considerado “legal” y lo que era visto como “legítimo”. Aquí radica en parte laimportancia de este libro: en su esfuerzo detallado, casi microscópico, por desentrañar nosólo la lógica de los acontecimientos, sino sobre todo las dinámicas jurídicas y culturalespuestas en juego una vez que dichos acontecimientos pasaban del ámbito privado a laesfera pública, la opinión pública y los tribunales de justicia. De hecho, uno de losaspectos más fascinantes del libro es precisamente la manera en que el autor lograconectar estos distintos espacios de interacción –jurídico, social, cultural, familiar,comunitario- mirando siempre al entramado que rodeaba y daba sentido a las accionesque eran consideradas delictivas, y leyendo entre líneas lo que estaba pasando más allá delo explícito, lo verbalizado o lo admisible en términos jurídicos.De esa manera, Mauricio Rojas nos ofrece un retrato multifacético y colorido, aratos doloroso, pero siempre dinámico e interesante de aquellos personajes –ordinarios ono- que en algún momento de sus vidas se vieron involucrados como perpetradores,víctimas, testigos o actuarios en actos de bigamia, amancebamiento, pendencias, delitossexuales, hechos de violencia o actos contra el honor. Dos ideas centrales guian estetrabajo. La primera es que la justicia, como estructura institucional que es producto tantode una cierta normatividad como de decisiones e interacciones humanas y que tiene a sucargo investigar, procesar y sancionar hechos supuestamente delictivos, debe ser vistacomo maleable, flexible y porosa, no siempre sujeta a las rigideces de los códigos y lasleyes, y más bien posible de ser manipulada por individuos que ocupaban distintasposiciones sociales y legales. La ley es una instancia de conflicto, una arena en que seponen en juego múltiples estrategias, siempre vinculadas a luchas de poder real osimbólico. Es, también, una especie de puesta en escena teatral en la que no existe un
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