JULIO VERNE4
- A mí, dijo otro convidado, la existencia me parece muyaceptable cuando no se hace nada y se tienen los medios deestar ocioso.-¡Error! Repuso el quinto comensal. La felicidad consisteen el estudio y en el trabajo. Adquirir la mayor suma posiblede conocimientos es buscar la dicha...- Y llegar a saber que en resumidas cuentas no se sabenada.-¿No es ese el principio de la sabiduría?-¿Y cuál es el fin?La sabiduría no tiene fin, respondio filosóficamente el delos anteojos. La satisfacción suprema sería tener sentidocomún.Entonces el primero de los comensales se dirigió al anfi-trión que ocupaba la cabecera de la mesa, es decir, el sitiomás malo, como lo exigen las leyes de la cortesía. El anfi-trión, indiferente y distraído, escuchaba, sin decir nada,aquella disertación
ínter pocula
.Veamos, ¿Qué piensa nuestro huésped de esas divaga-ciones entro copa y copa? ¿Encuentra la existencia buena omala? ¿Está en favor o en contra de ella?El anfitrión estaba comiendo negligentemente pepitas desandía y se contentó, por toda respuesta, con adelantar des-deñosamente los labios, como hombre quien no interesa laconversación.-¡Pse! Dijo.Ésta es la exclamación, por excelencia, de los indiferen-tes. Dice todo, y no dice nada; es propia de todas las len-guas, y debe figurar en todos los diccionarios del globo; es
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