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garzón díaz. conciencia de la muerte en homero

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PSICOLOGIA Y CONCIENCIA DE LA
MUERTE EN HOMERO
julián Garzón Díaz
Facultad de
Generalidades
Homero supo representar al hombre en su complejidad psicológica y so-
mática, de urta forma semejante a la que algurtos autores moderrtos los presen-
tan (v. g. J. M. Cabodevilla,
La impaciencia de fob, B.A.C.,
Madrid 1967 pág. 68:
qué consiste el hombre? :En saber?
n amar?
n sufrir? Sufre incluso el
roble hendido por el rayo. Pero... sólo el hombre hace problema de su sufrimiento.)
El sufr
ŭ
niento es elemento imprescindible de la vida del hombre. Este
aspecto puede resurr
ŭ
rse en lo siguiente:
Vivir para sufrir y sufrir para vivir.
Pero ante el momento de la muerte,
ulué
sucede?
Homero ha sabido diferenciar con relativa claridad, dentro de la com-
plejidad humana, los dos aspectos totalmente diversos que entrecruzan y
form.an al hombre:
El fisico y el psiquico
(a veces, no obstante, al referirnos a
este aspecto todavía debemos ser cautos). Para
elamente, a cada elemento
irttegrante de esta dualidad le ha atribuído su parte de dolor, es decir: El
cuerpo es la
ŭ
nica parte capaz de recibir golpes, heridas, muerte:
sólo el
cuerpo muere.
(También encontramos que el hombre recibe en lo máS pro-fundo de su alma fuertes golpes y profundas heridas, que no son mortales,
pero que permiten y hacen que el hombre sea hornbre y que sea consciente
de ello, esto está ausente en el mundo de los dioses.)
Por otra parte, Homero usa un vocabulario propio y particular para
describir el dolor, tanto físico como pquico, alcanzando su punto culmi-nante en el momento de la muerte, con sus distintas facetas. Usa o se sirve
9
 
Memorias de Historia Antigua XIII-XIV
de un vocabulario repleto de variedades y, a veces, exclusivas para descri-
birnos este momento, ya de form.a consciente o inconsciente, ya que muchos
términos se entremezclan con sentidos muy diversos, inc.luso antagónicos.El destino del hombre, después de la muerte, no fue ruu-tca fijado concerteza por la religión popular griega. Puede pensarse incluso que casi no se
ha preocupado de ello, y tanto si se trata de las creencias del "com
ŭ
n" de
los mortales, como si se trata de la fe de los iniciados en los misterios, el
problema de la muerte va uni.do al aspecto terrestre de la religión, que pre-cisamente desplaza el carácter celestial de la religión oficial. De esta forma,
toda solución al problema de la muerte depende de la concepción que setenga de la naturaleza del alma. En Homero, el alma es el soplo vital que
anima al hombre vivo y que después de su muerte (como veremos des-
pués), se convierte ert su doble:
Su viva imagen,
formado de materia impal-pable, que conserva las apariencias corporales del difunto. Es radicalmentediferente del cuerpo, pero para separarle de él, se hace separar a éste, que-
mándolo ritualmente (forma com
ŭ
n en el mundo homérico). Si se descui-dan los ritos funerarios, el alma perm.anecerá errante en torrto a la tumba,
desgraciada y descontenta; volverá a atormentar a los vivos y será para
ellos motivo de espanto.
El
"Más
Allá" homérico, cuya concepción sobrevivirá mucho tiernpo,no presenta el partoram.a de una inmortalidad dichosa, no es un estimulante
para la acción humana. Es la más pobre expresión del deseo humano de
eterr
ŭ
dad (tal vez es peor que la nada, al menos más tétrica). A lo que el hé-
roe (caso de los grandes personajes homéricos) concede importancia es a
aquellos
sucedáneos
de inmortalidad, que representan la posesión de una
posteridad carnal y la adquisición de una
gloria
que perpet
ŭ
e su nombre en
la memoria de los hombres. Cierto es que Homero, como harán autores pos-
teriores, como Hesiodo, Pindaro, etc., se hace eco de las creencias pre-ho-
méricas, que aunque relegadas a segundo plano, recobrarán pleno vigor.
Sólo en los Campos Eliseos (lugar para ciertos hombres privilegiados), en la
plenitud de su integridad espiritual y física, gozan tales de una vida di-
chosa que les convierte en algo semejante a los dioses.
Psicología de la muerte en Homero
El impulso a vencer obstáculos, el é)dto conseguido en la lucha contra
la frustración, los acontecirr
ŭ
entos de amplia proyección históricia, la pre-
10
 
Julián Garzón Díaz
sión insistente, que, aunque débil, nunca muere, la necesidad de satisfac-
ción de esta necesidad, como urt pre-requisito para el desarrollo completo
de las potencialidades humanas, su aparición espontánea en la temprana
historia del individuo, todos estos datos apuntan a una necesidad cognosci-tiva dentro del marco de las necesidades básicas, acentuándose mucho ante
el hecho definitivo e irreversible de la muerte.
Hay que tener presente que el hombre de las religiones de la natura-leza, como el de las grandes y milenarias culturas orientales, es ajeno a la
concepción del tiempo que hoy resulta connatural en Occidente. Vive some-
tido al ritmo recurrente de los procesos de la naturaleza (día y noche, ve-rano e invierno, nacimiento y muerte...), comprende su tiempo como in-
merso en el mismo ritmo inexorable.
Cuando la vida es la surna de todos los bienes, la muerte sólo puede
ser compendio de todas las desgracias, como ya se demuestra en el co-
mienzo de todas las culturas. El mismo dinamismo que es propio de la rea-
lidad
vida,
lo es también de la realidad
muerte.
Así, la enfermedad, la des-
gracia, la debilidad, el sueño, son situaciones existentes fluidas, forrrtas inci-
pientes de la muerte.
Ahora bien, en la literatura griega arcaica, encontramos reiteradas ve-
ces los sig-uientes conceptos:
1.-
La muerte es el fin del hombre entero (aunque sobreviva el
alma).
2.-
La muerte es la posibilidad por excelencia del hombre; es la
ŭ
nica
certeza ineludible que posee acerca de su futuro.
3.-
La muerte goza de una constante presencia ert la vida (su sombra
se proyecta sobre el entero curso de la vida y con más intensidad
aparece en la épica homérica).
Experiencia o consciencia de la muerte?
Comoquiera que la muerte es una experiencia final, se comprende
que la experiencia de la muerte, al menos en la literatura y la filosofía exis-tencial, es infrecuente. Tenemos que distinguir, antes de entrar plenamente
en
la materia, dos niveles: El nivel del entender o de la consciencia y el nivel
de la experiencia. En la literatura
sólo encontramos expectativa ante la muerte,
disimulada bajo la forma de racionalizaciones impersonales, pero nunca en-
contramos urta c.lara experiencia de algo que sólo se puede imaginar comoun entender de y desde lo vivido.
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