camarote con el fin de que en los casi dos meses que podía durar la travesía,la señora estuviese debidamente instalada.Ordenó asimismo varias modificaciones en los otros camarotes para que loseventuales pasajeros se encontrasen lo más cómodos posible.El único inconveniente consistía en que la
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tenía que hacer escala enValparaíso para descargar. Por otra parte, la señora Weldon, de treinta años deedad, acostumbrada a los largos viajes, era una mujer valerosa que no temía almar. Sabía que el capitán Hull era un excelente marino y que la
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era unbarco sólido, de buena marcha.El primo Benedicto, que acompañaba a la esposa del armador, era un hombrede unos cincuenta años de edad, muy alto, delgado, de rostro huesudo ycráneo enorme, y de abundante cabellera. Tenía el aspecto de esos sabios congafas de montura de oro, buenos e inofensivos, destinados durante toda suvida a ser niños grandes. Era incapaz por sí solo de resolver cualquier asunto,ni siquiera en las circunstancias más extraordinarias. Se acomodaba a todo eincluso se olvidaba de beber y de comer si no se le hacía memoria de ello.Era muy trabajador y su única pasión la constituía la Historia Natural, aunquesólo se interesaba por el estudio de los insectos, o sea "todos los animalesarticulados cuyo cuerpo está compuesto de anillos, que forman tres segmentosdistintos y que tienen tres pares de patas, por lo que reciben el nombre dehexápodos".Esta era la ocupación del primo Benedicto, a la que dedicaba sin excepcióntodas las horas, incluso las dedicadas al descanso, pues invariablementesoñaba con esta clase de animalejos.Las mangas y solapas de su chaqueta, así como el forro de la misma y elsombrero, eran un alfiletero, y cuando volvía de una ronda científica, sucasquete, en especial, era como un museo de Historia Natural, puesto que apa-recía repleto de insectos ensartados. Esta pasión es la que le había llevado aacompañar a los señores Weldon a Nueva Zelanda, donde su colección sehabía enriquecido con varios raros ejemplares, que aseguró por una sumaconsiderable antes de embarcar.El 22 de enero, pues, la señora Weldon embarcó acompañada de su hijo Jack,el primo Benedicto y la sirvienta negra Nan.En el momento de zarpar, y cuando la señora y sus acompañantes seencontraban sobre la cubierta de la goleta, el capitán Hull le advirtió:-Debo recordarle, señora, que es bajo su exclusiva responsabilidad queembarca usted a bordo. Ya sabe que no he recibido orden expresa de sumarido y esta goleta no puede ofrecer las mismas garantías que un paquebotede pasajeros. No obstante, estoy convencido de que su marido no vacilaría enembarcar, puesto que la
Pilgrim
es una buena nave. Mi observación es paraponer a cubierto mi responsabilidad y para recordarle que no encontrará abordo las comodidades que suele tener.La señora Weldon esbozó una sonrisa y contestó:-No debe preocuparle mi comodidad, ya que este pequeño detalle no me harádesistir.El capitán, entonces, dio las órdenes oportunas, se desplegaron las velas y la
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, después de una perfecta maniobra, orientó la proa hacia la costaamericana.A los tres días de la partida y obligado por fuertes brisas del Este, la goleta tuvoque amurar a babor para resguardarse del viento.
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