los yanquis o laincentivación de la productividad de los obrerosfueron, en su mayoría, una caterva de hipócritasque luego harían concesiones infinitamentepeores a las tibias medidas que estaba impulsan-do el peronismo en una encrucijada en quedebía negociar con el Imperio o pedirles a losobreros mayor productividad. Si de esto se tra-tara, además, nadie más autorizado que elgobierno nacional y popular para pedirles a losobreros un esfuerzo para respaldar una econo-mía que muchas veces había sido puesta, sinmás, al servicio de ellos. Nada de esto llega aconfigurar “una política conservadora”. Entodo caso, los tibios intentos del peronismo denegociar con el Imperio norteamericano están auna distancia inmensurable de la relación decomplementariedad o pertenencia que vino des-pués. El problema que acabó con el peronismose enmarcó en un problema con la Iglesia Cató-lica. “La obra del régimen (escribe Halperin,quien, a no dudarlo, jamás les diría “régimen” alos gobiernos de Frondizi o de Illia, elegidoscon el peronismo proscripto –por más buentipo que fuera Illia–, o a la mismísima Liberta-dora, a la que opta por llamar “gobierno revolu-cionario”) invadía el campo asistencial, y sinprivarlo totalmente del sello católico que tradi-cionalmente había tenido el país, lo marcaba,aún más vigorosamente, con su signo político”(
Ibid.
, p. 141). Cierto: la Iglesia Católica apoyalevemente al peronismo de los inicios y luego veque el movimiento le roba protagonismo. LaIglesia requiere de la pobreza como del pan. Sihay pobres tiene que haber sacerdotes que denesperanzas, que den consuelo, que digan queDios sanará toda enfermedad, dará sosiego atodo dolor, comida a los hambrientos. ¿Quéson si no hoy las multitudinarias peregrinacio-nes a San Cayetano? Apena ver a tantos ir enbusca de nada, de la manipulación, de la com-pasión cedida desde un poder que no hizo nadaen este país por frenar la más grande matanzade su historia. Si los hombres de Dios de 1976lo querían, si viajaban en busca del Papa y ledecían la verdad y si conseguían una sola, aun-que fuese mínima condena papal,
se habrían sal-vado miles, miles de vidas en la Argentina. Perono: el Ejército luchaba contra el marxismo, ene-migo de la Iglesia, y esa lucha era justa
. El catoli-cismo argentino –que es parte del Estado y vivea su amparo, dado que el Estado lo subsidia–sabe siempre muy bien dónde está el enemigo. Ante la falta de cohesión de los enemigos delperonismo vio la posibilidad de unificar lalucha. Perón, decidido, les declara la guerra:propone reabrir los prostíbulos, suprime la dife-rencia entre hijos legítimos e hijos extramatri-moniales, ¡autoriza a los blasfemos divorciados a volverse a casar! Elimina la educación religiosaen las escuelas del Estado, medida que no sellegó a implementar. Suspende los aportes delEstado a la enseñanza privada religiosa. Y selanza a un camino que –se sabe– busca llegar ala separación de la Iglesia del Estado. HalperinDonghi admite que estas reformas “estabanlejos de ser innecesarias” (
Ibid.
, p. 142. Si elgobierno actual de Cristina Fernández tomaraalguna de estas medidas lograría lo que logróPerón en 1955: la “oposición” entera, con laultracatólica Carrió a la cabeza, se le iría encimaacusándola de extremismo montonero, de bus-car erradicar las creencias religiosas fundamen-tales que dan identidad a nuestro país. Así esta-mos, todavía.) ¿Alguien recuerda la lucha quehubo que llevar en 1988, bajo el gobierno de Alfonsín, para promulgar la ley de divorcio? Yo,de sobra. Recién ahí me pude casar con unamujer que era mi amada compañera desde hacíaocho años. ¡Teníamos que vivir en pecado porlos sacerdotes argentinos! Seres detestablescomo José María Muñoz –que mandó a lasmuchedumbres del Mundial Juvenil a demos-trarle a la organización de derechos humanos dela OEA que visitaba nuestro país (porque en elmundo
se sabía
la masacre que aquí tenía lugar)que aquí reinaba la concordia y que los argenti-nos éramos derechos y humanos– hicieronpublicidad anti-divorcio con, por ejemplo,Maradona. Era más joven nuestro “ídolo nacio-nal” y lo manipularon fácil. Fue así: Maradonahacía “jueguito” con una pelota, hacía sumagia, lo que él puede hacer. Y el GordoMuñoz aparecía y decía: “Qué bien, Diego.Cómo se ve que venís de una familia con amor,con unidad. De una verdadera familia. Lo quesos lo sos por tu familia”. La organización cató-lica fascista
Tradición, Familia y Propiedad 
sacóafiches que decían:
Divorcio, ¡condenaciónmaligna! 
Esto, en 1988. Finalmente salió la ley de divorcio. Y seré, sin duda, un poco pelotudo,pero cuando la jueza nos dijo: “A partir deahora, al amor que los une se le une la ley” seme aflojaron los pantalones. Hoy, es cierto,nadie se casa. Y está bien. Pero en ese momentohacerlo era un acto contra la derecha argentina,encabezada una vez más por el poder católico.
EL PERONISMO CARECE DE“ESPRIT DE FINESSE”
El peronismo, en 1954, no tenía una oposi-ción cohesionada. Había negociado lo suyocon los yanquis. Las masas siempre loapoyaban. El Ejército leal era suscep-tible a sus beneficios y a sus pre-bendas y el debate por laCalifornia no prosperabademasiado. Cooke, unpor entonces bri-llante diputa-do, lohabíaata-cado con más fundamentos que los Frondizi olos Alende. Pero había dos extremos: Perón sedetenía ahí y lejos de construir poder –como lohabía hecho magistralmente entre 1943 y 1945– boludeaba con la pochoneta (nombreque definitivamente adquirió el aparatito de laderrota por medio de una conjunción entre“pocho” y “motoneta”), se distraía en la UES,organizaba los campeonatos “Evita”, recibía aGina Lollobrigida, a Nicola Paone y lo peor, loque no tiene perdón ni retorno: se dejó invadirpor todo tipo de alcahuetes, obsecuentes,corruptos, aventureros, chantas. La figura queencarnó todas estas calamidades fue Juan Duar-te, el hermano de Evita, el secretario del Gene-ral. (
Nota:
 Veremos, al hablar de Eva, ya quelargamente nos ocuparemos de su figura pasio-naria, las irritantes boberías, zalamerías, lasinfames adulaciones ilimitadas que una Cámarade Diputados presidida por Cámpora diríasobre ella a propósito del Monumento que lepreparaban. Dan asco: si ése era el peronismoen 1952 –y Perón no arrasaba con él poniendoa cuadros de la jerarquía de John WilliamCooke– iba, como fue, al derrumbe inglorioso.) Juancito, así le decían, era un Isidoro Cañonescuyo padre no era el Coronel Cañones sino elCoronel Perón, que lo “apadrinaba”. Mientras vivió Evita ella le dio carta blanca para lo quequisiera. “Estamos robando, Juancito”, le decíasu socio. “Yo no puedo robar. ¿Cómo voy arobar si todo es mío? Soy el hermano de Evitay el secretario privado de Perón” (Cfr:
 Ay  Juancito
, dirección de Héctor Olivera,guión mío y de Olivera). Le decían
 Jabón Lux 
. La propaganda deeste producto decía: “El jabón que usan nuevede cada diez estre-llas de cine”. Juan-cito, lo mismo. Anduvo concuanta mina deBuenos Aires sele cruzó.Sobre todocon dos:Fanny 
II
 
Navarro y Elina Colomer. Fanny era arrabalera,peronista brava. La siguió de cerca a Evita y filmó películas importantes bajo la protecciónde Juancito.
El grito sagrado
, por ejemplo. LaColomer era más fina, se cuidó más, se supoesconder a tiempo. De aquí el destino diferen-ciado de ambas luego de la caída de Perón. A Fanny la borraron de todas partes. Murió sola,olvidada y miserable. La Colomer llegó a prota-gonizar
La Familia Falcón
, una comedia televi-siva de los sesenta, hecha bajo los tiemposfuriosos del antiperonismo. Ella era la madreejemplar. Y el otro... Se habían dicho siempredos cosas de Pedrito Quartucci: una, el tamañoprivilegiado de su miembro viril. Otra: quehabía sido amante de Evita, antes de que ellaconociera a Perón, durante los años de la radio.Quartucci, cauteloso, siempre negó la versión.Lo notable de esto es que el padre y la madreejemplares de la familia Falcón, los Ingalls de la Argentina gorila de los sesenta, uno, Quartucci,decían que se había volteado a Evita y la otra,Colomer, había sido clamorosamente la amanteoficial de Juan Duarte. ¿Por qué los destinostan dispares de Colomer y Navarro? Navarro seideologizó, se hizo militante, filmó –con PedroMaratea– cortos de propaganda, habló en Ate-neos Eva Perón, fue la actriz del “régimen”. Laotra se cuidó. De todos modos –aunque se cui-dara, el odio de la Libertadora calaba hondo–,siempre me sorprendió la buena fortuna quetuvo. No fue la de Hugo Del Carril ni la demuchos artistas más. La Libertadora, en esto,no hacía más que continuar lo que elperonismo había hecho. Lo absurdoera que hacía de la democracia y dela libertad sus banderas.Hay un elemento que aún nohe introducido y sin el que nadapuede entenderse a fondo. Nose basa en las estructuras eco-nómicas, en las clases socia-les, o en las relaciones deproducción. Por mencio-nar algunos elementosde “lo concreto”. No sebasa en nada de esopero lo expresa todo.Para sus enemigos,
el peronismo carece de “esprit de finesse” 
. Tanto la oligarquía comola izquierda culta comparten este desdén. Hoy,por ejemplo, este elemento está muy presente.No en vano tantos “progresistas” se vuelcan alas páginas de
La Nación
. Es sacar patente de“culto”, de “fino”. También otorga este halo larelación del intelectual con la academia argenti-na pero, sobre todo, con la academia norteame-ricana o francesa o, desde luego, la alemana. Sise observa la bibliografía de los ensayos actualesse verá que se cita –siempre que se puede– encualquier idioma que no sea el español
auncuando el libro citado tenga edición española
. A lo sumo, el autor, benévolo, pone: “Hay edi-ción en español. Véase... tal cosa”. Con fre-cuencia, esta atención hacia el lector no bilin-güe o trilingüe
comme il faut 
corre a cargo deleditor, dado que el ensayista ni se molesta en talaclaración. Aun cuando se mencione la ediciónen español, el autor no cita de ella, de modoque es trabajoso encontrar esa cita. Si ustedesconsultan los suplementos de filosofía quepubliqué durante 2006 y 2007 en este diario verán que los libros citados están en español. Y eso que se trata de filosofía. Sólo cuando defini-tivamente no existe el texto en nuestro idiomauso una edición extranjera. Esto –que a muchosbobos les sonará a populismo– es, en efecto,carecer de “esprit de finesse”. Ser “nacionalista”.Hoy, para un intelectual, querer ser comprendi-do y ayudar al lector a comprender entregándo-le los medios más accesibles para ello es ser“nacionalista” o “populista”. Carecer de “espritde finesse”. El peronismo carece por completode tal cosa. Pensemos seriamente la cuestión:ser peronista es ser grasa. El peronismo, al sergrasa, al no tener “finesse”, carece de todo esoque la “finesse” conlleva: las instituciones repu-blicanas, el Parlamento, la democracia, el libe-ralismo, el constitucionalismo, el academicis-mo, la alta cultura, el dominio de los idiomasextranjeros, el grupo “Sur”, Borges, Bioy y Vic-toria. La Sociedad Rural le fue siempre incómo-da al “progresismo” pero ella ponía por sobretodas las cosas el “esprit de finesse”. Todavía enel Jockey Club está la puerta de la antigua sedeinjuriada por la barbarie. Esa herida aún seexhibe. De todos modos, va poca gente por ahí. Y durante la década del noventa se metierontanto en la escoria menemista que demostraron–para toda la eternidad– que, si de los buenosnegocios se trata, la oligarquía manda al diabloel “esprit de finesse”.
No hubo peronista más  grasa, guarango, ajeno por completo a los “idiomas extranjeros”, no hubo peronista que más hayaentrado a los salones tropezando con los muebles (como decía el patricio Miguel Cané de los adve-nedizos), no hubo peronista más impresentable,más ajeno al “esprit de finesse” que Carlos  Menem
. Y la oligarquía se le unió entusiasta.Hizo miles de negocios infinitamente rentablescon él y su pandilla.
Porque la oligarquía argen-tina y los empresarios del capital financiero nacio-nal y transnacional viven obsesionados por la ren-tabilidad. Y por ella se pueden aliar a lo más  groncho del peronismo o colaborar activamente enun proyecto criminal que requiera la vida de treinta mil personas 
. De aquí que haya sonadotan grata a nuestros oídos la frase de Cristina F.Porque dio en el clavo: la
rentabilidad 
. De lacual, les dijo a los empresarios, no piensa con- vertirse en gendarme.
LA IGLESIA COHESIONAA LA OPOSICIÓN
Si tomo la cuestión en este exacto punto esporque en 1955 toda la reacción contra el pero-nismo se organizó en torno del “esprit de fines-se”. A ver si soy claro: en 1955, Perón estabaextraviado y cometía todo tipo de errores. Elprincipal fue lograr (porque fue obra de su tor-peza) que la oposición se nucleara alrededor dela Iglesia, esa fuerza eterna del alma argentina,imperecedera. Félix Luna trata bien el tema. “El5 de noviembre casi todos los diarios oficialesanunciaron con gran dedicación de espacio quese había descubierto un grupo de pervertidos enRosario, y a través de perífrasis se daba a enten-der que estaban vinculados al cardenal Caggia-no” (Félix Luna,
Perón y su tiempo
, EditorialSudamericana, Buenos Aires, 1993, p. 847. Nocreo que muchos lectores tengan recuerdos ama-bles del cardenal Caggiano, unido luego a todaslas persecuciones de la Libertadora, a las conspi-raciones militares y a los golpes de Estado. Peroeso no justifica lo que hace el peronismo en esemomento. Sobre todo por su torpeza inenarra-ble. Además, “pervertidos”. ¡Qué época! Pobre-citos los homosexuales de los cincuenta. Tre-mendamente lejos de ser “gays” debían cargarcon el mote de “pervertidos”. Entre otros tantoo más injuriantes. Pero esto no le pertenecíasólo al peronismo. Era la sociedad machista dela eterna Argentina patriarcal, hecha por los varones guerreros, por los hombres de coraje. Enfin, por toda esa ralea que cubre con su icono-grafía y sus estatuas y los nombres de las calles elámbito visual –además del conceptual– de nues-tro país. En cuanto al cardenal Caggiano me hequedado un poco corto. Importante personajede nuestras luchas políticas, nace en 1889, es elprimer obispo de Rosario y el 15 de agosto de1959 el papa Juan XXIII lo lleva hasta la cimadel Arzobispado de Buenos Aires. Fallece el 29de octubre de 1979 luego de haber denunciado valientemente ante las autoridades vaticanas las violaciones a los derechos humanos en la Argen-tina. ¿Alguien se creyó esto? No, ¿por qué será?¿Por qué sonará tan absurdo, imposible, por quésonará como un sombrío, doloroso chiste? No,señores: el cardenal Caggiano siempre tuvo clarasu misión terrenal, la defensa de los valores eter-nos en esta tierra de pecados. En julio de 1971,el Movimiento de Sacerdotes para el TercerMundo (¡cuántas esperanzas había despertadoeste Encuentro!) emite un documento en el queadhiere al Movimiento Peronista, al que consi-dera “revolucionario” por su potencial de masas(este “potencial de masas” era el
valor de verdad 
que seducía a todos y los llevaba a sumarse alperonismo, para alegría del Perón madrileño,que manejaba todos los hilos: ya veremos suinterpretación de la “conducción” como arte).Pero aquí es donde se hace oír la voz potente del
III

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