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 El doctor Jesús Kumate nació en Mazatlán, Sinaloa, en 1924. Médico cirujano por la Escuela Médico Militar y doctor en ciencias por la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del  Instituto Politécnico Nacional, se ha desarrolla-do como catedrático e investigador especializadoen temas de infectología pediátrica e inmunología. Además de su labor académica ha desempeñadonumerosos cargos públicos: estuvo a cargo de la Secretaría de Salud entre 1988 y 1994 y en 1995 fue designado presidente del Consejo Ejecutivode la Organización Mundial de la Salud. Esmienbro de El Colegio Nacional. Entre sus publi-caciones destacan
Manual de infectología
 (1973, 2001),
La salud de los mexicanos yla medicina en México
(1977),
Salud paratodos / ¿Utopía o realidad?
(1989),
Laciencia en la Revolución francesa
(1991) e
Investigación clínica: Cenicienta y AveFénix
(1987, 1995).
n
 Las epidemias son radiografías inmejorables del estado de salud de una nación. Cuando hablode salud me reero a la sanidad pero también a la salud política, social y económica y a la solidaridad de las personas. Ahora estamos atravesando una epidemia que confronta todosestos enunciados. ¿Qué piensa usted?
En principio, es así; sin embargo, hayepidemias que no respetan el desarro-llo social, cultural y económico de unanación, como es el caso de la inuenza.Por ejemplo, la pandemia de 1918-19empezó en Estados Unidos, en marzode 1918, en Fort Riley, un campo militarde Kansas, con un soldado que manejabacarne de cerdo. En el campo enfermaronrápidamente, y después pasó a todos lossoldados americanos que iban a la guerraen Europa, casi dos millones de soldadosentre 1918 y 1919. Curiosamente, esa pri-mera onda epidémica no llamó muchola atención porque no hubo muchosmuertos, pero la segunda, que empezóen septiembre y duró hasta marzo del19, fue tan letal que se estima que murie-ron veinticinco millones de personas, nosólo en Estados Unidos y Europa sino enAsia, África y Oceanía. Luego hubo unatercera menos agresiva.Es evidente que, en general, cuandohay pandemias los pobres son los másafectados. En el
 Decamerón
Boccacciocuenta cómo diez orentinos nobles sealejan de la ciudad de Florencia, arrasa-da por la peste bubónica del siglo
xiv 
, la“peste negra” que mató a la tercera partede los europeos. Los pobres orentinosno tuvieron la misma suerte.La inuenza es un virus conforma-do por varias cepas, al menos tres, cuyareserva natural son las aves acuáticasmigratorias. Curiosamente, a pesar deque el virus es muy mutable, en ellas nomuta; se adaptaron a él, simplemente lotienen como un cuadro benigno. Paralas aves migratorias el virus es intes-tinal, y contaminan el agua donde seposan. Y no sólo el agua sino la ora y la fauna domésticas. Los cerdos, loscaballos, las aves de corral y los perroslo pueden tener; hasta las focas marinas,que contagian a las ballenas. Sobre losgatos, se discute.¿Por qué pasó a los humanos? Porcriar animales, no sólo en corral sinoen grandes grupos, como los pollos.
 La epidemia de infuenza sólo vino a sumarse a otra epidemia socialllamada miseria. Jesús Kumate, autoridad nacional en temas epidemiológicos, repasa en esta conversación los dos asuntos: el inesperado brote ineccioso, el conocido problema de la pobreza –y la corrupción.
 pobreza
Arnoldo Kraus
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Letras Libres
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Entrevista con Jesús Kumate
La enfermedad de la
 
A veces algunos criadores se conta-gian de la inuenza aviaria. Es un casoraro, y cuando ocurre es una gripe máso menos fuerte, pero benigna. Raras veces un humano contagia su inuenzaaviaria a otro humano que no estuvoen contacto con el ave. Y es todavíamás extraño que ese virus cambie demanera tal que no sólo se transmita alhumano sino que lo haga rápidamente,anunciando una pandemia, como la de1918 –aunque esa no fue aviaria sinoporcina, algo que se demostró a partirdel
adn
y el
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de cadáveres enterra-dos y congelados en Alaska.¿Por qué se ha mantenido? Porqueen muchos lugares los humanos convi- ven estrechamente con los animales. Lainuenza en los animales es intestinal yen los humanos es respiratoria; las dife-rencias se deben a cuestiones siopa-tológicas. El receptor de los virus de lainuenza tiene una estructura químicaen la que hay un ácido llamado siálico,que se liga a un azúcar de la membranade las células, por ejemplo las alfa 2-3 enlas aves, que existe en el intestino, y lasalfa 2-6, en el tubo respiratorio. El cerdotiene los dos receptores, en el intestino yen el sistema respiratorio. Es una suertede licuadora, de
mixing vessel 
, donde se juntan los dos virus.Además, los virus de la inuenzason virus de
arn
que tienen ocho genesempalmados. Entonces, cuando se juntandos virus distintos, las posibilidades de variación se elevan a la octava potencia;es decir, hay 256 posibilidades de varia-ción. La mayor parte de estas mutacio-nes no sirve; haciendo una aproximaciónmuy burda, de cien mutaciones, 95 soninestables y no prosperan. Dos o tres per-sisten, pero no aportan ninguna ventaja ala supervivencia, y una –insisto, hacien-do una simplicación muy burda– sí leotorga valor a esa nueva especie. La evo-lución es poco “económica”, pero así fun-ciona; es un proceso al azar. Esto tambiénexplica la resistencia a los antibióticos.Cuando se descubrió la penicilina, dediez mil bacterias, 9,999 eran sensiblesa ella y una era resistente. A los dos añosesta bacteria empezó a reproducirse cada veinte minutos, en lugar de cada veinteaños, como las otras, y proliferó, volvien-do inútil el uso del antibiótico. Con lamutación vírica pasa lo mismo.
 Muchas personas en México, sobre todo de lasclases bajas, consideran que mucho de lo queestá sucediendo es una invención del gobierno,no sé si usted lo ha oído. Esto es producto de unadesconanza muy añeja hacia nuestro gobierno.¿Qué opina usted de eso?
Hay epidemias que sí azotan especial-mente a los pobres, pero otras, como elsarampión, cuando no había vacuna,enfermaban tanto a hijos de pobres comoa hijos de ricos. La inuenza, como lasinfecciones del árbol respiratorio engeneral, tiene una relación inversa conel número de metros cúbicos de aire queuno respira; así, hay menos posibilidadesde contagio en una casa con tres recáma-ras que en una con un solo cuarto.Los que creen que la inuenza es unafantasía son aproximadamente el 12% delos mexicanos. Opinan que es un inventorelacionado con la visita de Obama, opara hacernos olvidar la crisis económica,etcétera. No es racional, y me da pena,porque quiere decir que el nivel de nues-tra educación está por los suelos.
Creo que desde el principio las autoridadesmédicas se movieron con celeridad y eciencia. Sin embargo, cuando reportaban las cifras, el  secretario de Salud caía, sobre todo los primerosdías, en muchas contradicciones. Me recordó el vicio de la política mexicana de no decir la ver-dad. Entiendo que no se conocía el virus, que seestaba luchando contra un enemigo desconocido y por ende no había pruebas de laboratorio paradetectar el virus, pero creo que fue un error que sembró desconanza en la población.
 Yo vi las conferencias de prensa que sehacían dos veces al día y puedo decirle varias cosas. Primero, no podíamos anti-cipar que iba a haber una epidemia deinuenza porcina. No fue sino hasta 1998que se encontró en Estados Unidos lainuenza porcina, y en mayo de ese añoapareció un artículo en que se reporta-ban once casos de virus porcino entre1998 y 2005. No estábamos acostumbra-dos a que hubiera inuenza porcina. Poreso si un niño en Perote, Veracruz, llegacon una gripe fuerte y a los cuatro díassale adelante sin ningún antiviral –por-que no es tratado con antiviral sino conantibiótico–, las autoridades no tienenpor qué sospechar nada más grave.En Estados Unidos los primeroscasos de inuenza porcina en humanosse dieron el 30 de marzo y el 1
º
de abril, enCalifornia. En ese estado, a pesar de serpor sí solo la quinta potencia industrialdel mundo, donde están cuatro de las veinte mejores universidades del mundo y unos dos mil laboratorios de primernivel, no pudieron tipicar el virus dela inuenza y tuvieron que mandarlo al
cdc
[Centers for Disease Control andPrevention]. Tardaron quince días eninformarlo, porque no es fácil dar con lasubtipicación; hay que aislar los ochogenes del virus, que tienen de novecien-tas a mil quinientas bases del genoma, y ver la coincidencia con lo que llamanel banco de genes. Sólo hay cinco labo-ratorios en el mundo que se dedican arecibir virus de la inuenza de más deciento veinte estaciones, una de ellas enMéxico. Con este nuevo virus el procesofue el siguiente: primero vieron que delos ocho antígenos que lo conforman seiseran coincidentes con la cepa porcina yaconocida, pero dos, los antígenos
na 
y
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, tenían un grado de coincidencia con virus de linaje euroasiático. Esa combi-nación de los seis habituales y los dosde distinto origen dieron el nuevo virus
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1
.¿Por qué hubo discrepancias deinformación? Cuando fue secretarioel doctor Guillermo Soberón, se inicióla descentralización de los servicios desalud. Él descentralizó diecisiete estados,sin contar el
df
. Yo no descentralicé nin-guno, y De la Fuente, Mancera y Frenktampoco. ¿Por qué? A mí me tocó, comosecretario de Salud federal, trabajar, porejemplo, con cinco secretarios de saludde Chiapas. El primero un pediatra, elsegundo un gineco-obstetra, el terceroun ortopedista, el cuarto un dentista yel quinto un sanitarista. A diferencia deldelegado del Seguro Social, nombradopor el director del
imss
, al secretario de
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Salud lo nombra el gobernador, muchas veces con el mérito exclusivo de ser suamigo. Y ante cualquier discrepanciacon el delegado del
imss
, ya sabemos aquién va apoyar el gobernador. En losestados donde no se había efectuado ladescentralización, me recibía el gober-nador y todas las autoridades militares y civiles. En los que está descentraliza-do, hablaba tan sólo con los secretariosde Salud, que actúan en muchos casosbajo la lógica de un estado mecenas quegenerosamente le “regala” a una comu-nidad indígena, por poner un ejemplo,un centro de salud. Los gobernadoresson señores de horca y cuchillo. Inclusose dice, en broma, que algunos gober-nadores priistas estarían más contentoscon un presidente panista que con unpresidente priista: así se convierten enauténticos virreyes en su territorio, y conun presidente del
pri
tienen que cum-plir al menos con cierta línea. Por eso, elprincipal problema ha sido el de la infor-mación que llega de los estados dondelos servicios de salud están descentrali-zados. Aunque ha mejorado mucho lacalidad de los servicios, la informaciónno llega con los mismos criterios, pese aque hay normas ociales mexicanas.
¿Y no hubiera sido más sano que el secretario de Salud hubiese dicho: “No tenemos los elementos,no se conoce el virus; sabemos que es virus deinuenza pero no existen ni siquiera las prue-bas virológicas de laboratorio para detectarlo”, antes de generar tanta confusión?
Él no ocultó datos. Hubo diez casos pro-bables y uno de defunción, y lo que no sedijo es que no eran defunciones proba-das como consecuencia de este virus deinuenza, pero mala fe no hubo, ni retar-do en dar a conocer la información. Enel momento en que se descubrió que eraun virus nuevo, se alertó a la población.Estados Unidos tardó dos días en dar laalerta, México uno. Puede discutirse sicerrar restoranes estuvo o no justicado,pero es algo menor.
 Durante las epidemias es muy difícil distinguir lo que yo llamaría el “punto no y adecuado”,es decir, salvar vidas, y lo exagerado, incremen-tar los problemas económicos, como ahora ha sucedido. ¿Usted piensa que se actuó bien eneste sentido?
Uno sólo puede adquirir experienciade pandemias anteriores. Teniendo encuenta esto, el secretario de Salud tomóel camino prudente. Ahora, lo bioló-gicamente prudente golpea a lo eco-nómico, porque hay que recomendarque no vayan a un partido de futbol, queno celebren el día de las madres en losrestoranes, que no vayan a las escuelas...¿Cuándo se le pasa la mano a lo pru-dente? Eso ya es cosa de visión política y económica.Tengo un artículo de 1919 de la Aca-demia de San Carlos de Medicina acercade la pandemia de 1918-19 en México, y reeja exactamente el mismo miedo,los enfermos saturando los hospitales...Esta pandemia no es como la de 1918, niha habido muertes fulminantes en vein-ticuatro horas, ni formas hemorrágicas,de manera que, a juzgar por esta primeraonda, parece ser que se le logró contener.Sin embargo, puede ser que repunte conel regreso de los niños a la escuela, por-que la inuenza tiene un periodo hastade cuatro días de incubación. Si hay algoimpredecible en epidemiología son laspandemias de inuenza.
 En Estados Unidos, con más casos conrmadosque nosotros, no se connó a los niños a lascasas ni se cerraron las escuelas. ¿Piensa que fue adecuada esa medida?
Una enfermera estadounidense tieneuna residencia con jardín y dos coches enel garaje, tiene un sueldo que le permiteotro nivel educativo. La posibilidad decontagio interhumano es distinto en unaolla como es el Valle de México, de milquinientos kilómetros cuadrados, con veintiún millones de habitantes. Unacasa con jardín, ¿quién la tiene? Muypoca gente.
Otra cosa es que se ha politizado la enfermedad. Marcelo Ebrard, en el Distrito Federal, hatomado acciones muy diferentes a las del restode la nación, como cerrar restaurantes.
Déjeme contarle esto. En enero de1976, cuando Estados Unidos estaba enla guerra de Vietnam y se reclutaba amuchos jóvenes, se dio en el Fuerte Dix,en Nueva Jersey, un brote de epidemiade inuenza porcina. De cinco enfermosmurió uno, y cuando se hizo el estudiose dieron cuenta de que 230 se habíaninfectado pero no se habían enferma-do. Los epidemiólogos de la inuenzaarman cada diez años que ahora sí vaa venir el gran brote, la gran pandemia.Después de dos pandemias no tan gra- ves como la de 1918-19 –una en 1956, la“gripe asiática”, y otra en 1968, la “gripeHong Kong”, que ocasionaron respecti- vamente un millón y cuatro millones demuertos–, en 1976 dijeron que esa vez sí venía la gran pandemia. Ese mismo añoapareció una neumonía rara en algunos veteranos de guerra de Estados Unidosasociados en la Legión Americana; porello se le llamó la “enfermedad de loslegionarios”. El hecho es que en agostoo septiembre de ese año el presidenteGerald Ford anunció que los americanosmayores de cincuenta años iban a recibirla vacuna de la inuenza, por consejo delas eminencias sanitarias. Se comenzóa vacunar en octubre y a mediados denoviembre se paró: muchos mayores de65 años tuvieron una complicación quese llama síndrome de Guillain-Barré.Pues bien, tuve oportunidad de cono-cer a Gerald Ford siendo yo secretariode Salud, en 1994, cuando vino con suesposa Betty a abrir una sucursal de laFundación Betty Ford para la desintoxi-cación del alcoholismo en Mazatlán. Lepregunté si el haber anunciado una vacu-na y haberla detenido había tenido con-secuencias políticas, y él, disculpándosepor los efectos indeseables, dijo que sí.En lugar de verse como un benefactor,un estadista que había visto a tiempo lascosas, asustó a la población en vano yprovocó un problema de salud a varioscentenares de americanos, y obviamenteeso tuvo costo político: entre otras cosas, Jimmy Carter le ganó la elección. En elcaso mexicano, lo que hizo Ebrard noestá mal desde el punto de vista de laasepsia y desde el punto de vista político y de sus pretensiones presidenciales –oeso cree él.
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