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LOS JÓVENES Y LA EXPERIENCIA
Francisco Eichholz
Sólo un título le hace a usted digno deconfianza.J. W. GoetheDígale ustedque cuando sea hombre,respete los sueños de su juventud.Friedrich Schiller
Tal cual son propuestos, “los derechos de los jóvenes” deben suscitar ante todo preguntas.¿Por qué los derechos de los jóvenes? ¿Qué son aquí los derechos? ¿Se poseen? Y aun,¿qué son aquí los jóvenes? Sí, por qué no, ¿o acaso sabemos lo que sea un joven? Y unavez más, pues en esta asociación de nombres se oye una consigna siempre urgente, perodemasiado oportuna, quizás, para tomársela en serio: ¿Por qué los derechos
de los jóvenes
?
Ante el futuro
La juventud, pasaje que media entre la infancia y la adultez, supone una cualidad de lugaren la vida. ¿Qué decir de ella? En
 La línea de sombra
, Joseph Conrad dedica algunaspalabras al tránsito entre la primera juventud, donde “cada recodo del sendero posee suseducción”, y la segunda y última juventud, “dominada por el hastío y la irreflexión”;digamos, momentáneamente: por el arrogante convencimiento de que la educación haterminado. ¿Pero sabe ya el joven vivir? Sólo la instrucción y el adiestramiento tienen fin.También la educación tal cual nos hemos habituado a entenderla. ¿Por qué sin embargo hade surgir la creencia de que la experiencia acaba? ¿Donde yace la arrogancia de los
 
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 jóvenes? ¿Es exclusiva de ellos?Expuesta a una decisión a la que no podrá sustraerse, la presumida independenciadel joven se encontrará, tarde o temprano, ante el llamado de la sociedad a integrar susfilas. Los bríos de una adolescencia que descubre y se encomienda graves misiones cederána una resignación que dará comienzo a la despedida de la juventud.
Ha llegado el momento de hacer algoparece que te dice todo el mundoy tú dices que sí, con la cabeza.En plena decadencia metafísicacaminas ahora con una libretita en la manoimpecablemente vestido,con la modestia de un hombre joven quese abre paso en la vidadispuesto a todo.
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Todavía joven y orgulloso, podemos suponer que el paso a la sociedad deparará alguna queotra decepción a las ingenuas ilusiones de quien se hace al mundo de los mayores congallarda convicción. Así es como, por lo menos el poema de Lihn, presta oído a esellamado. Conrad, en cambio, no demuestra el mismo entusiasmo. La escasa confianza quesus oídos conceden a los mayores impide que su acción ceda y se resigne al mandato queno le viene de sí. Su manifiesto hastío es arrogancia
en contra
de la voz convocante de losmayores. Por eso se miden en él conveniencia y lealtad hacia sí; lo que habrá de sucederle atodo joven que se halle impregnado de esos aires altivos que a algunos depara la segunda juventud. Pero Lihn habla de modestia y disposición, palabras que enseñan menosdesenfado que el que lleva al joven Conrad a arremeter contra los puestos vacantes que lasociedad espera rellenar. Preciso es detenerse aquí, en este paso y sus variantes.Aunque la edad tiene una incidencia insoslayable en la escucha y admisión social delas personas, es fundamentalmente la formación civil la que brinda el pasaporte hacia la
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 Monólogo del padre con su hijo de meses
; Enrique Lihn.
 
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sociedad. ¿Ambiciona el joven esta condición? No mientras su nombre propio puedaprescindir de títulos que lo auspicien, antecedentes que lo favorezcan a la hora de ingresaren el mundo socio-laboral. Pero estos antecedentes se harán necesarios, y deseables, cuandola requerida consolidación económica los reclame. Asumiendo responsabilidades en el nnombre propio, desde entonces convertido en marca pública e indeleble, y sin poderdisentir o evitar los juicios que a él se adhieran, el joven estará obligado a labrarse un futuroa partir de este volátil patrimonio. Ahí donde el consenso colectivo programa y delimita susacciones, el joven participa de una empresa social de la que en adelante verá depender sulibertad. Una autonomía recientemente estrenada se verá subyugada por una necesariaheteronomía. Y esto significa que entre él y las generaciones mayores se gestaráncompromisos bidireccionales, pactos o contratos. Llevados por la ambición, unos lostomarán rápido, otros, en cambio, más lento, con desconfianza o desinterés, con una pasióndesfavorable hacia la estabilidad jerárquica del conglomerado social.Justo en el umbral de este pasaje sin vuelta atrás, éstos, los más lentos, verán treparpor la tierna cepa de una infancia aún palpitante la desconfianza hacia la adultez y larestringida temporalidad que enangosta el cauce más caudaloso de la vida. Peroconveniente será, no obstante, que el ingreso en la sociedad no tarde, si por prudencia seprefiere esquivar el inevitable rechazo con que ella habrá de defenderse de los espíritusaltaneros que, acaso se dirá, desatienden los requisitos imperantes para la participaciónnormada. Sólo uno mismo puede obligarse a ser inoportuno, y no es mucho el tiempo quepara esas artes otorgan los demás. Las perspectivas libertarias de la juventud no podránsubordinar las restricciones del hombre contra el que se dirigen. Ese hombre tiene el mundoa su favor. La persistencia de ese ímpetu lleno de futuro entonces decaerá. El presente y suseriedad tomarán su lugar.
 
Este presente dominante y
su
futuro se presentan pronto. En un pasaje de
 Adiós alos padres
, Peter Weiss caracteriza, no sin nostalgia, la desgracia que a las seducciones dela primera juventud –y la infancia– trae la llegada de la segunda juventud, que arriba con laseria voz de los representantes de las asperezas de la vida.
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