Lash, Scott (2005)
Crítica de la información
, Buenos Aires, Amorrortu.
2. Formas tecnológicas de vidaFormas de vida
Pensamos con tanta naturalidad en términos de la noción de «formas de vida» que esdifícil distanciarse de ella. Ludwig Wittgenstein transformó este concepto en monedacorriente en una serie de disciplinas. Tanto en la conversación académica como en lacharla cotidiana hablamos sin cesar de vida y formas de vida. Hablamos de «ciencias dela
vida
» y los psicólogos examinan el «curso de la
vida
»; organizamos nuestra identidaden términos de «historias de
vida
». «Llevamos» tal o cual vida. Los filósofos políticosse refieren a la «vida buena»; los biólogos moleculares, a la «vida artificial». En losdebates sobre el aborto, los conservadores no se dicen a favor de Dios o Cristo, sino«pro-vida». Hablamos de estilos de vida y, con una acepción bastante diferente, del«sentido de la vida». Nos preguntamos si hay forma de vida en tal o cual planeta, tal ocual desierto, en el fondo de tal o cual océano. Estamos obsesionados con la vida y lo
orgánico
. Nos preocupamos por la alteración de lo orgánico en los alimentosgenéticamente modificados. Si pueden darse en lujo, los progresistas de clase mediacompran en la sección
orgánica
de nuestros supermercados. Otros progresistas menosadinerados podrán aspirar a una medicina
orgánica
, holista. Y los conservadoresconsiderarán la nación como un todo
orgánico
: un organismo.Así, nos topamos con mucho palabrerío y preocupaciones sobre la «vida». La «vida»,sin embargo, es diferente de las «
formas
de vida». ¿Qué podrán ser estas? Una forma devida«modo de vida», una manera de hacer cosas. Una cultura en el sentidoantropológico y cotidiano, es una forma de vida, una manera de hacer cosas. Por esoalgunos ven en el
multi
culturalismo, que promueve una pluralidad deformas de vida,una amenaza a la integridad de la cultura francesa o británica. alemana o austríaca. Yuna amenaza al «modo de vida norteamericano». Las formas de vida incluyen por una parte las naturales o biológicas y, por otra, las sociales o culturales.Pensamos con tanta naturalidad en términos de «vida» y formas de vida que es extrañoconsiderar que no siempre fue así. En
Las palabras y las cosas
, Michel Foucault (1966)señaló que recién empezamos a entender la naturaleza y la sociedad en términos de«vida» durante la modernidad, los siglos XIX y XX. Antes considerábamos las cosas enfunción de las «clasificaciones». De allí que, con referencia al mundo natural, hubieraun predominio de la historia natural, cuyaidea era clasificar las cosas naturales engéneros y especies.En lo concerniente a la cultura y el estudio del lenguaje, laintención era usar las categorías de clasificación de la gramática. En la cienciaeconómica premoderna existía el mercantilismo, el «análisis de las riquezas», en el cuallas cosas también se clasificaban por palabras. Pero donde antaño hubo unaclasificación, en la modernidad decimonónica están la « y el organismo. En las cienciasde la vida ya no hay primordialmente una clasificación anatómica y en géneros yespecies; el organismo -el organismo viviente y sus funciones- pasa a ser el campo deestudio de la biología moderna. En el lenguaje ya no predomina una clasificaciónconforme a los elementos de la gramática. Se impone ahora el estudio filológico de loslenguajes naturales, que examina una lengua como un organismo vivo en la raíz de unacultura nacional. En la economía, se pasa de los principios de clasificación del antiguomercantilismo a la economía política moderna y la teoría laboral del valor de Ricardo yMarx. En este caso, la economía es un organismo cuyo corazón es el trabajo. La apuesta
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