• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • CommentGo Back
Download
 
CAMINODESOLACIÓN
Ian Mcdonald
 
Ian Mcdonald
Título original: Desolation Road© 1988 by lan McDonald© 1992, Ediciones Martínez Roca.Gran vía 774 - BarcelonaISBN 84-270-1594-1Enviado por Carlos PalazónR6 08/02
 
1A las numerosas personas que contribuyeron a levantar del polvo a CaminoDesolación, y especialmente, a Patricia, arquitecta, defensora constante y Primera Damadel pueblo.Durante tres días el doctor Alimantando había atravesado el desierto tras la personaverde. Siguiendo las señas que le hacía un dedo formado de judías escarlata articuladas,había navegado por el desierto de arenisca roja, el desierto de piedras rojas y el desiertode arena roja. Y cada noche, sentado junto al fuego que encendía con restos de maderapetrificada, mientras escribía en sus diarios, salía el anillo lunar, aquel torrente enjoyadode satélites artificiales, que atraía a la persona verde haciéndola emerger de lasprofundidades del desierto.La primera noche, los meteoros titilaban allá en la estratosfera cuando la persona verdese acercó al doctor Alimantando.—Deja que me acerque a tu fuego, amigo, deja que me caliente, dame abrigo, porqueyo provengo de una época más cálida que ésta.El doctor Alimantando hizo unas señas a la persona verde para que se acercara. Alobservar la extraña silueta desnuda, el doctor Alimantando se sintió impulsado apreguntar:—¿Qué clase de criatura eres?—Soy un hombre —repuso la persona verde. Al hablar, su boca, sus labios, su lenguaaparecían verdes como una hoja. Sus dientes eran pequeños y amarillos como los granosdel maíz—. ¿Y tú qué eres?—Un hombre también.—Entonces somos iguales. Atiza el fuego, amigo, déjame sentir el calor de las llamas.El doctor Alimantando pateó la pila de madera gris y las chispas se elevaron hacia lanoche. Al cabo de un rato, la persona verde preguntó:—¿Tienes agua, amigo?—Sí, pero quiero utilizarla con cautela. No sé cuánto tiempo me pasaré atravesandoeste desierto, ni si volveré a encontrar agua durante mi viaje.—Amigo, mañana te conduciré hasta donde hay agua si esta noche me das tu termo.El doctor Alimantando se quedó inmóvil durante largo rato bajo las luces inquietas delanillo lunar. Después, desenganchó de la mochila uno de los termos y por encima de lasllamas se lo pasó a la persona verde. Ésta se bebió todo el contenido del termo. A sualrededor, el aire se colmó de un aroma de verdor, como el que inunda los bosquesdespués de una lluvia de primavera. Después, el doctor Alimantando se quedó dormido yno soñó absolutamente nada.A la mañana siguiente, junto a los rescoldos del fuego, donde había estado la personaverde, sólo encontró piedras rojas.La segunda noche, el doctor Alimantando acampó, comió y escribió en su diario.Luego, permaneció sentado, embargado por la estimulante sensación de vastedad deldesierto de piedra. Había navegado y navegado, alejándose de las colinas deDeuteronomio, del desierto de arenisca roja, por el desierto de piedra roja, a través detierras llenas de abismos y grietas, como un cerebro petrificado, por suelos de piedrapulida, entre cimas erosionadas de oscuro cristal volcánico, por bosques que habíanestado petrificados durante un billón de años, descendiendo por cursos de agua quellevaban secos un billón de años, a través de empalizadas esculpidas por el viento, por mesetas fantasmales, saltando por encima de delgados bordes de granito parazambullirse en cañones de ecos infinitos, sujetándose con ojos aterrorizados a cadasaliente mientras los levitadores promagnéticos de la tabla eólica se esforzaban por mantenerla a flote. Había corrido delante del viento persistente, había navegado y
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...
You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...