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sociedad. ¿Ambiciona el joven esta condición? No mientras su nombre propio puedaprescindir de títulos que lo auspicien, antecedentes que lo favorezcan a la hora de ingresaren el mundo socio-laboral. Pero estos antecedentes se harán necesarios, y deseables, cuandola requerida consolidación económica los reclame. Asumiendo responsabilidades en el nnombre propio, desde entonces convertido en marca pública e indeleble, y sin poderdisentir o evitar los juicios que a él se adhieran, el joven estará obligado a labrarse un futuroa partir de este volátil patrimonio. Ahí donde el consenso colectivo programa y delimita susacciones, el joven participa de una empresa social de la que en adelante verá depender sulibertad. Una autonomía recientemente estrenada se verá subyugada por una necesariaheteronomía. Y esto significa que entre él y las generaciones mayores se gestaráncompromisos bidireccionales, pactos o contratos. Llevados por la ambición, unos lostomarán rápido, otros, en cambio, más lento, con desconfianza o desinterés, con una pasióndesfavorable hacia la estabilidad jerárquica del conglomerado social.Justo en el umbral de este pasaje sin vuelta atrás, éstos, los más lentos, verán treparpor la tierna cepa de una infancia aún palpitante la desconfianza hacia la adultez y larestringida temporalidad que enangosta el cauce más caudaloso de la vida. Peroconveniente será, no obstante, que el ingreso en la sociedad no tarde, si por prudencia seprefiere esquivar el inevitable rechazo con que ella habrá de defenderse de los espíritusaltaneros que, acaso se dirá, desatienden los requisitos imperantes para la participaciónnormada. Sólo uno mismo puede obligarse a ser inoportuno, y no es mucho el tiempo quepara esas artes otorgan los demás. Las perspectivas libertarias de la juventud no podránsubordinar las restricciones del hombre contra el que se dirigen. Ese hombre tiene el mundoa su favor. La persistencia de ese ímpetu lleno de futuro entonces decaerá. El presente y suseriedad tomarán su lugar.
Este presente dominante y
su
futuro se presentan pronto. En un pasaje de
Adiós alos padres
, Peter Weiss caracteriza, no sin nostalgia, la desgracia que a las seducciones dela primera juventud –y la infancia– trae la llegada de la segunda juventud, que arriba con laseria voz de los representantes de las asperezas de la vida.
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