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CLASE14

CLASE14

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El Peronismo. Filosofía política de una obstinación argentina. Fascículos semanales publicados en Página 12, Buenos Aires, 2009
El Peronismo. Filosofía política de una obstinación argentina. Fascículos semanales publicados en Página 12, Buenos Aires, 2009

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P
eronismo
 José Pablo Feinmann
Filosofía política de una obstinación argentina
Suplemento especial de
P
ágina
/12
Eva Perón
14
 
PERSONAJESDEL PERONISMO
O
tras caras importantes delprimer peronismo provinie-ron del espectáculo o deldeporte. El Racing Club, porejemplo, era apoyado por elministro Cereijo, al punto de recibir elapodo de “Deportivo Cereijo”. En la finalcon el pequeño equipo de Banfield, en 1951,todo el país estaba en contra de Racing por-que había puesto su corazoncito en el quetenía las mayores posibilidades de perder, elque no era el equipo del gobierno, el que noestaba protegido. Sin embargo, Evita preferíaun triunfo banfileño precisamente para darel ejemplo de la laboriosidad de un pequeñoteam y el triunfo del más débil. La final con-movió al país. Todos con Banfield. La cues-tión se solucionó de un modo semejante acomo lo haría Racing, muchos años después,frente al Celtic de Escocia, llevándolo aapropiarse de la codiciada Copa Interclubesy darle al país su primer título mundial. Esdecir, un zapatazo impresionante. Aunque laexpresión “zapatazo” es injusta. Porque se ledice así al balinazo de un delantero que “laencuentra” y le pega un poco a ciegas y lamete en la red. No fue así el gol de Boyé. Nofue así el de Cárdenas. Boyé decidió, contraBanfield, el triunfo de Racing con un tirodesde el lateral derecho que se metió en elsegundo palo del excepcional arquero deBanfield, Graneros. Ganó el más fuerte, “elcaballo del comisario”. Y Evita se quedó conlas ganas de ver triunfar al más débil, alequipo “proletario”. El gol de Cárdenas fueun tiro de casi media cancha. Un zurdazodel número nueve de Racing que dio tiempoa que todos vieran la trayectoria, hermosa,de la pelota hasta clavarse en el palo derechodel arquero celta que se tiró más para la fotoque por creer que alcanzaría esa pelota impo-sible. Años después (¡qué país la Argentina!),el gol de Cárdenas, que la compañía Gilettehabía pasado durante años, dejó de pasarse.Durante la decadencia del menemismo y durante el catastrófico gobierno de De laRúa, en medio del enorme desaliento nacio-nal de esos años, surgió un chiste memora-ble: “¿Saben por qué no pasan más el gol deCárdenas? Porque ahora lo erra”.En el automovilismo es excluyente la figurade Fangio, con la Mercedes Benz y sus cincocampeonatos mundiales. También estaban loshermanos Juan y Oscar Gálvez, Froilán Gon-zález y el cordobés Marimón. En el box,quién no lo sabe, Gatica era la personificacióndel peronismo y el elegido de Perón. AlfredoPrada, su rival, era su antítesis: el boxeadorpulcro, medido. Era el elegido por la clasemedia. Gatica era el atorrante que gustaba alas clases humildes. Se trata de un personajenotable, a quien Leonardo Favio le dedicóuna película. Gatica era un desbordado. Se vestía de modo extravagante. Boxeaba conpoca técnica pero con mucho corazón, siem-pre iba para adelante y era fanáticamenteperonista. Se dice que, en el Luna Park, alsaludar a Perón le dijo: “General, dospotencias se saludan”. Osvaldo Sorianocuenta una anécdota muy divertida.Parece que Gatica llega a un pueblo enun auto enorme. En la parte delanterahabía un cartel: “Aquí llegó Gatica”. Y en la trasera otro: “Ya pasó Gatica”.Favio lo toma como emblema del pero-nismo. Mientras Gatica gana, la Argen-tina es feliz, todo va bien. Cuando caeel peronismo, Gatica empieza a perderporque pasaron los años dorados. Hastaque termina penosamente bajo las rue-das de un colectivo. Prada le dio unamano y lo puso de socio en un restau-rante que se llamó: “Prada y Gatica”.Llegó a pelear en Estados Unidos con elboxeador negro Ike Williams. Ver ese frag-mento noticioso es toda una experiencia.Suena la campana y Gatica sale a guapear, allevárselo por delante al negro. Ike Williams leda una sola piña, una sola, y lo noquea. Sedice que Perón lo retó fieramente. Se dice queempezó diciéndole: “Gatica, ya me tenéspodrido”. Otro que fue a pelear a EstadosUnidos fue el excelente Eduardo Lausse. Elque transmitía la pelea era Luis Elías Sojit,que era un peronista de aquéllos. En unmomento en que Lausse se liga una piña muy dura, le empieza a sangrar la nariz. Y LuisElías (como le decían sus colaboradores), exal-tado, profiere una frase memorable: “¡Caesangre de la nariz de Lausse! ¡Sangra Lausse!¡Es sangre peronista!”. En su relato, con noexcesivas intermitencias, decía: “¡Perón cum-ple, Evita dignifica!”. Por ejemplo: “AtacaLausse con una derecha violenta al plexosolar... ¡Perón cumple, Evita dignifica! ... Ahora Lausse retrocede”. El adversario deLausse, aunque no ideológico, era RafaelMerentino, bien peronista, nunca llegaron aenfrentarse. Todo deportista que ganabadecía: “Dedico este triunfo al general Perón”.No había quien no le dedicara el triunfo aPerón. Fue realmente increíble que Perónlograra tantas cosas desde el ’46 en adelante. A otro le hubiera llevado treinta años. Todoera peronista. Hasta la policía, como decía elministro Borlenghi en un discurso bastantepeligroso, debía ser peronista. Se vivía unaespecie de júbilo. También llegaban figurasdel extranjero. Los boxeadores negros Sandy Sadler y Archie Moore. Sadler amargó unanoche de Perón y Evita moliendo a trompadasa Prada, ganándole por paliza en cuatrorounds. Sobre Archie Moore la oposiciónechó a rodar un rumor curioso: que habíasido amante de Perón. Todavía los peronistas,cuando lo acusan a uno de gorila (hace faltamuy poco para ser gorila para un peronista opara ser peronista para un gorila), usan esachicana: “Sí, ahora también me vas a decirque Archie Moore se lo cogió”. Pero, porincreíble que fuera, la versión circuló amplia-mente durante esos años. El Festival de Cinede Mar del Plata permitió la llegada de la (porese entonces) fabulosamente célebre diva ita-liana Gina Lollobrigida. La “contra”, deinmediato, hizo circular una foto en que Ginacaminaba junto a Perón, sonriente, suelta,feliz... y desnuda. Era un truco, pero se le atri-buía a Perón el haber logrado que saliera des-nuda en la foto, de puro perverso que era.Había una canción que decía: “Gina, Gina,Gina, mucho se habla de ti en la Argentina”. Y un chiste memorable sobre el gobernadorde la provincia de Buenos Aires, Carlos Aloé.Lo cargaban por su ignorancia. Que era muy,muy bruto, ésta era la afrenta. Que habíaescrito un libro: “Cómo pienso”. Y que, luegode estar conversando un rato con Gina, seacerca a Perón y le dice: “La Lollobrigida esmuy linda. Pero, pobre mina, está muy enfer-ma”. “¿Por qué?”, pregunta Perón. Y Gober-nador iletrado responde: “Porque yo le hablotodo el tiempo y ella siempre dice ‘Nuncapiyo, nunca piyo’”. Sin duda, la ingenuidadde la época es también la que le confiere unaaureola de
edad de la inocencia
.
EL “CARNAVAL”PERONISTA
Un personaje se destacó por su originalidady su modo de abordar el tango: Alberto Cas-tillo. Era el Gatica del tango. Sus presentacio-nes radiales empezaban siempre igual: “Yosoy parte de mi pueblo/ y le debo lo que soy/Hablo con su mismo verbo/ canto con sumismo son”. Y también: “Cien barrios porte-ños / cien barrios de amor/ cien barrios meti-dos/ en mi corazón”. La leyenda lo presenta-ba como médico: el doctor Alberto Castillo.En el film de Juan José Campanella,
Luna de  Avellaneda
, su figura está bien trabajada. Cas-tillo canta en un club de barrio y, de pronto,avisan que una mujer está a punto de dar aluz. ¿Quién acude en su ayuda? El doctor Alberto Castillo, que hace nacer a la criatura.Todos felices. Castillo, se vestía de un modoestrafalario. “Vistió trajes azules de telas bri-
II
 
llantes, con anchísimas solapas cruzadas quellegaban casi hasta los hombros, el nudo de lacorbata cuadrado y ancho, en contraposicióna las pautas de la clase media elegante, que loaconsejaba ajustado y angosto. El saco desbo-cado hacia atrás, y un pañuelo sobresaliendoexageradamente del bolsillo. El pantalón decintura alta y anchas bocamangas completabael atuendo, que era más desafío que vesti-menta” (Salas,
Ibid 
., p. 261). Es perfecta estaacotación que hace Salas: Castillo vestía paradesafiar. No sería equivocado ver en ese
desa- fío al buen gusto
una característica fundamen-tal de este primer peronismo. Todo resultabaintolerable para la oligarquía. Todo era unmamarracho de mal gusto. No en vano Bioy declararía, al explicar por qué escribió conGeorgie
La fiesta del monstruo
: “estábamosllenos de odio con el peronismo”. Duranteuno de sus sesudos comentarios futboleros, elmítico Dante Panzeri, el que inventó la fraseque definía el fútbol como
dinámica de loimpensado
, metió, en medio del análisis deun partido, la siguiente frase: “A partir de1945, el país perdió la personalidad ética y estética que lo había definido”. De la estéti-ca, ni hablar. Los “contreras” vivían escanda-lizados ante el alegre carnaval de “la negra-da”. Fue una canción de Alberto Castillo laque, justamente, les habría de entregar elconcepto de
carnaval 
: “Por cuatro días locos/que vamos a vivir/ Por cuatro días locos/ tetenés que divertir”. David Viñas, en su guiónpara la película
El Jefe 
, la expresión más inte-ligente del cine antiperonista de los años dela Libertadora, encontraría en esa canciónuna de las caras esenciales del peronismo.Hasta Milcíades Peña, sin aludir a la canciónde Castillo, escribe: el “alegre carnaval deno-minado ‘revolución nacional’” (
Ibid 
., p.101). Castillo era la expresión de ese carna- val. No en vano suele presentarse con unmontonazo de negros camdomberos “quebailaban y lo acompañaban con el sonido delos parches cada vez que entonaba un temadel folklore africano en su versión rioplaten-se. En estas interpretaciones, sus movimien-tos pélvicos de vaivén eran muy festejadospor el público y provocaban las quejas de laclase media puritana” (Salas,
Ibid 
., p. 266).Entre tanto, en medio del candombe, Casti-llo cantaba otra de sus estrofas de
doble lectu-ra
: “Siga el baile, siga el baile/ de la tierra enque nací/ la comparsa de los negros/ al com-pás del tamboril”. ¡Siga el baile! Ahí estaba elsecreto. El peronismo era un Carnaval. Elperonismo era esto: 1) Perón se había encon-trado con el Banco Central lleno de oro; 2) elmismo Perón lo había admitido: “Caminopor el Banco Central y me tropiezo con lasbarras de oro”; 3) en lugar de destinar esasbarras de oro al desarrollo de industrias debase, de la industria pesada que daría solidezal país, a su economía, Perón las destina a lacaptación de las masas, a la demagogia (parala derecha), a la manipulación y a la hetero-nomía de clase, al bienestar fácil de los obre-ros, a no dejar que luchen por conseguir susconquistas sino a dárselas “desde arriba”, ver-ticalmente (para la izquierda); 4) todo estolleva a “un banquete asiático” (Juan CarlosTorre, revista
Los libros 
, año II, N° 14,diciembre de 1970), a un derroche fácil, queentrega una alegría inmediatista al joven einexperto proletariado. Peña, al analizar latransformación del Partido Laborista en Par-tido Peronista, llega a escribir: “Las masasovacionan a Perón y 
celebran alegremente ladestrucción del primer intento de organizaciónautónoma del nuevo proletariado argentino
(Peña,
Ibid 
., p. 184). Notable texto: lasmasas “celebran alegremente” una medidaque las perjudica, que va contra sus verdade-ros intereses de clase. ¿Por qué “alegremen-te”? ¿Por qué “celebran”? Por el Carnaval,señores. Porque el peronismo es eso: un Car-naval. Y las masas, cuando Perón les dice:“Ahora el Partido Laborista es de ustedes,porque se ha transformado en el PartidoPeronista, el Partido del Pueblo”, las masasempiezan a cantar: “Por cuatro días locos que vamos a vivir/Por cuatro días locos te tenésque divertir”. Y si Perón hubieradicho: “Nada de indus-tria pesada, señores.Necesitamos ese dine-ro para que el puebloesté bien, se divierta,cante y baile al com-pás del tamboril”, lasmasas, incultas, irres-ponsables, irraciona-les, manipulables,inmediatistas, instintopuro, habrían cantado:“Siga el baile, siga elbaile/ de la tierraen que nací”.De aquíquela interpretación del peronismo como alegreCarnaval penetre tan hondo. Fue muy inteli-gente la elección del estribillo del doctor delos pobres, del cantor del pueblo, de los cienbarrios porteños. Héctor Olivera, que es miamigo desde hace muchos años, desde que loconocí en 1981 porque empezaba a producir
Ultimos días de la víctima
, y con el que haría-mos más de una película, me contaba que elhallazgo de la canción de Castillo, su puestasobre la mesa como clave interpretativa delperonismo, fue esencial, conceptualmentehablando, para plasmar la historia de
El Jefe 
,película que analizaremos en su momento.Para el antiperonismo, decir que el peronis-mo fue un Carnaval es una de sus claves másimportantes. Las barras de oro del BancoCentral se rifaron en una política fácil queno en vano logró la rápida adhesión de losmasas. El resto fue sencillo.
¡QUÉ SABEN LOS PITUCOS!
El tango que más definía a Alberto Castilloera también desafiante:
Qué saben los pitucos,lamidos y shushetas/ qué saben lo que es tango/ qué saben de compás/ aquí está la elegancia,qué pinta, qué silueta/ qué porte, qué arrogan-cia, qué clase pa’ bailar 
. El tango llevó portítulo
 Así se baila el tango
. Y es muy bueno. Y Castillo lo cantaba muy bien. Se ponía lamano derecha del lado izquierdo de la cara,un gesto tan suyo, tan innovador que cuestadefinirlo, pero que tiene mucho del gesto delsecreteo, de la confesión, “vení, acercate, quete digo algo entre vos y yo”, de lo comparti-do, compartido entre él y su pueblo, y conese gesto, y con otros también notables, can-taba ese tango irreverente. Porque esa estrofadefine también al peronismo:
 ¿Qué saben los  pitucos? 
Supongamos que un peronista quiererefutar la interpretación del peronismo comoCarnaval: empezaría diciendo ¿qué saben lospitucos?, ¿de qué hablan?, hablan de rencoro-sos, porque los amarga que el pueblo hayasido feliz aunque sea una vez, ¿quién en estepaís se ocupó alguna vez de la industria pesa-da?,
nadie, señores, nadie 
, si otro, que nofuera Perón, se encontraba con el BancoCentral lleno de barras de oro, ¡ni una ibapara el lado del pueblo! El pueblo llevabadécadas sufriendo hambre y postergaciones.Había que distribuir, había que dar mejoras,había que hacer una industria liviana que noteníamos, y que menos la tenía el pueblo,que ahí tuvo heladeras, cocinas, estufas, aguacorriente, electricidad, casitas proletarias. ¿Ono lo escucharon a Discépolo? Él lo dijo cla-rito:
Estamos viviendo el technicolor de los días  gloriosos 
.Suele decirse que Perón, en lugar de dardinamismo a la industria liviana, debió con- vocar el sacrificio del pueblo en 1945 enlugar de hacerlo en 1952. De haberlo hecho,no habría existido el peronismo. La industrialiviana, ya lo hemos explicado, implicaba laposibilidad de dar trabajo a los migrantesinternos, ya que reclama mucha mano deobra. La industria pesada, no. De aquí queCastillo diga: “¿Qué saben los pitucos?”. Erauna contraseña. Los pitucos no saben nada.No pueden saberlo. Porque el verdaderosaber está en el pueblo. En 1954,sin embargo, en el inicio, y más que eso, de la deca-dencia del peronismo, yamuerta Evita, Castilloincluye otros temasque no agreden anadie, sino que festejanla alegría que, aparen-temente, cunde en elpaís: “Yo llegué a la Argentina/ en unanoche divina/ del cin-cuenta y cuatro/ EnBuenos Aires/ todo elmundo se divierte/ todo
III

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