CHARLES BAUDELAIRE4
Tengo una pequeña confesión que hacerle. Hoje-ando por lo menos una vigésima vez el famoso
Gaspard et la Nuit
de Aloysius Bretrand (¿acaso unlibro que conocemos usted yo y algunos amigos notiene todo el derecho a ser llamado famoso?) se meocurrió intentar algo parecido y aplicar a la de-scripción de la vida moderna -mejor dicho,
una
vidamoderna y más abstracta- el procedimiento que élaplicó a la pintura de la vida antigua, tan extraña-mente pintoresca.¿Quién no ha soñado el milagro de una prosapoética, musical, sin ritmo y sin rima, tan flexible y contrastada que pudiera adaptarse a los movimien-tos líricos del alma, a las ondulaciones de la ensoña-ción y a los sobresaltos de la conciencia?Esta obsesión nace de frecuentar las grandes ciu-dades, del entrecruzamiento de sus incontables rela-ciones. También usted, mi querido amigo, trató detraducir en
canción
el grito estridente del vidriero y deexpresar en prosa lírica sus desoladoras resonanciascuando atraviesan las altas brumas de la calle y lle-gan a las buhardillas. A decir verdad, temo que mi celo no me hayatraído felicidad. Apenas iniciado el trabajo me dicuenta de que estaba muy lejos de mi misterioso y
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