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eronismo
 José Pablo Feinmann
Filosofía política de una obstinación argentina
Suplemento especial de
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ágina
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La distribución del ingreso
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S
erá adecuado llevar a primer planootra vez a nuestro criticado y, a la vez, admirado Milcíades Peña. ¡Ah,Milcíades, cuánto ha hecho por ti eldescalabro teórico de la Argentina!No es que Milcíades no fuera bueno, pero noparecía
tan
bueno en los sesenta. Cuestionescomo el nazismo de Perón ni merecían ser trata-das para Peña. No, lo que él le criticaba al pero-nismo era, por ejemplo, que no había cambiadola estructura del poder de clases en la Argentina,que el Segundo Plan Quinquenal respetaba lapropiedad privada capitalista, que en 1950 se sus-cribiera un empréstito con el Export ImportBank de Washington. Pero no perdía el tiempotratando de demostrar que Perón era nazi. Erantiempos en que el ensayo no se deterioraba porlos intereses electoralistas. Cuando analiza la con-signa “Alpargatas sí, libros no”, no exclama,como los radicales, siempre acompañando al esta-blishment y a la oligarquía por ese gorilismo queno pueden contener ni elaborar bien (hay quienessí lo han hecho, pocos), ¡ahí está la prueba de labarbarie peronista, su odio a la cultura! Milcíadesdice que la consigna aludida buscaba, por partedel peronismo, eludir consignas anticapitalistas oantiimperialistas. Grave error: la principal consig-na del peronismo para las elecciones de 1946 es,según nadie ignora, “Braden o Perón”, que, hastadonde creo ver, es una consigna antiimperialistade cabo a rabo. Pero dejemos eso. Peña dice queen lugar de darles a los obreros consignas clasistasse les da consignas de “odio al cajetilla y al pitu-co”. De aquí deduce el origen de “Alpargatas sí,libros no”. Y escribe algo formidable: “En verdad,los profesionales de los libros y la política, experi-mentados ex ministros y diputados, rectores deuniversidades e intelectuales de nota, demostra-ron que políticamente no valían el precio de unaalpargata” (
Ibid.
, p. 87). El lema de la UniónDemocrática era batir al “naziperonismo”. Y escribe Milcíades: “A los peones agrarios, que porprimera vez en la historia del país habían recibidouna serie de elementales mejoras económicas y sociales, a los arrendatarios a quienes Perón pro-metía darles la tierra en propiedad, se les ofrecíacomo candidatos a los terratenientes de la Socie-dad Rural Argentina” (
Ibid.
, p. 87).
¿FUE NAZI PERÓN?
Pero veamos la bendita cuestión del nazismoperonista. Parece una bobada incurable. En micurso del año pasado invito, según es mi costum-bre, a los asistentes a dialogar conmigo a partir delos últimos quince minutos de la exposición.Todo iba bien hasta que (¡cuándo no!) aparece elpersonaje inesperado. Yo ya había expuesto latemática sobre el nazismo de Perón. Pero el fulanose largó una perorata para terminar diciendo quePerón era un nazi y que él y los del GOU matarona todos los sindicalistas socialistas que habríanhecho una revolución en 1944. Le pregunté si erala primera conferencia a la que asistía (yo ya lleva-ba ocho) y dijo muy tranquilamente que sí. Bien,es el típico tipo que vaya donde vaya, va parahacerse oír él. Pero esto revela que hay todavíacierto otariaje que impide pensar algo tan comple- jo, tan difícil y delicado como el peronismo insis-tiendo con el asunto del nazismo de Perón. Creoque Sebreli también toma esos caminos –parasatisfacción del electorado radical y del buen señor judío de clase media que se traga cualquier cuentoque le diga que alguien es antisemita– y no lo hanllevado a buen puerto. El gorilismo no es buenconsejero. Así se lo ha podido ver a Sebreli conLópez Murphy o con Carrió. O sea, la cosa es así:díganme dónde está el peronismo así yo me pongoen la vereda de enfrente, aunque esté, pese a defi-nirme como “hombre de izquierda” o “filósofo detradición existencialista y marxista”, junto a JoséClaudio Escribano o Massot o la siempre comba-tiva Lilita o la Sociedad Rural y la UIA. Milcíadesno era así. Milcíades pensaba. Escribía: “Por otraparte (viene hablando de las acusaciones sobre“nazismo” que los “aliadófilos” de los cuarenta lehacían a Perón), era falso de raíz llamar ‘nazi’ alperonismo. El nazismo es la guerra civil de lapequeña burguesía dirigida por el gran capitalcontra la clase obrera. Perón se apoyaba en la claseobrera contra el gran capital y la pequeña burgue-sía” (
Ibid.
, pp. 87/88). Si se lo busca llamar “nazi”por su indudable política autoritaria, Peña dirá:“El bonapartismo peronista tendía al totalitaris-mo, pero no llegaba a serlo. Era un semitotalitaris-mo. Perón centralizó fuertemente el poder en susmanos, eliminó a los competidores políticos, lossometió a un control severo y los redujo a unamínima expresión mediante el uso intensivo delaparato represivo. Pero no los eliminó completa-mente de la escena política (...) La oposición estu- vo controlada y sojuzgada por los órganos delpoder estatal, pero existió, sin embargo, y pudoactuar. Al lado del Estado peronista, al lado delgrupo que detentaba el monopolio del poder y dela administración, existían los elementos de unasociedad legal. Pese a sus intentos en tal sentido, elperonismo estuvo inmensamente lejos de alcanzarla estructura totalitaria, que hace desaparecer a laoposición entre el Estado y la sociedad y realiza elideal de un gobierno que no conoce ninguna limi-tación” (
Ibid.
, p. 107). Vamos a aclarar este punto: ¿era nazi Peróncomo insisten en decir muchos gorilas de tercera ocuarta línea? Perón visitó la Italia de Mussolini, esprobable que haya estado un tiempo en el Reichde Hitler antes de la guerra. Pero, ¿dónde sehabría expresado esto una vez que llegó al poder?Sin duda, en la estructura autoritaria de su gobier-no, que comparada con el nazismo era Suiza oBélgica. Los muertos del peronismo incluyen aldoctor Ingalinella. Que se torturó, se torturó.Pero los torturadores del peronismo son célebres.No fueron tantos. Todo esto, comparado con la“libertad” y la “democracia”, es poco, es realmenteescaso y sobre todo teniendo en cuanta el desarro-llo propagandístico que se le dio. Volvamos a lodel nazismo. Cierta vez, haciendo zapping, pasopor un canal y veo a un tipo joven, muy serio, quedice con seguridad absoluta y hasta algo de irrita-ción: “Nunca en Estados Unidos entró un nazi enla Casa Blanca”. O sea, lo que venía de decir elpersonaje es que Perón había recibido nazis en laCasa Rosada. Puede ser. Aquí llegaron nazis amontones. Fueron todos los que después maneja-ron los campos de concentración que armó Perón. Ah, ¿no hubo campos de concentración? Claro, sílos hubo bajo el gobierno de Videla, apoyado portodo el establishment antiperonista que luchó glo-riosamente durante los días de la Libertadora. “Séque en aquellas albas de septiembre (...) lo hemossentido” escribió Georgie en
Sur 
, refiriéndose aSarmiento. ¡Qué emoción intransferible, GeorgieBorges! ¿Así que usted sintió a Sarmiento el 16 deseptiembre de 1955? Las clases populares sintieronque las cosas se les venían muy duras de ahí enadelante. María Seoane me contó una anécdota.Creo que era así: cae Perón y su padre se le acerca.Se le acerca y le dice: “Cayó Perón, hija. Lospobres estamos jodidos”. Pero no nos desperdi-guemos. Estoy con este personaje al que veo en uncanal de la tele y dice eso: que nunca entró unnazi en la Casa Blanca. Este personaje, del que loúnico que sé es que vive dedicado a demostrar quetodos los nazis del mundo vinieron a la Argentinatraídos por el GOU y por Perón, se llama UkiGoñi, que, para mí, da nombre de esquimal. Deraro que es, digo. Veamos: Perón fue milico amorir. Le gustaba usar esas capas largas ultramili-tares, fue autoritario, buscó edificar una doctrina,se hizo llamar líder, silenció a la oposición. Deacuerdo. Pero el elemento fundamental de nazis-mo, su biologismo racista, estuvo por completoausente de la ratio peronista. Alfred Rosenberg, en
El mito del siglo XX 
, escribe que Francia es un ato-lón de África manejado por judíos. Perón, por elcontrario, dio reconocimiento a la única raza (pordecirlo así, yo no creo en las cuestiones “raciales”)denegada en la Argentina. Los postergados eranlos “negros”. La oligarquía los odiaba, así como alos judíos. Sería aliadófila, pero era antisemita y maldecía a la negrada, de donde extraía sus “sir- vientas” tucumanas o santiagueñas. Esa cuestióndel “aliadofismo” es un cuento chino. Todo elbloque occidental era aliadófilo. Victoria Ocampoera tan aliadófila como el senador McCarthy.Estaban en favor de la “democracia occidental”contra el fascismo de Hitler y Mussolini. Porsupuesto, defendían sus intereses. No querían queHitler se comiera el mundo. Después, la democra-cia se les acababa. Les aparecía el odio de clase y elfuribundo anticomunismo. Los “aliadófilos”,siguiendo a Estados Unidos, reemplazan su “alia-dofismo” por el rencoroso, brutal anticomunismo.McCarthy lo demuestra en Estados Unidos. Sesabe: Patton quería seguir la guerra y no detenersehasta llegar a Moscú, incorporando a lo mejor delos batallones SS. Se sabe: no era necesario tirar lasbombas sobre Hiroshima y Nagasaki. Lo ha dichoel hiperhalcón Curtis LeMay: él hacía vuelosrasantes todas las noches por las ciudades japone-sas y las incendiaba. Morían cien mil (leyeronbien: cien mil) civiles por día. Curtis LeMay esquien dice que no era necesario tirar las bombas.Que él arrasaba con todo Japón en menos de unmes. Pero las bombas se tiraron contra el nuevoenemigo: contra la Unión Soviética, buscandoamedrentarla. Los rusos, como respuesta, hicieronsus bombas y empezó la maldita Guerra Fría,cuyos lugares calientes estuvieron en el TercerMundo, en Corea, en Vietnam, en América latinapor medio de las feroces dictaduras como la de Videla, instruida y avalada por el señor Henry Kissinger, criminal de guerra y Premio Nobel dela Paz simultáneamente. Aquí, fue por completocoherente que la “aliadófila” revista
Sur 
se volvieramacartista, con su musa Victoria Ocampo a lacabeza, y castigara a José Bianco por viajar aCuba, ese país comunista. Victoria Ocampoentraría en 1977 en la Academia Argentina deLetras. Las Madres de Plaza de Mayo ya hacíansus rondas. Pero ella habló del feminismo. Qué valentía: hablar del feminismo. Pero ni mencionóa las Madres. Ahí estaba el feminismo pidiendopor la vida de sus hijos. Mas Victoria clamó por elfeminismo de Virginia Woolf, no por el de esasmadres que habían parido subversivos. (GuillermoSaccomanno es quien me ha instruido en estetema, que maneja muy bien y es parte, creo, de supróxima novela,
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, que será, qué duda cabe,potente y muy buena.)
LA INCREÍBLE HISTORIADE WERNHER VON BRAUN:DE LAS SS A PONER ALHOMBRE EN LA LUNA
Queda claro, supongo: Perón trajo a cuantonazi quiera Uki, pero no les dio poder. No condi-cionaron su ideología ni actuaron en la sociedadargentina. Salvo si uds. dicen que ellos hicieronautoritario a Perón (¡como si Perón lo necesitara!)y que hay en la ideología peronista (en la idea dela “comunidad organizada”, como se suele decir)algo de nazismo. Pavadas. En cambio, señores, losnorteamericanos, quienes acaso no hayan llevado
II
 
nazis a la Casa Blanca, sin duda los llevaron alPentágono y les dieron
enorme poder 
. Todos han visto o debieran ver esa formidable película deStanley Kubrick que lleva por título
Dr. Strangelo-ve 
. Llamada por aquí
Doctor Insólito o Cómoaprendí a no preocuparme y amar la bomba
. Filmde 1964, presenta a un científico en una silla deruedas que sostiene todo el tiempo su brazo dere-cho con su brazo izquierdo. Siempre que el brazoderecho se le escapa hace el saludo nazi y el Dr.Strangelove exclama: “Heil Hitler!”. El éxito delfilm de Kubrick tapó injusta y tristemente otrasdos formidables películas. Una es
Fail Safe 
, tam-bién de 1964, dirigida por Sidney Lumet e inter-pretada por Henry Fonda. Y la otra es más cono-cida por aparecer habitualmente por las pantallasde televisión, por cable o por aire, desde hace varios años. Es
The Bedford Incident 
(ridículamen-te traducida como
 Al borde del abismo
, que es latraducción del célebre film de Hawks con Bogarty Bacall). El film es de 1965. Es la historia de unparanoico halcón norteamericano que comandauna destroyer con carga atómica. Se larga a perse-guir a un submarino ruso en aguas de Groenlan-dia. Todo termina en un desastre. Pero el detallees éste: el asesor del macartista, paranoico y casidemente conductor de la nave (Richard Wid-mark) es un nazi. Sí, tal cual. Esto habla bien delcine norteamericano. No necesitan que vaya UkiGoñi a decirles que pusieron a nazis en puestosimportantes. No, ellos solitos se dan cuenta y hacen muy buenas películas sobre el tema. Lonotable del film es que el nazi (Eric Portman) ter-mina siendo más sensato que el Capitán Wid-mark, quien acaba por hacer volar todo y presu-miblemente desata una Tercera Guerra Mundial.Estas tres películas forman un corpus sobre laGuerra Fría de alto valor cinematográfico. Perohay algo peor. ¿No entraron nazis a la Casa Blan-ca? ¡Por favor! Los yankis fueron mucho más vivosque Perón. Si Perón se mandó ese papelón con susabio nuclear Ronald Richter, los yankis se impor-taron al más brillante científico nazi, al tipo quecasi le hace ganar la guerra a Hitler. Nada menosque a Wernher Magnus Maximilian Freherr vonBraun. O más sencillamente: Wernher vonBraun. Con respecto al tan sonado affaire RonaldRichter, a quien Perón importó para que le hicierala bomba atómica y el tipo resultó siendo un fias-co, cosa que el gorilismo explotó hasta nivelesextremos, recuerdo a un militante de la JP quedecía perplejo: “No entiendo. Se equivocó, ¿y quéhay? ¿Qué quieren demostrar? ¿Que Perón eraboludo?”. Impecable razonamiento. Porque oPerón era el demoníaco nazi que hundió a lademocracia argentina o frenó a la revoluciónsocial que ya estallaba en el ’45 o era un boludoporque había traído a Richter. Las pavadas delchiquitaje gorila son asombrosas. Sí, Richter eraun tarado recalcitrante. Sí, Perón se comió unbuzón. ¿Y? Perón habrá sido muchas cosas: unpolítico sagaz, maquiavélico, pragmático, un tipode corazón frío, un tipo del que nunca sabremossi quiso o no verdaderamente a alguien, ni siquie-ra a Evita, un tipo al que con todas esas caracterís-ticas no precisamente maravillosas le alcanzó paraser el caudillo de masas más poderoso de la Argen-tina y para crear un partido que hoy, aunque afor-tunadamente descafeinado, todavía gobierna.Pero, ¿un boludo? No, la acusación se reviertecontra quienes pretenden demostrar eso basándo-se en el affaire Ronald Richter. Esos, de boludos,todo. Volvamos a Wernher von Braun. Por decir-lo rápido:
es el tipo que le inventó a Hitler las bom-bas V2 con las que asoló la ciudad de Londres y es, al mismo tiempo, el tipo que les puso a los yankis al hombre en la Luna.
De a poco. Veamos: Wernher von Braun naceen Alemania en marzo de 1912. Siempre le apa-siona la cohetería espacial. Es eso que los yankisllaman un
rocket scientist 
. Un científico de apara-tos a reacción. Entra, de joven, en las filas de lasSS. Se enrola luego en el Ejército Alemán. Quieredesarrollar misiles balísticos. Entró en las SS, acla-ro, antes de que Hitler llegara al poder. Trabajan-do para las SS obtuvo un doctorado en ingenieríaaeroespacial. ¡Miren a las SS! Y todo el mundosólo se fija en que montaron campos de concen-tración y mataron a seis millones de judíos. Puesno: también le permitieron obtener a Von Braunun doctorado en ingeniería espacial. Que se sepa,acaso el mundo lo ignore o lo haya olvidado.Sigue su carrera brillante Herr von Braun. El altomando alemán le encarga la elaboración de uncohete capaz de atacar territorio enemigo. Wern-her von Braun, indignado, huye de Alemania y serefugia en la patria de la libertad y la democracia,Estados Unidos, donde... No, no es así. Wernherse queda en Alemania, como buen nazi que era. Wernher von Braun diseña los modelos A3 y A4que entusiasman al Führer. Hitler le ordena laproducción masiva de los mismos. Wernher lespone el nombre de V2. Hitler, con ellos, se dispo-ne bombardear a Londres. No es sencillo cons-truir masivamente los V2. Werhner von Braunreclama entonces más contingente humano. Y emplea obreros-esclavos que le son enviados de loscampos de concentración y exterminio, algo que Werhner, siempre concentrado en lo suyo, ignorapor completo. De lo contrario, humanitariamentese habría opuesto. ¡El tipo era un miserable! Haciael fin de la guerra se habían arrojado 1155 bom-bas V2 contra Inglaterra y 1625 contra Amberes y otros objetivos del continente. No hay expertomilitar que ignore un hecho fundamental: si VonBraun hubiera empezado
antes 
la producción enmasa de las bombas V2, Alemania habría ganadola guerra. Los aliados bombardearon los laborato-rios de Peenemünde, donde trabajaba Von Brauncon sus obreros-esclavos, pero no mataron a VonBraun, que ya se había ido en busca de los yankis.Mataron a todos los que hacían trabajo esclavo. Wernher, entre tanto, iba en busca de la libertad.Los norteamericanos habían organizado la opera-ción Paperclip destinada a capturar científicos ale-manes y ubicarlos bajo su dirección. Wernher vonBraun se entrega junto con otros
quinientos cientí- ficos de su equipo
. Los rusos se lo pierden. Tam-bién lo quería para su equipo Sergei Korolov. A papá Stalin también le importaba un reverendorábano que Wernher hubiera sido SS, que hayautilizado obreros-esclavos de los campos de con-centración, que sus bombas V2 hayan arrasadobuena parte de Europa, nada. Lo quería para él.La guerra que se iniciaba era otra y los cerebrosalemanes eran muy codiciados. Ni hablemos de loque Alemania misma hizo con los nazis, a los queintegró masivamente a su resurrección. Pero siga-mos con Wernher. Falta lo mejor. Lo más espec-tacular. ¡Es tanto lo que el mundo y todos noso-tros le debemos! Wernher se hace ciudadano nor-teamericano. Algo que ocurre el 14 de abril de1955. Es un héroe. Su cohete V2 es la base detoda la cohetería que desarrollan los rusos y losyankis en la carrera espacial. En 1960, encontra-mos a Wernher en la NASA. Se le encomienda laconstrucción de los gigantescos cohetes
Saturno
.Pero antes, en la década del ’50, Wernher ya eramuy conocido por sus artículos en la publicaciónsemanal
Cullier 
, la más importante de esemomento. Y aquí viene el dulce “toque” Disney: Wernher participa en tres programas de televisióndivulgando temas de exploración espacial. Patro-cina la Walt Disney Corporation. No sean amar-gos: ¿no es esto conmovedor? El SS y Mickey Mouse juntos, dejando atrás sus diferencias, acasomínimas, y divulgando la ciencia de la coheteríapara los niñitos americanos. Aún, dije, falta lomejor. Wernher tiene en sus manos la fabricaciónde los cohetes Saturno. Se convierte entonces enel director del Centro de Vuelo Espacial Marshallde la NASA. Diseña, así, el Saturno V. Que eltipo era un genio, lo era. Que había sido un SS,también. Que había reventado a bombazos a losingleses y a los belgas y a otros países, también.Que había utilizado obreros extraídos de los cam-pos de concentración y exterminio, también. Peroeso, ¿qué importaba? ¿Qué podía importar si Wernher von Braun, durante los años 1969 y 1972, con el cohete Saturno V... ¡lleva al Hombrea la Luna! Caramba, lo que es la historia humana.El hombre llegó a la Luna de la mano de un SS.¿Recuerdan ustedes esas jornadas maravillosas de1969? Yo sí, porque soy un veterano y serlo tienesus grandes ventajas. A veces sentís que la Historiase te entrega en totalidad y la podés ver desde unlado que siempre se te negó, porque, sencillamen-te, eras joven. Es cierto, estás más cerca de laParca, estirás la pata en cualquier momento, perodisfrutás de la posibilidad de un saber más añejo,más totalizador. Bien, se acabó el interregno senti-mental. Wernher nos sigue reclamando. Las jor-nadas de 1969, decía. Fueron así: el mundo ente-ro estaba fascinado por una conquista, no de losnorteamericanos, sino del Hombre. Era el Hom-bre el que había llegado a la Luna. Igual, los yan-kis clavaron ahí su banderita, alevosamente.Todos miraban la tele. Todos exclamaron extasia-dos cuando ese Armstrong dio unos saltitos en elsuelo ceniciento del planeta de los enamorados. Aquí manejaban la transmisión de TV MónicaMihanovich, creo que así se llamaba en ese enton-ces, y el más que agradable Andrés Percivale. Depronto, ¡aparece Nixon! ¡Y se pone a hablar con Armstrong! Increíble: el hombre habla desde la
III
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