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   V   I   V   I   R   E   L
LA NUEVA RUSHDIE
Veinte años después dela «fatwa» contra «Losversos satánicos», unnuevo libro reabre lapolémica sobre lacensura islamista.(Págs. 56 y 57)
VIDA DE UNA EX
La ex primera dama deEstados Unidos, LauraBush, prepara un librode memorias por el querecibirá 1,6 millones dedólares.(Pág. 62)
Amador Rodríguez de Tembleque, sentadoen la lápida que cubre una de las bocas de lamina. Al fondo, vallado, otro de los agujeros
Ernesto Villar
 
Camuñas (Toledo)
LA MEMORIAHISTÓRICA
S
etenta y tres años des-pués, Jesús, «el can-grena», lo cuentacomo si hubiera ocu-rrido ayer mismo.Como si, en lugar de estar sentadoen el salón de su casa, al abrigo desus 84 delicados años, de sus pro-blemas de huesos y de este vento-so viernes de enero, siguiera aúnatrapado en aquel sofocante díade agosto del 36, en la carreteraque lleva a Manzanares, ayudan-do a los hombres del pueblo abachear el camino. Justo aquella jornada en la que apareció el ca-mión.–¿Esta vereda va a la carreterageneral que lleva a Madrid?, pre-guntó uno de los milicianos cuan-do bajó del vehículo.«Y yo, mire ‘‘usté’’, era un ‘‘vacín’’de 11 años, y tenía mi curiosidad.
DEL OTRO BANDO
LA IGLESIA HA EMPRENDIDO
la mayor y más compleja operación debúsqueda de víctimas de la represión republicana. Durante dos años, milesde cuerpos fueron arrojados a una mina toledana. Ésta es su historia.
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Domingo. 25 de enero de 2009
• LA RAZÓN
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EN BUSCA DE LOS HUESOS
Aunque aún no hay una fecha concreta,los espeleólogos de Aranzadi volveránen apenas unos días a la mina deCamuñas, una explotación de plata dela época de los romanos. Esta vez, enlugar de entrar por la abertura auxiliar(hay otras tres que se cerraron deforma natural) lo harán por el pozoprincipal, de 20 metros de altura y entre 3,5 y 2,5 de diámetro. Unavez retirada la lápida que lo cubre,colocada tras la Guerra en memoriade los caídos, se introducirá ungeoradar, el más potente de estascaracterísticas, para que determine aqué altura están los huesos. A partir deahí habrá que retirar la arena y la calarrojada, primero a paladas y luego amano, para no dañar los restos óseos. Yentonces se desvelará el misterio.
Uno de los espeleólogos, cuandobajó a la mina de Camuñas
Boca principal
Lápida
Boca auxiliar
(al descubierto)CruzPozo cegado
Lugares donde se han encontradonumerosos casquillos y balas
2,5 m7,6 m2,5 m20m
Así es la mina de Las Cabezuelas
infografía LA RAZÓN
Fuente: elaboración propia
2,5m4 m
Áridos y calarrojados sobrelos cuerpos
Zona hastadonde han lle gadolos espeleólo gos
           N
Toledo
Camuñas
CamuñasMina de LasCabezuelas
Puerto LápiceHerencia
A-4CM-42
N
N-420
Pasa a la página siguiente
de sobra conocida en Herencia, supueblo, como lo es en el vecinoCamuñas y en toda esta comarcamanchega a medio camino entreToledo y Ciudad Real. Durante dosaños y medio, entre julio del 36 y principios del 39, la mina de LasCabezuelas se convirtió en un gi-gantesco cementerio para el ban-do nacional. ¿Cuántos fueronarrojados allí? Los más conserva-dores dicen que hay evidencias devarios centenares. Otros aventuranque podrían ser más de 10.000.Pero la versión más extendida ha-bla de entre 5.000 y 6.000 desapa-recidos, procedentes de los pue-blos de alrededor y de, al menos,dos checas de Madrid, la del socia-lista Agapito García Atadell y la deFomento o de Bellas Artes, la másaterradora de todas. «Esto es comoParacuellos, pero bajo tierra», su-surran a media voz.
Empujados vivos
Todas las víctimas, menos una,eran del bando nacional. La ma- yoría habían sido fusiladas antes,pero otras eran empujadas convida. Había pocos políticos, algu-nos religiosos y muchos seglares,gente de campo y pequeños co-merciantes, que sólo tenían encomún ser creyentes.«Todas las víctimas, menosuna». La una es un miliciano. Se-gún la leyenda, su acto de valentíaen la boca del pozo era empujar alsacerdote Don Antonio Cobos. Enel último momento, el religioso sezafó y se agarró a él. Los dos, víc-tima y verdugo, cayeron juntos. Ahora, el secreto a voces está apunto de desvelarse. El Arzobis-pado de Toledo ha emprendido lamayor operación de memoriahistórica del bando nacional, nosólo por la dimensión de lo queallí se puede encontrar, sino porla complejidad que entraña. Nun-ca antes un equipo de espeleólo-gos había bajado hasta un pozo deestas características en busca de
DURANTE DOS AÑOS
 y medio se arrojó a lamina a represaliadosde la comarca y de laschecas de Madrid
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A MUCHOS SE LOS
tiraba vivos. Una delas víctimas arrastrócon ella al milicianoque le empujaba
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TRAS UNA PRIMERA
inspección se haencontrado junto alas bocas del pozonumerosa munición
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cadáveres de la Guerra Civil. Nun-ca antes se había utilizado ungeoradar de gran alcance parainspeccionar un terreno así. Y nunca antes había tantos hijos,nietos y sobrinos del bando gana-dor de la guerra pendientes de loque allí se encuentre.De momento, ya ha habido unaprimera incursión en la mina. Elpasado 25 de noviembre, los es-peleólogos de la Sociedad deCiencias Aranzadi, puntera enEspaña en esto de desenterrarmemorias históricas (de uno y otro bando), bajaron al pozo porla boca auxiliar. Después de cincohoras de trabajo, se toparon con
El padre de Miguel Martín-Beni-to, de Camuñas, es uno de los ase-sinados. El 1 de agosto de 1936,cuando volvía a casa de arar en elcampo, estaban esperándole unosmilicianos. «Cámbiate al menos deropa», le rogó su esposa. Hasta paraencontrarse con su destino habíaque ir bien vestido. «Qué va, mujer,si en un momento estoy de vuelta»,respondió. No regresó. Los prime-ros días los pasó en el calabozo delpueblo, convertido en improvisadacheca. Su esposa le pasaba lechepor las rendijas de la ventana. Peroun día no volvieron a verle. «Denoche le montaron en un coche y se lo llevaron a la mina, junto a otrosde los presos –relata su hijo–. A mipadre le fusilaron, y con él al cura-párroco. Pero otro que iba con ellos,Siméon, se salvó. Consiguió de-satarse de las cuerdas y en un mo-mento en el que el coche se paróconsiguió escapar. Fue huyendo, deolivo en olivo, y no lograron pren-derle». Miguel tenía entonces 11años. Y como Jesús, «el cangrena»,llora cuando lo recuerda.
El alcalde de Herencia
También llora Amador Rodríguezde Tembleque, vecino de Herencia.Su tío Victoriano, dueño de la fincadonde se encuentra el pozo, es otroa los que arrojaron. Además, otrostres tíos suyos murieron. Pero supadre, Amador como él, se salvó.Era el alcalde de Herencia, y desdeel principio supo que estaba en laslistas. «Intentó pasarse al frentenacional para combatir –relata suhijo junto a la lápida que cubre lamina–. Debía pasar a buscarle unacamioneta con otros compañeros,pero no llegó nunca. Un chivatazolos había delatado. Todos menos élfueron asesinados». Pronto com-prendió que su única escapatoriaera huir con toda la familia a Ma-drid y esperar, agazapados, a quenadie les delatara.un cono de derrubios al fondo deltúnel. No les dio tiempo más quea retirar parte de la arena. Sospe-chan que se quedaron a apenasunas paladas de los primeroshuesos. Aranzadi ha bajado sóloen seis ocasiones a pozos y cuevasen busca de víctimas de la GuerraCivil: en Badajoz se topó con 15cuerpos, 13 en León, 10 en GranCanaria. Y poco más. En apenasunos días volverán a la mina, estavez para retirar la lápida que cubrela entrada principal y adentrarsepor un túnel de 20 metros en bus-ca de los cuerpos.
Las balas de la evidencia
La primera tentativa en Camuñasha servido para confirmar dos de lassospechas. Primera: que, comodecían los vecinos, en el fondo delpozo hay un enorme montón deáridos y cal, que los republicanosllevaron al lugar en tres camiones y arrojaron por la abertura poco antesde que terminara la Guerra, cuando ya la daban por perdida, con el ob- jetivo de destruir pruebas. Y segun-da: que allí se fusiló a gente.La empresa Cóndor Georadar,encargada del primer rastreo, ne-cesitó sólo una hora para hallar laspruebas del delito. «En tan pocotiempo –explica su responsable,Luis Avial– encontramos junto a lasbocas de la mina multitud de balas y casquillos de fabricación soviéti-ca y mexicana, que hemos confir-mado que fueron los que se utiliza-ron en la Guerra». Entre ellos, hay proyectiles con las fechas 1935 y 1936 en el culote. También mone-das de la época, pendientes, cruci-fijos y un trozo de tela con un bo-tón. El informe de la empresa esconcluyente: «Dado que no hay constancia de enfrentamientosarmados en este sitio, cabe relacio-nar indudablemente estas eviden-cias localizadas con los asesinatosde vecinos de la zona por parte delas autoridades republicanas o lasmilicias».
Mientras los hombres le indicabanel camino me engarabité a la ruedadel camión. Alcé la lona y vi a mu-cha gente ‘‘matá’’. Lleno, lleno. Ha-bría 40 o 50 cadáveres, qué se yo.Bajé al suelo y en cuanto se fue elcamión me puse a llorar». Lo vuelvea hacer ahora, como un niño. 72años después. «¿‘‘Usté’’ cree que hay derecho a que un chico de 11 añosvea eso? –pregunta al periodista–. Y así no lo hubiera visto. No ‘‘me se’’olvida. Lo tengo metido aquí». Eldedo índice apunta su sien.
Arrojados al pozo
Por desgracia, es muy probableque el miliciano que conducía lacamioneta y sus dos acompañan-tes encontraran la vereda. Y elcamino a Madrid. Y llegaran pocodespués a su destino, la mina ro-mana de Las Cabezuelas, en elpueblo toledano de Camuñas. Loque allí ocurrió lo saben todos enla comarca. Uno a uno, los cuer-pos que llevaba la camionetafueron arrojados al pozo. Despuésde veinte metros de caída libre,clack, el ruido de los huesos alchocar. Y vuelta a empezar.La historia que cuenta Jesús es
Cristina Bejarano
Vivir el Domingo
 
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LA RAZÓN
 
Domingo. 25 de enero de 2009
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