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LAS TRIBULACIONESDE UN CHINO ENCHINAJULIO VERNE
 
LAS TRIBULACIONES DE UN CHINO EN CHINA3
CAPÍTULO PRIMERO
Donde se van conociendo poco a poco la fisonomía y lapatria de los personajes.- Sin embargo, es preciso convenir en que la, vida tienecosas buenas, dijo uno de los convidados que tenía los co-dos sobre los brazos de su asiento de respaldo de mármol yestaba chupando una raíz de nenúfar con azúcar.- Y malas también, respondía, entre dos accesos de tos,otro que había estado a punto de ahogarse con una espinade aleta de tiburón.- Seamos filósofos, dijo entonces un personaje de másedad cuya nariz sostenía un enorme par de anteojos degrandes cristales, montados sobre armadura de madera. Hoycorre el riesgo de ahogarse y mañana todo pasa como pasanlos sorbos de este suave néctar.Esta es la vida, ni más ni menos.Esto diciendo aquel epicúreo de genio acomodaticio, sebebió una copa de excelente vino tibio, cuyo ligero vapor seescapaba lentamentede una tetera metálica.
 
JULIO VERNE4
- A mí, dijo otro convidado, la existencia me parece muyaceptable cuando no se hace nada y se tienen los medios deestar ocioso.-¡Error! Repuso el quinto comensal. La felicidad consisteen el estudio y en el trabajo. Adquirir la mayor suma posiblede conocimientos es buscar la dicha...- Y llegar a saber que en resumidas cuentas no se sabenada.-¿No es ese el principio de la sabiduría?-¿Y cuál es el fin?La sabiduría no tiene fin, respondio filosóficamente el delos anteojos. La satisfacción suprema sería tener sentidocomún.Entonces el primero de los comensales se dirigió al anfi-trión que ocupaba la cabecera de la mesa, es decir, el sitiomás malo, como lo exigen las leyes de la cortesía. El anfi-trión, indiferente y distraído, escuchaba, sin decir nada,aquella disertación
ínter pocula
.Veamos, ¿Qué piensa nuestro huésped de esas divaga-ciones entro copa y copa? ¿Encuentra la existencia buena omala? ¿Está en favor o en contra de ella?El anfitrión estaba comiendo negligentemente pepitas desandía y se contentó, por toda respuesta, con adelantar des-deñosamente los labios, como hombre quien no interesa laconversación.-¡Pse! Dijo.Ésta es la exclamación, por excelencia, de los indiferen-tes. Dice todo, y no dice nada; es propia de todas las len-guas, y debe figurar en todos los diccionarios del globo; es
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