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GIORGIO VASARI.doc

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GIORGIO VASARI - Rafael de Urbino, pintor y arquitecto
 Autorretrato
Cuán generoso y benigno se muestra a veces el cielo al acumular en una sola persona lasinfinitas riquezas de sus tesoros y todas las gracias y las dotes más raras que en largo plazo suele repartir entre muchos individuos; claramente puede verse en el caso delexcelente no menos que gracioso Rafael Sanzio de Urbino, que fue dotado por lanaturaleza de toda aquella modestia y bondad que algunas veces se observa en quieneshan añadido a cierta humanidad de su temperamento gentil el adorno bellísimo de unaagraciada afabilidad, que siempre sabe mostrarse dulce y agradable con toda clase de personas y en todas las circunstancias.La naturaleza hizo don de ese hombre al mundo cuando, vencida por el arte por manode Miguel Ángel Buonarroti, quiso ser vencida en Rafael por el arte y, a la vez, por lascostumbres. En realidad, la mayor parte de los artistas que habían existido hastaentonces recibieron de la naturaleza una cierta dosis de locura y de salvajetemperamento, lo que, además de tornarlos huraños y caprichosos, había dado ocasión para que en ellos se revelara muchas veces la sombra y la obscuridad de los vicios, envez de la claridad y el esplendor de aquellas virtudes que hacen inmortales a los
 
hombres. Al contrario, en Rafael resplandecieron todas las virtudes más raras del alma,acompañadas de tanta gracia, saber, belleza, modestia y óptimas costumbres, quehubieran bastado para cubrir cualquier vicio, por grosero que fuese, y toda mancha,aunque grandísima. Puede decirse con certeza que quienes poseen tantas raras dotescomo las que se vieron en Rafael de Urbino no son simplemente hombres sino -sealícito decirlo- dioses mortales, y que quienes dejan en los anales de la fama, aquí entrenosotros, un nombre ilustre mediante sus obras, pueden también esperar que gozarán enel cielo el condigno galardón de sus esfuerzos y sus méritos. Nació Rafael en Urbino, ciudad conocidísima de Italia, en el año 1483, un ViernesSanto a las tres de la madrugada. Era hijo de Giovanni de' Santi, pintor no muyexcelente pero en cambio hombre de buen sentido y capaz de orientar a sus hijos en larecta senda que, para su mala suerte, no le había sido mostrada en su propia juventud. Ycomo sabía Giovanni cuánto importa criar a los hijos, no con la leche de las nodrizassino con la de las propias madres, quiso que Rafael -a quien puso en el bautismo estenombre, con feliz augurio- fuera alimentado por su madre, tanto más cuanto que nohabía tenido otros hijos ni los tuvo después. Y quiso que en sus tiernos años aprendiera,en su propio hogar, las buenas costumbres paternas en vez de acostumbrarse en casas devillanos y plebeyos a crianzas y modales menos gentiles y acaso toscos. Y cuandocreció empezó a ejercitarlo en la pintura, viéndolo muy inclinado a ese arte y de bellísimo ingenio. No pasaron muchos años sin que Rafael, niño aún, le prestara granayuda en las muchas obras que Giovanni realizó en el estado de Urbino. Finalmente,comprendiendo aquel padre bueno y cariñoso que su hijo poco podía adelantar a sulado, resolvió ponerlo a estudiar con Pietro Perugino quien, según le habían dicho,ocupaba el primer lugar entre los pintores de su tiempo. Fue, pues, a Perusa, mas noencontró allí a Pietro y, para poder aguardarlo con más comodidad, se puso a pintar algunas cosas en San Francisco. Cuando Pietro regresó de Roma, Giovanni, que era persona cabal y gentil, se hizo amigo suyo y cuando le pareció oportuno le expresó conla mayor habilidad su deseo. Y Pietro, que era muy cortés y se interesaba por los bellosingenios, aceptó a Rafael. Por consiguiente, Giovanni regresó muy contento a Urbino y,no sin muchas lágrimas de la madre, que amaba tiernamente al niño, llevó a Rafael aPerusa. Allí, viendo Pietro el modo de dibujar del muchacho, así como sus hermososmodales y sus buenas costumbres, formó acerca de él ese juicio favorable que más tardeconfirmó el tiempo. Es cosa notabilísima que Rafael, estudiando la manera de Pietro,llegara a imitarlo a tal punto que sus retratos no se distinguían de los originales delmaestro, de modo que no se podía determinar con certeza si las pinturas eran suyas o deRafael. Abiertamente lo demuestran aún hoy en San Francesco de Perusa algunasfiguras que pintó al óleo en una tabla para Madonna Maddalena degli Oddi, y que son
 
una Virgen que asciende al cielo y un Cristo que la corona y, debajo, en torno delsepulcro, los doce apóstoles que contemplan la gloria celestial. Al pie de la tabla, en una peana de figuras pequeñas divididas en tres composiciones, están la Anunciación, laAdoración de los Magos y la Presentación a Simeón en el Templo. Esa obra ha sidorealizada, por cierto, con extrema prolijidad y quien no fuese entendido en el estilo dePietro creería firmemente que es de su mano, cuando no cabe duda de que ha sido pintada por Rafael. Después de esta obra, Pietro volvió a Florencia por asuntos suyos yRafael, saliendo de Perusa, se trasladó con algunos amigos a Città di Castello, dondehizo, a la manera de Perugino, una tabla para Santo Agostino y un Crucifijo en SanDomenico. Si no estuviera firmada esta obra, nadie la creería de Rafael, sino de Pietro.En San Francesco, en la misma ciudad, pintó en una tablita el Casamiento de NuestraSeñora, en que se ve con claridad que se ha desarrollado el talento de Rafael y que yaestá superando la manera de Pietro, al hacerse más sutil y fino. En esta obra hay untemplo en perspectiva, realizado con tanto amor, que causa maravilla ver las dificultadesque Rafael se buscaba en tal ejercicio.Mientras conquistaba grandísima fama pintando en ese estilo, el Papa Pío II habíaencargado la decoración de la biblioteca de la catedral de Siena a Pinturicchio, el cual,siendo amigo de Rafael y sabiendo que era excelente dibujante, lo llevó a esa ciudad.Rafael le hizo algunos de los dibujos y cartones de esa obra. Pero no continuótrabajando allí porque, como algunos pintores, en Siena, celebraron con grandesalabanzas el cartón que Leonardo da Vinci había ideado para la sala del Papa, enFlorencia, representando un grupo bellísimo de jinetes, y también elogiaron unosdesnudos, mucho mejores aún, hechos por Miguel Ángel Buonarroti en competenciacon Leonardo, Rafael se sintió tan tentado de verlos, por el amor que siempre sintió por la excelencia del arte, que, abandonando la obra que estaba realizando y renunciando atoda comodidad y provecho, se fue a Florencia. Al llegar allá, le gustaron tanto laciudad como las obras que iba a ver, las cuales le parecieron divinas. Y decidióquedarse por algún tiempo. Trabó amistad con jóvenes pintores, entre los cuales estabanRidolfo Ghirlandaio y Aristotile San Gallo, y en Florencia fue muy agasajado,especialmente por Taddeo Taddei,119 que siempre quiso tenerlo en su casa y sentarlo asu mesa, pues amaba a todos los hombres de talento. Y Rafael, que era la gentilezamisma, para no quedarse atrás en cortesía, le hizo dos cuadros que tienen algo del primer estilo de Perugino y algo del que luego adoptó al desarrollarse, y que es muchomejor, como se dirá. Esos cuadros aún están en la casa de los herederos de Taddeo.Rafael fue también muy amigo de Lorenzo Nasi y como éste se casó en aquellos días, le pintó una Virgen entre cuyas piernas está el Niño, a quien San Juan infante ofrece muycontento un pajarito, con mucho regocijo y placer de uno y otro. En la actitud de ambas

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