Sin dudas, si se observa la actual velocidad con la que se trasmite lainformación, de inmediato se nota que algunas lejanías escogidas se diluyen yque ciertos contenidos resultan decisivos, dado que la “producción de larealidad social”
que del acontecimiento hacen ejecutivos, tomadores dedecisión, orientadores de opinión y, en fin, los diferentes medios masivos decomunicación genera sustanciales modificaciones en nuestra percepción de larealidad a la hora de la toma de posiciones. Siguiendo el ejemplo planteado porLippmann, basta comparar si una noticia –nada menos una guerra que meenfrenta a mi vecino, colega o amigo- llega con cinco meses de retraso o casiinstantáneamente. Y aún omito por obvio todo ejemplo respecto a lo que estosignifica para el mundo de las transacciones comerciales, financieras, etc.No obstante, considero que deben tenerse más factores en cuenta si se pretendehablar de una transformación social tan radical como lo es una revolución, aunconsintiendo que ninguna revolución se ha hecho toda de golpe y a la vez. Unmundo que evoluciona a múltiples y muy disímiles velocidades, con bolsonesde rezago y extrema riqueza muy bien diferenciados aunque coexistiendo enradios de pocos kilómetros de distancia unos de otros; zonas empobrecidas,linderas a centros de excelencia, que, en el mejor de los casos, proporcionan lamano de obra no calificada para tareas de limpieza y mantenimiento,cuestionan la facilidad con la que algunos se apresuran a denominar a ésta unanueva
era
diferente o especial, dado que en otros muchos sentidos –queimplican nada menos que la producción, distribución, acceso a los bienes,incluidos los informacionales- no parece ser más que la continuación de aquellaera de desigualdades que inaugurara hace ya unos siglos el modo deproducción capitalista y que, lejos de acortar distancias entre el tope y el fondode la escala social y promover el acceso a bienes y servicios, las ha tornadoprogresivamente más acusadas.En la sección Cultura de la edición digital del diario argentino
La Nación
aparece con fecha 2/3/05
una entrevista al filósofo Michel Serres donde se lepregunta por la globalización y el papel que desempeña la ciencia en lasociedad contemporánea. Un punto de interés lo constituye la irrupcióntumultuosa de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y lasupuesta fractura que esto conlleva, tanto en lo que respecta a los vínculossociales como al ahondamiento de la brecha entre ricos y pobres. Serresresponde: “Como sucedió con la llegada de la imprenta, la Red es unaherramienta formidable para poner el conocimiento y la cultura a disposiciónde todos. Se habla de esa fractura social, pero nadie la compara con la que existeahora: esa fractura que precipita a los más pobres a la ignorancia total mientraseduca a los privilegiados en Stanford y Harvard”.Serres coloca el problema a discutir en el punto crucial de la cuestión: quéaportan las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) demanera tal de que no sea sólo conveniente sino incluso imperioso hablar de unaera diferente. ¿Pero dónde situaremos el impacto de las TIC? ¿Acaso toda supotencia se despliega principal y fundamentalmente en el ámbito de la
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Verón, E.
Construir el acontecimiento
, Gedisa, Bs. As., 1987.
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